El país aún recuerda con enfado el proceso de paz con las FARC que se llevó a cabo en la zona de distención del Caguán. Inició el 7 de enero de 1999 con un episodio que se convirtió en el presagio del rotundo fracaso.

Ese día el presidente Andrés Pastrana se quedó esperando al máximo jefe de la guerrilla –hoy fallecido- Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo.

Luego de un tortuoso y criticado proceso de tres años, el 20 de febrero de 2002, el secuestro de un avión procedente de la ciudad de Neiva obligó al mandatario a suspender los diálogos.

Colombia también está viviendo los estragos de la desmovilización de más de 30 mil paramilitares, cuya promesa era la verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición para las víctimas. Hoy ninguna de estas premisas se ha cumplido y, por el contrario, ante los incipientes procesos de reinserción a la sociedad civil, el país ha visto cómo muchos de los miembros de estos ejércitos de autodefensas se han incorporado a las denominadas Bandas Criminales, manteniendo vigente la cadena de violencia.

La que el presidente Juan Manuel Santos ha denominado como las manos negras de izquierda y derecha también han actuado en contra de la participación política de ex miembros de los grupos armados ilegales.

Aunque lo adelantado con las FARC, como señala el presidente Santos, son hasta ahora diálogos exploratorios, de las bases y los compromisos con los que se sienten a la mesa las partes para negociar la paz dependerá el resultado y se deberá aprender de los errores del pasado para buscar la paz futura.

Así sucedió con la Unión Patriótica (UP) que luego de dejar las armas y formar parte del debate político fueron prácticamente exterminados con un factor predominante: la impunidad.

No obstante, con mayor optimismo se recuerda el proceso de paz con el M-19. Aunque varios de sus líderes también cayeron bajo el fuego de quienes le apostaban a la guerra, su compromiso se mantuvo firme, y aunque el camino ha sido espinoso, hoy, el segundo cargo más importante del país, la alcaldía de Bogotá, la ocupa un exmilitante del M-19 y varios de sus miembros, entre ellos el exconstituyente Antonio Navarro Wolf, se mantienen vigentes en la escena política.

La conflictiva historia de Colombia ha tenido diversos episodios de búsqueda de la paz, muchos frustrados y otros con mejores resultados. De ellos han quedado algunas experiencias que es mejor no repetir y apuestas que es necesario mantener. Al respecto algunos expertos, que participaron en varios de estos procesos, hacen recomendaciones al país.

Lázaro Viveros, asesor de paz del gobierno Pastrana, afirmó que “hay elementos contundentes como no realizar ningún tipo de despeje, eso ya lo dejó claro el presidente Santos. Sería importante que no continuaran las acciones armadas porque eso desgasta cualquier tipo de proceso; la ciudadanía y las partes empiezan a dudar. También es necesario construir confianza, no creo que la guerrilla haya olvidado el asesinato de sus principales jefes y el gobierno tampoco los engaños de las FARC”.

Para Viveros se debe tener claro que “una cosa es la guerra y otra es la paz. La segunda requiere un compromiso mayor del Estado, darles garantías de resocialización a los actores del conflicto y tratar de forma adecuada a las víctimas. No creo que pueda haber resocialización con las cárceles que tenemos. Estamos hablando de oportunidades”.

Por su parte, Antonio Navarro afirmó que más allá de las cosas que no se pueden repetir, es necesario “tener un punto de llegada cierto en el que no pueden faltar dos cosas: garantizar la desmovilización de la guerrilla y la posibilidad de que sus miembros participen en política. Nadie va a dejar las armas si no se le va a permitir buscar el cambio por otros caminos”.

Navarro Wolf opina que la paz es el inicio del camino y no un fin. Por este motivo, sostiene que la agenda de diálogo debe tener pocos temas, claros, necesarios y estructurales. “No podemos pensar que sea una discusión como la del Caguán donde donde se pensaba en dar solución a más de 120 temas, eso es imposible. Logrando la paz se hace el camino para llegar a esos objetivos. Colombia gasta cerca de $24 billones anuales en la guerra, si se hace en versión social con un porcentaje importante, ese es el camino”, afirmó.

Sin embargo, consideró que para no equivocarse es necesario abordar aspectos como “el apoyo a los campesinos en el reemplazo de los cultivos de droga, de lo contrario llegarán otros grupos a apropiarse de ese negocio que es el motor del conflicto. También es necesario abordar con seriedad y responsabilidad los asuntos referentes a la verdad, justicia y reparación que en el pasado no resultaban tan relevantes”.

Aunque lo adelantado con las FARC, como señala el presidente Santos, son hasta ahora diálogos exploratorios, de las bases y los compromisos con los que se sienten a la mesa las partes para negociar la paz dependerá el resultado y se deberá aprender de los errores del pasado para buscar la paz futura.