Bogotá. La vida de doña Trinidad Orjuela pareciera pender de un hilo. En los últimos 12 años esta humilde mujer ha sufrido tres infartos y hace apenas dos semanas un preinfarto sacudió su ya débil humanidad. Su estado de salud se complicó en las últimas horas de 2010, por una afección en sus riñones.

Ella es la madre del sargento viceprimero Róbinson Salcedo Guarín, secuestrado por las FARC el 3 de agosto de 1998, día en que los subversivos se tomaron a sangre y fuego la base de Miraflores, en Guaviare, en un feroz ataque que se prolongó por 20 horas y que dejó nueve muertos, 10 heridos y 22 militares desaparecidos.

La sangrienta toma le significó al Estado colombiano una sentencia por parte del Consejo de Estado, que en agosto de 2008 condenó a la nación al pago de 3 mil millones de pesos al hallarla responsable por los daños causados a la población civil, que soportó el choque armado entre las FARC y la Fuerza Pública.

“El tiempo pasa y nadie dice nada, nadie hace nada”, reclama. La tristeza acompaña de día y de noche a esta dolida madre, quien a sus 79 años anhela volver a ver a su hijo, de quien no tiene noticias hace siete años. En la última prueba de supervivencia, Róbinson le envió una tarjeta con un emotivo mensaje en el que le manifiesta que ella es la mejor mamá del mundo.

“Quiero ver a mi hijo antes de morirme”, dice, como queriendo expresar su última voluntad antes de partir y sin olvidarse de sus otros seis hijos que a diario le dan fuerza para sobrellevar este mal momento.

La salud de Trinidad es hoy la mayor preocupación de su familia. “Ella está en un tratamiento para el corazón, el médico nos dio instrucciones y en unos días sabremos si nos toca hospitalizarla, porque si falla la droga en cualquier momento puede fallecer”, asegura Jaime Torres, su yerno, quien advierte que la tristeza más grande sería que la anciana los dejara sin cumplir su último deseo de abrazar de nuevo a su hijo.

Hace unas semanas, cuando las FARC anunciaron la liberación de cinco policías y militares, doña ‘Trina’, como la llaman cariñosamente, se alegró con la felicidad de los familiares del cabo Salim Antonio Sanmiguel, uno de los beneficiados. Una felicidad a medias que minuto a minuto se opacó porque el nombre de Róbinson no aparece en esa lista.

Ante la difícil situación por lo que califican como indolencia del Estado, la familia prepara una misiva que dirigirán esta misma semana al presidente de Juan Manuel Santos y a la ex senadora Piedad Córdoba, reclamando acciones concretas para lograr la liberación del militar tolimense.

“Mi hijo está pagando una condena por algo que no debe”, dice con débil voz Trinidad , mientras recuerda que Róbinson se salvó de morir hace 25 años en la tragedia de Armero, donde perdió a cinco de sus hijos y a su esposo.

“Esa vez fue horrible, pensé que estaba muerto, a los tres días lo encontré lleno de lodo, nos abrazamos y nunca nos volvimos a separar, siempre estaba pendiente de mí”.

Ese abrazo cálido y sincero es el que ahora añora repetir doña Trinidad, quien lleva 12 navidades sin festejar. Si su cansado corazón se lo permite y las FARC deciden liberarlo pronto, desde su casa ubicada en el barrio Nuevo Armero, en Ibagué, ella espera disfrutar este año del retorno de Róbinson.