Bogotá. Colombia dijo que quiere una cooperación eficaz de Venezuela para luchar contra el terrorismo y desmantelar las guerrillas izquierdistas de las FARC y el ELN, un día después de que el presidente Hugo Chávez rompió totalmente relaciones diplomáticas.

El gobierno de Bogotá no ha tomado medidas diplomáticas y más bien ha insistido en su pedido a que sean verificadas sus denuncias, que llevaron a la decisión de Caracas, de que insurgentes se refugian en el vecino país con la tolerancia del gobierno venezolano.

El canciller colombiano, Jaime Bermúdez, insistió en esa posición y aunque se mostró abierto a la mediación de terceros países para resolver las diferencias, expresó escepticismo de que Venezuela responda positivamente a cualquier intento por recuperar los dañados lazos.

"Que quede muy claro: lo que se requiere es un instrumento o un mecanismo específico para que se resuelva el tema de fondo y haya cooperación eficaz en la lucha contra el terrorismo, para desmantelar estos grupos del todo", dijo a periodistas.

"Colombia siempre estuvo abierta al diálogo, a la negociación y a la facilitación de terceros países, pero frente a la petición ante la OEA la única respuesta fue la ruptura de relaciones", reflexionó.

Colombia presentó este ante la Organización de Estados Americanos (OEA) lo que calificó como nuevas evidencias de que varios de los máximos líderes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN) están refugiados en la nación vecina.

Para respaldar su denuncia, presentó coordenadas exactas, videos y fotografías que dijo prueban la existencia de 87 campamentos y la presencia de 1.500 insurgentes en territorio venezolano, a lo que el representante de Venezuela en la OEA, Roy Chaderton, respondió que es "un cuento de vaqueros".

Varias naciones y organizaciones ofrecieron su mediación en el conflicto, pero Bermúdez dijo que en el pasado se han intentado acercamientos a través de esa vía y Venezuela ha reaccionado con una negativa.

Ambas naciones comparten una candente frontera terrestre de 2.219 kilómetros en la que no sólo se transan bienes y servicios, sino por la que pasan armamento, drogas y secuestrados por grupos ilegales.