Davos, Suiza, EFE.  La presidenta costarricense, Laura Chinchilla, afirmó este miércoles que Costa Rica es "un país conservador" y que las políticas adoptadas por su gobierno en materia social están "muy alineadas con el pensamiento general de la población".

"Mayoritariamente, los costarricenses están en contra del aborto, mayoritariamente protegen el matrimonio en su concepción más tradicional de familia", dijo Chinchilla en una entrevista con Efe en la ciudad suiza de Davos, donde participa en el Foro Económico Mundial.

La mandataria centroamericana defendió sus políticas sociales y aseguró que su agenda en materia de igualdad de género "ha sido muy avanzada", con la única controversia de la ley del aborto, que lo permite únicamente en caso de riesgo para la salud de la mujer.

"Esta es la posición ampliamente compartida por muchos de los países de la región", argumentó la presidenta.

En materia de derechos de las parejas del mismo sexo, Chinchilla aseguró que ha abogado por ellos, "no en la figura del matrimonio, pero si en otras leyes que se han venido discutiendo", y consideró que hay colectivos "que quisieran ir más allá, no de lo que tenemos ahora, sino de lo que tienen otros países".

No obstante, reconoció que este "es un movimiento que va para adelante" y señaló que "tarde o temprano, Costa Rica se estará pronunciando sobre estos temas".

Chinchilla negó que sus posiciones en estos temas estén detrás de la fuerte caída de su gobierno en el nivel de aceptación ciudadana, apuntando a otras cuestiones como el fallido proyecto de reforma tributaria y a la incertidumbre que provoca en los costarricenses la crisis económicas de importante socios como EE.UU. y Europa.

"Hubo un desgaste muy grande con la discusión y el impulso que el gobierno le dio a una reforma tributaria sumamente ambiciosa, debo reconocerlo. Quizá fallamos en explicar a la población la importancia de esta reforma tributaria muy progresiva en su formulación, muy amplia y ambiciosa en cuanto a los montos de recaudación", afirmó.

"El sistema de toma de decisiones en Costa Rica es relativamente lento en el plano legislativo. Estuvimos 18 meses tratando de defender eso y nos pasó una factura muy grande", agregó.

El otro componente, explicó, es que "Costa Rica es un país muy integrado al mundo, muy informado".

"No hay la menor duda de que al costarricense, a pesar de que la economía va bien, los eventos internacionales le generan desconfianza e incertidumbre y eso es lo que todavía prevalece, sobre todo en algunos sectores productivos del país", dijo.

La presidenta costarricense está en Davos, entre otras cosas, para defender la candidatura de su ministra de Comercio, Anabel González, a la dirección general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que deja vacante en agosto Pascal Lamy.

Con este objetivo celebró numerosos encuentros bilaterales en los que la presidenta percibió "un ambiente más positivo, considerando que son nueve los candidatos y que dentro de América Latina hay una fuerte competencia".

Chinchilla destacó que "hay un reconocimiento de Costa Rica, pese a ser un país pequeño" y que Anabel González "tiene un alto reconocimiento en el escenario internacional y especialmente en todo lo que tiene que ver con la evolución de la OMC".

El país centroamericano presenta en los últimos años una envidiable salud macroeconómica, con niveles récord de exportaciones y una tasa de crecimiento del PIB del 5 %, pero Chinchilla rechazó la complacencia, considerando que hay que dar un salto de calidad.

"Costa Rica tiene que moverse en competitividad hacia otro nivel. Tenemos retos mucho más complejos y ya no basta con decir que tenemos una economía abierta y tratados de libre comercio", indicó.

En materia de seguridad, destacó que "hay mejoras, pero no podemos bajar la guardia", y defendió "una política de fortalecimiento de nuestra institucionalidad, de una institucionalidad más transparente" para combatir fenómenos como el narcotráfico, que tiene en Costa Rica una de sus rutas.

Chinchilla respalda el llamamiento del presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, de abrir el debate a nuevos escenarios en la lucha contra las drogas y favorece un esquema de despenalización de algunas manifestaciones del consumo de determinadas sustancias.

La presidenta explicó que en la actualidad "hay dos escenarios disonantes", por un lado "la persecución de las drogas suaves en nuestros países y por otro la legalización de esas drogas en algunos Estados de los EEUU para efectos recreativos".

"Estamos perdiendo la autoridad moral quienes seguimos persiguiendo a los campesinos que cultivan marihuana, a veces por razones de subsistencia, cuando en los mercados consumidores están liberalizando el uso de esas drogas", denunció.