Ciudad de Guatemala. El militar derechista Otto Pérez Molina ganaba por amplio margen las elecciones presidenciales de este domingo en Guatemala, lo que significaría un viraje a la derecha para el país centroamericano castigado por la violencia y la pobreza.

Pérez Molina, del Partido Patriota, contaba con 55,83% de los votos cuando se habían contabilizado el 67,63% del total de los sufragios, según datos del Tribunal Supremo Electoral (TSE).

Su rival, el diputado centrista Manuel Baldizón -candidato del Partido Libertad Democrático Renovada (Líder)- tenía un 44,17% de votos,

Ambos debieron ir a una segunda ronda luego de que en la primera, realizada en septiembre, ninguno obtuvo un 50 por ciento más uno de los votos válidos que exige la ley para convertirse en presidente.

Pérez Molina, quien en el 2007 perdió en segunda ronda con el actual mandatario centroizquierdista Alvaro Colom, ganó terreno en una población harta de la rampante delincuencia que coloca a Guatemala como uno de los países de América con la mayor tasa de homicidios, con 41 casos cada 100.000 habitantes.

El militar, un hombre alto, canoso y serio de 60 años, quiere fortalecer el Ejército con 2.500 nuevos efectivos y a las fuerzas civiles con 10.000 hombres, a fin de combatir la delincuencia agravada con la creciente presencia de sangrientos cárteles del narcotráfico mexicano como los Zetas.

Tanto Pérez Molina como Baldizón ofrecieron impulsar el gasto en seguridad, pero el militar prometió "mano dura" contra el crimen, según su eslogan de campaña.

"Hasta en las escuelas extorsionan. Confío más en el Ejército. El Ejército sale en la noche y no tienen miedo, en cambio la policía ni en la noche sale (...) por eso queremos un militar", dijo Elsa Guzmán, un ama de casa de 59 años al salir de un centro de votación en la capital.

Sin embargo, la figura del militar despierta temores en amplios sectores de la población, sobre todo indígena, que lo vinculan con las más horrendas masacres atribuidas al Ejército a inicios de la década de 1980, la época más cruenta de la guerra civil de 36 años que dejó cerca de 250,000 muertos.

Un triunfo de Pérez Molina "podría tomarse como un paso al pasado, retrocediendo a lo que vivió Guatemala hace mucho tiempo", dijo Josué Samayoa, de 23 años, quien trabaja para una empresa de auditoría.

Oficialismo ausente. Pérez Molina niega su participación en las masacres, ocurridas en su mayoría en la provincia de El Quiché, y prefiere destacar su papel en los acuerdos de paz que llevaron al fin de la guerra, en 1996.

El candidato ha dicho que es necesario defender el territorio guatemalteco de peligrosas bandas como los Zetas.

Muchos de los que perdieron familiares durante la guerra civil apoyan a Baldizón, de 41 años y ex miembro de la gobernante Unión Nacional de la Esperanza (UNE), quien también prometió fortalecer a la policía para luchar contra el crimen y está a favor de la pena de muerte.

El diputado ganó rápidamente popularidad luego de que la principal rival política de Pérez Molina, la ex primera dama Sandra Torres, no logró postularse a estas elecciones por ser familiar del presidente.

Torres, de la UNE, se divorció de Colom hace poco para lograr ser candidata, pero las autoridades constitucionales no le permitieron de todos modos postularse.

Otra preocupación central de los votantes es la economía, en un país donde más de la mitad de la población vive debajo de la línea de pobreza.

"Quiero que la seguridad y la pobreza mejoren. Que nos ofrezcan trabajo y seguridad", dijo Carlos Hernández, un mecánico de 54 años.