Bogotá. Colombia admitió este lunes que la guerrilla de las FARC aún puede hacer daño, pero rechazó la declaración de un funcionario del Comité Internacional de la Cruz Roja de que el grupo rebelde está recuperando su capacidad militar después de casi ocho años de ofensiva del Gobierno.

El grupo rebelde ha intensificado en los últimos meses sus ataques en diferentes regiones del país como parte de un plan para sabotear las elecciones, demostrar que sigue vigente y que aún tiene capacidad militar, según fuentes de seguridad y analistas.

"Las FARC todavía tienen capacidad de hacer daño, pero pensar que tienen más capacidad de hacer daño ahora que hace ocho años eso no lo cree nadie", dijo a periodistas el alto comisionado para la paz, Frank Pearl.

El funcionario reaccionó a declaraciones del jefe de la delegación en Colombia del Comité Internacional de la Cruz Roja, Christophe Beney, quien al presentar su informe anual de gestión en Ginebra, Suiza, dijo que el grupo rebelde se adapta en forma dinámica y tiene de nuevo capacidad para continuar siendo un actor importante del conflicto armado.

"Aquí lo importante es que nos acordemos en qué estábamos hace ocho años, que nos acordemos cómo estábamos hace ocho años y cómo estaban las FARC hace ocho años y la conclusión es que los ciudadanos que respetamos la ley estamos mejor y que las FARC están debilitadas", precisó Pearl.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el grupo rebelde activo más antiguo del hemisferio, son consideradas como una organización terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea.

El grupo rebelde afronta una ofensiva militar que inició el presidente Álvaro Uribe desde que asumió el poder en agosto de 2002 y que cuenta con el apoyo de Estados Unidos.

En medio de esa ofensiva, los rebeldes fueron obligados a replegarse a apartadas zonas montañosas y selváticas en donde aún mantienen una fuerte presencia.

En medio de la estrategia de seguridad, importantes comandantes de las FARC murieron en bombardeos y ataques de las Fuerzas Militares, mientras que miles de combatientes desertaron, lo que debilitó la capacidad de esa guerrilla que pasó de unos 17.000 combatientes a alrededor de 9.000 en la actualidad, según fuentes de seguridad.