Guayaquil, Ecuador. El Papa Francisco celebró el lunes una misa ante cientos de miles de emocionados ecuatorianos que se congregaron en la ciudad de Guayaquil para escuchar su mensaje sobre la familia, y sugirió que se buscarán formas de llegar a los católicos que se sienten excluidos por la Iglesia en un sínodo este año.

Después de su arribo el domingo a la capital ecuatoriana, Francisco, de 78 años, viajó a Guayaquil para visitar el santuario de la Divina Misericordia antes de celebrar la misa.

Fiel a su estilo humilde, el Papa se trasladó del aeropuerto de la ciudad costera en un pequeño Fiat plateado que llevaba las placas "SCV 1", abreviatura de Stato della Citta del Vaticano, o Estado de la Ciudad del Vaticano. Decenas de miles se apostaron en el camino para tratar de tocar el auto y lanzarle pétalos.

Luego se subió a un Jeep descubierto para llegar al escenario del parque donde celebró la primera misa de su gira por Sudamérica ante unas 800.000 personas, según cálculos de las autoridades. Muchos de ellos lo habían esperado acampando desde la noche anterior, cantando y orando.

"He venido a este encuentro espiritual y a pedir que el Papa me sane porque tengo cáncer, yo sé que con la gracia de Dios estoy aquí", dijo Franklin Borbor, de 48 años, quien pese a su enfermedad viajó por más de cinco horas para ocupar un lugar en el parque.

El eje central de la homilía del Papa argentino fue la familia, a la que consideró "la gran riqueza social que otras instituciones no pueden sustituir, que debe ser ayudada y potenciada". Francisco hizo hincapié en la solidaridad con los mayores, los desempleados y los que atraviesan problemas.

El tema de la familia será discutido en un sínodo, una reunión de obispos en el Vaticano en octubre que durará un mes.

Se espera que en la reunión se debatan las formas de llegar a los católicos que se han divorciado y vuelto a casar fuera de la Iglesia, que bajo las reglas de la institución no pueden recibir la comunión a menos que se abstengan de las relaciones sexuales. También se tratarían las maneras de abordar a los católicos homosexuales.

Los cambios en el enfoque de estos temas son muy resistidos por los obispos conservadores.

"La Iglesia celebrará el Sínodo Ordinario dedicado a la familia, para madurar un verdadero discernimiento espiritual y encontrar soluciones concretas a las muchas dificultades e importantes desafíos que la familia hoy debe afrontar", dijo el Papa en la misa.

"Los invito a intensificar su oración por esta intención, para que aún aquello que nos parezca impuro (...), nos escandalice o espanta, Dios (...) lo pueda transformar en milagro. La familia hoy necesita de este milagro", agregó.

Cuando se le preguntó sobre ese pasaje al portavoz del Vaticano dijo que el Sumo Pontífice no se estaba refiriendo a controversias específicas, pero que buscaba que el sínodo hallara formas de "ayudar a la gente a moverse de una situación de pecado a una situación de gracia".

Visitando viejos amigos. Después de la misa, Francisco se iba a reunir con colegas jesuitas. El Papa almorzará con uno de sus amigos, el sacerdote español Francisco Cortés, conocido como el padre "Paquito", a quien no ve desde hace tres décadas.

"Lo primero que le quiero preguntar es por qué se acordó de mí (...) Son 30 años que no lo veo", dijo Cortés, de 91 años, a un medio local al narrar que el ahora Papa Jorge Bergoglio era entonces rector de un colegio argentino y se hospedó con sus alumnos en el colegio Javier para hacer servicio comunitario.

La visita a Guayaquil tiene un significado adicional. La ciudad costera ha sido epicentro de protestas contra el Gobierno durante las últimas semanas, donde muchos salieron a las calles para manifestarse en contra de planeados aumentos impositivos y para acusar al presidente Rafael Correa de autoritarismo.

Correa acusa a sus opositores de querer opacar la visita del Papa y asegura que sus reformas sólo afectan a las clases más acomodadas y buscan distribuir mejor la riqueza.

Los críticos del presidente suspendieron las protestas por el viaje del Sumo Pontífice, pero algunos abuchearon el domingo a funcionarios que acompañaban la caravana papal.

Al llegar a Ecuador, Francisco exhortó al diálogo y a valorar las diferencias para que los progresos sociales lleguen a todos los ecuatorianos.

"Esto es una bendición divina que venga el Santo Padre a pacificar las aguas que están turbulentas en este momento, a veces por la incomprensión de los mandatarios, que no miden las consecuencias", dijo José Paldarreaga, un empleado de 64 años.

En Guayaquil, Francisco también visitó el Santuario de la Divina Misericordia, donde estuvo unos minutos orando en silencio frente al altar para luego dar la bendición con su característico sentido del humor.

"Les doy la bendición (...) No les voy a cobrar nada, pero les pido por favor que recen por mí. ¿Me lo prometen?", dijo.

Su visita ha atraído a devotos de Colombia y Perú, que llegaban por aire y tierra para participar de los encuentros.

"Venimos a pedir a Dios tolerancia y que mi país (Colombia) encuentre esa paz tan deseada por nosotros", dijo Filiberto Rojas, un comerciante de 38 años, quien arribó a Quito la noche del sábado vía terrestre procedente de Bogotá, aludiendo a las negociaciones que mantiene el Gobierno colombiano con la guerrilla para superar un viejo conflicto armado interno.

Después de Ecuador, el Papa seguirá su gira por Bolivia y Paraguay. Está previsto que lleve un mensaje de esperanza a presos, indígenas y campesinos tras el pronunciamiento papal más controvertido en medio siglo: un exhorto en una encíclica a defender a los pobres y el medioambiente.

Francisco había visitado Brasil en el 2013 en reemplazo de su predecesor Benedicto después de su repentina renuncia. Pero como eligió a estos tres países sudamericanos para esta gira, asesores del Vaticano aseguran que su viaje a Latinoamérica es un "regreso a casa".