Bogotá. Colombia inició el domingo elecciones para renovar gobernantes regionales, un proceso que definirá un nuevo mapa político decisivo para impulsar reformas del Gobierno del presidente Juan Manuel Santos y en el que su antecesor, Alvaro Uribe, medirá su influencia electoral.

Unos 30,6 millones de colombianos están habilitados para elegir entre las 08:00 y las 16:00 hora local (13:00 y 21:00 GMT) a 1.102 alcaldes, 32 gobernadores, 12.000 concejales y 418 diputados.

Los comicios se realizan tras una violenta campaña en la que, en siete meses, fueron asesinados 41 candidatos, más que los 27 registrados en los comicios previos del 2007.

La violencia es un recordatorio de que Colombia todavía tiene que superar por completo su pasado sangriento, en momentos en que se beneficia de la inversión extranjera destinada a los sectores de petróleo y minería.

Unos 300.000 soldados y policías buscan garantizar la normalidad en el proceso electoral con más de 100.000 candidatos, antecedido por ataques de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que dejaron más de 20 militares muertos en la última semana.

Las votaciones son las primeras en el Gobierno de Santos, quien busca evitar la injerencia de la guerrilla izquierdista y de las bandas criminales conformadas por ex paramilitares de ultraderecha que en varias regiones intentan asumir el control de millonarios recursos de la explotación petrolera y de la minería respaldando o amenazando candidatos.

Los nuevos alcaldes y gobernadores que resulten electos, la mayoría como miembros de partidos de la coalición que apoya a Santos, serán clave para implementar leyes como la distribución de regalías petroleras y mineras, la indemnización a víctimas del conflicto interno armado y la restitución de sus tierras.

"Así que depende de ustedes, de los votantes, escoger a las personas más honestas, a las más capaces, a las más transparentes, para que manejen esos recursos con pulcritud y eficiencia, y los conviertan en obras de desarrollo y de progreso para sus municipios y departamentos", dijo Santos en una alocución en las horas previas al inicio de los comicios.

Las reformas fueron aprobadas por el Congreso durante el primer año de gestión de Santos, pero el éxito de su implementación dependerá en gran parte de las autoridades locales, de acuerdo con analistas.

En las elecciones del domingo, el ex presidente Uribe medirá su poder electoral que lo podría dejar bien posicionado para las votaciones legislativas y presidenciales de 2014 ante el distanciamiento con Santos por temas sensibles como el manejo de la seguridad.

Uribe, que gobernó Colombia entre 2002 y 2010 y mejoró las condiciones de seguridad por una ofensiva contra la guerrilla que permitió reducir los asesinatos, las masacres, los secuestros y los ataques contra la infraestructura económica del país, respaldó a cientos de candidatos en todo el país.

La mayor apuesta de Uribe es la alcaldía de Bogotá con la candidatura de Enrique Peñalosa, quien aspira a ganar para gobernar la capital colombiana de unos 8 millones de habitantes, una de las 10 más pobladas de América Latina, con un presupuesto anual de casi US$7.000 millones.

Pero Peñalosa enfrenta al candidato del movimiento Progresistas, Gustavo Petro, un antiguo guerrillero del M-19 que se destacó como senador del izquierdista Polo Democrático Alternativo y fue un fuerte opositor de Uribe.

Petro, con un discurso anticorrupción, lideró las encuestas sobre intención de voto previas a la elección y podría beneficiarse del fracaso de su ex copartidario del Polo Democrático Samuel Moreno, el suspendido alcalde de Bogotá actualmente encarcelado por un escándalo de corrupción.

Un triunfo de Peñalosa dejaría con buen capital político a Uribe, pero una derrota ante un líder de izquierda como Petro casi lo obligaría a mantener un papel más discreto, de acuerdo con analistas.

Uribe podría salir a respaldar candidatos al Congreso en las elecciones legislativas de 2014 e incluso a un candidato a la presidencia ante la imposibilidad legal que tiene para postularse de nuevo para una segunda reelección.