San José. La conservadora Laura Chinchilla asumió este sábado como la primera presidenta de Costa Rica, en una gestión que busca seguir con políticas del Gobierno saliente como la promoción del libre comercio, además de poner énfasis en el combate al narcotráfico.

Chinchilla, de 51 años, capitalizó su experiencia como ex vicepresidenta y ex ministra de Seguridad Pública, así como sus cercanos lazos con el popular mandatario saliente Oscar Arias para obtener un claro triunfo en las elecciones presidenciales de febrero.

La nueva presidenta, casada y con un hijo, prometió en su campaña seguir con la política de Arias para impulsar tratados de libre comercio.

Chinchilla ha dicho que su gobierno pondrá como prioridad lograr acuerdos comerciales con la Unión Europea, China y otras naciones asiáticas.

En su discurso de asunción este sábado, en el parque La Sabana de la capital costarricense, la mandataria ofreció luchar con firmeza contra delincuentes y traficantes de drogas tras haber prometido en su campaña más fondos contra la inseguridad y establecer un zar antidrogas.

"Trabajaremos en equipo por una Costa Rica más segura y más tranquila, con mayor y mejor presencia policial, con una más depurada cultura de la legalidad", dijo Chinchilla.

"Trabajaremos por una Costa Rica más próspera y competitiva”, enfatizó.

La mandataria también prometió "servir con humildad, honestidad y firmeza" durante sus cuatro años de gestión, y que su gobierno "se esforzará por ser de todos y todas".

Igualmente, aseguró que trabajará "por una Costa Rica próspera y verde, lo próspero compartido por todos, lo verde, protegido por todos”.

Estabilidad. Sin fuerzas militares, Costa Rica, que a diferencia de sus vecinos regionales ha evitado conflictos armados, es renombrado como un oasis de estabilidad en la turbulenta e insegura Centroamérica, pero ha ido en aumento el uso de su territorio para el tráfico de drogas por parte de cárteles.

Arias, quien dejó la presidencia tras haber encabezado dos gobiernos en Costa Rica, dijo en febrero en una entrevista con Reuters que dejaría la política una vez que asumiera Chinchilla, poniendo fin a una carrera de 40 años que lo hizo uno de los estadistas más respetables de Latinoamérica.

El ex presidente fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz en 1987 por su ayuda para acabar con los conflictos armados en Centroamérica, pero se topó con la pared en la crisis política en Honduras, en su intento por calmar las aguas luego del derrocamiento del presidente Manuel Zelaya.