Santiago. Las elecciones en las federaciones estudiantiles de las dos principales universidades de Chile perfilan el proceso de recambio de líderes del movimiento, que enfrentará en 2013 un año decisivo para hacer prevalecer sus demandas en medio de los comicios por la presidencia del país.

Los estudiantes de la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica, las más grandes y de mayor tradición del país, comenzaron sus procesos para elegir las directivas de sus federaciones.

Quienes resulten electos asumirán el papel de voceros y líderes ante el país del movimiento estudiantil.

La Universidad Católica efectuó una primera vuelta electoral los días 23 y 24 de octubre, pero ninguna lista obtuvo la mayoría y está convocada una segunda consulta con las dos fórmulas más votadas el 7 y 8 de noviembre.

Los competidores serán la facción de izquierda Nueva Acción Universitaria (NAU), que lleva dos años al frente de la federación de estudiantes de la casa de estudios, donde asisten los hijos de la elite chilena y de profunda raigambre conservadora.

Quienes ganen estas elecciones serán los líderes del movimiento estudiantil, que plantea para el año 2013 su mayor desafío al tratar de poner sus demandas en el debate de las elecciones presidenciales.

Sus contrincantes conforman un grupo integrista católico llamado Solidaridad, de claras tendencias derechistas, incluso, tildado de ultra-derecha por algunos medios locales.

El NAU lideró la votación con 30 por ciento de los votos, seguido por Solidaridad con 25 por ciento, dejando atrás a la lista "gremialista", una antigua organización que dio origen al partido político oficialista Unión Demócrata Independiente (UDI).

El candidato del NAU, Diego Vela, aspira a suceder a los líderes de las movilizaciones estudiantiles, Giorgio Jackson y Noam Titelman, el rostro de las protestas que desde el año 2011 han demandado mejoras al sistema educacional chileno, al que acusan de injusto y segregacionista.

A su vez, la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile comenzó su período de campañas para las elecciones del 12 y el 23 de noviembre próximo, donde dos listas de izquierda se perfilan con reales posibilidades.

La Universidad de Chile, la primera institución del Estado y de naturaleza laica, y donde ha estudiado la mayoría de los presidentes y líderes intelectuales del país, siempre ha sido un reducto de la izquierda más dura.

El Partido Comunista lleva a Rebeca Gaete como candidata, tratando de revivir el liderazgo de Camila Vallejo, también presidenta y vocera de los estudiantes, que ahora termina sus estudios.

Mientras, la Izquierda Autónoma, que dirige la federación con Gabriel Boric, lleva en esta oportunidad a Andrés Fielbaum encabezando su lista.

Quienes ganen estas elecciones serán los líderes del movimiento estudiantil, que plantea para el año 2013 su mayor desafío al tratar de poner sus demandas en el debate de las elecciones presidenciales.

Al menos, la mayor parte de la ciudadanía ya comparte sus planteamientos y el tema de la educación aparece como el segundo de importancia para el país, luego de la superación de la pobreza.

La duda cae en la Universidad Católica, donde un triunfo de Solidaridad crearía incertidumbre en la participación de este centro de estudios. El grupo es partidario de mejorar la educación, pero no de las protestas.

El resto de las Universidades de Chile, 23 públicas y ocho privadas, que participan en el movimiento estudiantil, como centros de alumnos de los estudiantes secundarios, efectuarán elecciones en noviembre.

En la mayoría de esas casas de estudio la izquierda más dura y grupos fuera de los partidos políticos destaca en las directivas.

Los Partidos Comunista y Socialista intentarán recuperar sus espacios para conducir a los estudiantes.

Estos nuevos dirigentes deberán replantear el movimiento, puesto que la violencia desatada en las manifestaciones de este año provocó una baja sostenida de participación y rechazo a sus métodos de parte de la ciudadanía, que respalda sus demandas.

El conflicto estudiantil chileno podría extenderse por tercer año, continuando sus exigencias de "una educación pública, gratuita y de calidad para todos".