Hace cerca de dos meses, un grupo de oficiales de inteligencia de las Fuerzas Armadas y expertos en investigación criminal recibieron información proveniente de algunos infiltrados en las Farc que alertaron a las autoridades sobre la presencia de milicianos y guerrilleros en varias ciudades.

Al comienzo, los oficiales pensaron sólo en una cosa: que se trataba de un intento por sabotear la VI Cumbre de las Américas en Cartagena y por eso se extremaron las medidas de seguridad en La Heroica.

Sin embargo, el único escándalo del que se tuvo registro en Cartagena se dio por cuenta del Servicio Secreto de la Casa Blanca. Días después, no obstante, los organismos de inteligencia recibieron una información similar sobre los movimientos urbanos de milicianos, pero en esta ocasión se reportaba que el objetivo serían los grandes centros urbanos y Bogotá aparecía como prioridad.

“Supimos que habría guerrilleros expertos en explosivos con una característica: que conocían muy bien cómo moverse en la capital del país y que no generarían sospechas”, dijo una de las fuentes consultadas por El Espectador.

Los datos que después fueron recaudando por los investigadores cada vez parecían más precisos. Un alto oficial le dijo a este diario que esta vez la guerrilla estaría utilizando milicianos expertos y preparados sólo en el tema de inteligencia y que actuarían de la mano con explosivistas: “A diferencia de los atentados anteriores en donde sólo les bastaba poner un carro bomba o hacer uno que otro reconocimiento de la zona, esta vez nos enfrentamos a una modalidad nueva de la subversión que es la inteligencia. Los infiltrados nos contaron que, por ejemplo, tendrían gente con cronómetros o con cualquier otro medidor de tiempo y de distancia, y saben el tiempo que demora un carro en llegar a un semáforo en rojo”, sostuvo.

El Espectador conoció que efectivamente las autoridades evalúan si emisarios de la banda terrorista vasca ETA, cuando estuvieron en los campamentos de las FARC, instruyeron a la guerrilla con nuevas técnicas de explosivos.

Lo más preocupante, a juicio de los altos oficiales que hablaron con El Espectador, es que la orden de que las FARC volvieran a hacer presencia en Bogotá habría sido dada por el propio ‘Alfonso Cano’ antes de que cayera en un operativo militar en noviembre del 2011. Según los organismos de inteligencia, ‘Cano’ quería reestructurar las células urbanas en las principales capitales del país.

“En cualquier comunicación que interceptábamos de ‘Cano’, y en los computadores y documentos encontrados en distintos campamentos, supimos que para él, a diferencia de otros miembros del secretariado, la llegada a centros urbanos era una prioridad”. El oficial añadió además: “Y no sólo para el reclutamiento de personas, sino para afectar blancos estratégicos del establecimiento”.

El Espectador conoció que efectivamente las autoridades evalúan si emisarios de la banda terrorista vasca ETA, cuando estuvieron en los campamentos de las FARC, instruyeron a la guerrilla con nuevas técnicas de explosivos.

Las autoridades no se atreven aún a asegurar que son las Farc, pero casi todos los indicios apuntan a este grupo ilegal y lo más grave es que hay información confidencial sobre posibles nuevos ataques. Las autoridades tampoco descartan alianzas entre integrantes de las bandas criminales y las Farc. Por lo pronto la Fiscalía avanza en sus pesquisas, ya se conocen 10 retratos hablados y varios videos en los cuales aparecen los principales sospechosos del aleve atentado contra el exministro Fernando Londoño Hoyos.