Bogotá. La mayor guerrilla de Colombia aumentó la venta de ganado robado para obtener recursos destinados a financiar la lucha armada ante la caída de sus ganancias por el narcotráfico, su principal fuente de financiación, dijo este lunes el presidente Juan Manuel Santos.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el grupo rebelde activo más antiguo de América Latina, son acusadas de obtener millonarios recursos de la producción y el tráfico de cocaína para financiar su levantamiento en armas contra el Estado.

"Hemos descubierto, por informaciones de inteligencia y de otras fuentes, que en el caso de las FARC están teniendo un problema de financiamiento", afirmó Santos al término de un consejo de seguridad en la ciudad de Florencia, la capital del selvático departamento del Caquetá.

El mandatario reveló que el grupo rebelde comenzó a mover el ganado robado en el sur del país hacia la región cafetera del centro de Colombia.

"El propósito es conseguir recursos (...) por los golpes que se han dado a las fuentes de financiamiento, especialmente el narcotráfico, una de las órdenes que se han dado es vendan el ganado para conseguir más recursos", precisó Santos.

El mandatario no reveló cuánto dinero reciben las FARC por la venta de ganado robado ni la extensión de estas operaciones, una práctica que, según fuentes de seguridad, comenzó hace más de una década.

En las últimas décadas, las FARC se han financiado principalmente del narcotráfico e incluso establecieron vínculos con bandas de traficantes en algunas regiones del país donde luchan con grupos rivales por el control de las rutas.

El narcotráfico, que anualmente genera miles de millones de dólares en ganancias, es uno de los principales obstáculos para poner fin a la confrontación entre el Estado y los rebeldes, que de acuerdo a fuentes de seguridad también obtienen recursos del secuestro y la extorsión.

Sin manifestaciones de paz. El grupo rebelde, considerado como una organización terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea, ha perdido a varios de sus principales dirigentes en medio de la ofensiva que comenzó en el 2002.

Pese a esto, y a que miles de sus combatientes han desertado, aún mantiene la capacidad de realizar ataques de gran impacto en apartadas zonas montañosas y selváticas, e incluso en centros urbanos.

La semana pasada, una columna de las FARC activó un carro bomba en un pueblo del departamento de Norte de Santander, fronterizo con Venezuela, en un ataque que dejó tres personas muertas.

Los rebeldes también derribaron con explosivos torres de energía y bloquearon carreteras, en una aparente estrategia para demostrar poder militar, días después de su nuevo máximo jefe, Rodrigo Londoño, alias "Timochenko", planteó a Santos los temas que estaría dispuesto a tratar en una eventual negociación de paz.

Santos, quien impulsa un programa para indemnizar a las víctimas del conflicto y devolver las tierras a campesinos desplazados, dijo que hasta el momento las FARC no han dado señales de paz, por lo que ordenó a sus Fuerzas Militares continuar la ofensiva contra los rebeldes.

"El Gobierno no tiene en este momento ningún indicio, ninguna manifestación que nos pueda convencer de la buena voluntad de la contraparte en materia de llegar a un acuerdo de paz", afirmó el mandatario.

"Por lo tanto, la acción de la Fuerza Pública será contundente y seguirá siendo contundente sin ninguna contemplación", precisó Santos.

El mandatario exige que las FARC liberen a todos los secuestrados, suspendan sus ataques y anuncien su disposición de desmovilizarse y entregar las armas, condiciones que la guerrilla rechaza por considerarlas como una rendición.