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Chile: protestas estudiantiles desatan temores de Sebastián Piñera por estabilidad democrática
Miércoles, Noviembre 2, 2011 - 07:08

A tal extremo ha llegado la preocupación del presidente chileno que, en una reunión el pasado 21 de octubre con directores de revistas, reiteró su temor a que “el epílogo de su gobierno sea el mismo que tuvo la Unidad Popular” (la coalición de izquierda que lideraba el derrocado presidente socialista Salvador Allende en septiembre de 1973).

Movilizados con masivas marchas y tomas de establecimientos educativos desde hace seis meses por una educación pública gratuita y de calidad y una educación privada sin fines de lucro, los estudiantes universitarios y secundarios han provocado la dimisión de un ministro de Educación, el excandidato presidencial de la pinochetista Unión Demócrata Independiente (UDI), Joaquín Lavín; han gatillado una reciente y grave crisis entre el Ejecutivo y el Congreso, y mantienen al presidente Sebastián Piñera, del partido derechista Renovación Nacional (RN), con el índice de popularidad más bajo de un primer mandatario chileno en los 21 años desde el retorno a la democracia: 27%, según Adimark.

A tal extremo ha llegado la preocupación de Piñera que, en una reunión el pasado 21 de octubre con directores de revistas, reiteró su temor a que “el epílogo de su gobierno sea el mismo que tuvo la Unidad Popular” (la coalición de izquierda que lideraba el derrocado presidente socialista Salvador Allende).

Así lo reprodujo el viernes 28 en su editorial el periodista Manuel Cabieses, director de Punto Final y quien asistió a ese desayuno.

El presidente lo había advertido a viva voz el 18 de agosto, luego de un día de paro estudiantil: “El camino de las piedras, de la violencia y de las bombas molotov ya lo conocimos en el pasado y nos llevó al quiebre de la democracia, a la pérdida de la sana convivencia, y tuvo muchas otras consecuencias”. Ese alarmista (o provocador) discurso de agosto fue respondido por el presidente del Senado, Guido Girardi (del opositor Partido por la Democracia, PPD): “Criminalizar al movimiento estudiantil y hacer de su demanda algo violento no ayuda en nada a construir un diálogo”, dijo.

También reaccionó el senador Hernán Larraín (UDI, de la coalición gobernante): “No hay ninguna inquietud que tenga que ver con gobernabilidad o quiebre democrático. Creo que eso está lejos de la mente de los chilenos y mucho más de las posibilidades de que eso ocurriera”. Y el ministro de Economía, el también UDI Pablo Longueira: “No sé cómo de la noche a la mañana un país que es una estrellita en Latinoamérica y en el mundo, algunos lo quieren convertir en un país que está en una situación de caos, y yo no me siento en ese país”. Días después Longueira agregó: “Quiero ser honesto, si yo tuviera esa realidad (no poder pagar la educación de sus hijos) yo marcho, y esto es lo que debemos cambiar en Chile. Esto debimos cambiarlo hace mucho tiempo”.

Pese a ello, Piñera volvió con la cantaleta. ¿Realmente teme un golpe militar? A ojo de buen cubero, este discurso corresponde a lo que en lógica se denomina ‘falacia ad baculum’, es decir, una bravata. Lo peligroso es que hay subalternos que se la pueden tomar en serio, como el alcalde UDI de Santiago, Pablo Zalaquett: “Si ven que este cuento está a un nivel de alto riesgo, muy sencillo: tendrán que ver si con las fuerzas policiales alcanza. Si no, tendrán que pedir ayuda a las Fuerzas Armadas”.

Una actitud semejante ha mostrado el exagente de la DINA (policía secreta de Pinochet) y exministro del dictador, el coronel retirado y alcalde de la comuna de Providencia, Cristián Labbé.

Cabe aclarar que la educación primaria y secundaria fue municipalizada por Pinochet y la “desmunicipalización” es parte del petitorio estudiantil.

Más allá de las palabras (con un ejército constitucionalista, no deliberante y dedicado a sus labores profesionales) Piñera se enfrenta a una movilización estudiantil que se va haciendo cada vez más ciudadana, y con detractores en su propia coalición y gabinete.

En este ajedrez, si no quiere jaque mate (abdicar, sin que ello represente un quiebre institucional), debe abrirse a negociar el fondo del asunto.

Autores

ELESPECTADOR.COM