Bogotá. Los colombianos votarán este domingo para elegir al sucesor del presidente Alvaro Uribe, en unos reñidos comicios que se limitarían a definir las puntas para una segunda vuelta en la que se medirían el candidato oficialista y un independiente, ambos con promesas de continuidad.

Con perspectivas de que ninguno de los que suman más intenciones de voto, el oficialista Juan Manuel Santos y el independiente Antanas Mockus, logre la mayoría requerida para imponerse en una primera vuelta, el panorama será lograr alianzas y adhesiones con miras a un sufragio decisivo el 20 de junio.

"Colombia está preparada para las elecciones presidenciales, para que los ciudadanos voten, para contar los votos, así como para consolidar y transmitir los resultados", dijo el registrador nacional, Carlos Ariel Sánchez.

Las Fuerzas Militares y la Policía Nacional permanecen en estado de máxima alerta para garantizar el normal desarrollo de las elecciones y evitar posibles ataques de la guerrilla que acostumbra a ejecutar actos de sabotaje y de violencia durante las votaciones para demostrar poder militar, de acuerdo con fuentes de seguridad.

Las encuestas sobre intención de voto dan un empate técnico entre Santos, candidato del Partido de la U y ex ministro de Defensa de Uribe, y Mockus, un matemático y filósofo de origen lituano que pertenece al Partido Verde y que fue alcalde de Bogotá en dos oportunidades.

Los mismos sondeos le dan una ventaja a Mockus en una segunda vuelta.

Los dos prometieron durante la campaña mantener la lucha contra la guerrilla y el narcotráfico, atacar el déficit fiscal, el desempleo e impulsar reformas sociales para reducir las profundas desigualdades en este país de más de 44 millones de habitantes exportador de petróleo, carbón, café y flores.

Uribe, considerado el aliado más importante de Estados Unidos en América Latina, dejará el cargo el 7 de agosto después de dos períodos en los que se enfocó en combatir a la guerrilla izquierdista y a los narcotraficantes.

La estrategia redujo los asesinatos, las masacres, los secuestros y los ataques y permitió aumentar la inversión extranjera e impulsar el desarrollo económico del país.

Estilos diferentes. Pese a las diferencias en sus orígenes sociales y a sus posiciones políticas, Santos y Mockus se han declarado amigos del libre mercado y de las políticas pro empresariales, en una campaña que no ha generado ningún temor entre inversores y empresarios.

Las elecciones se presentan en un momento en el que los colombianos están más preocupados por el desempleo, la crisis de la salud y el escaso acceso a la educación de calidad que por la inseguridad, de acuerdo con encuestas.

El candidato del Partido de la U pertenece a una aristocrática familia vinculada con la política y el periodismo, pero jamás ha ganado un cargo de elección popular pese a su amplia trayectoria en la que ha ejercido tres ministerios en igual número de gobiernos.

Santos es considerado el heredero político de Uribe, condición que le da apoyo pero al mismo tiempo lo afecta porque un amplio sector de la población reclama un cambio, cansada por recientes escándalos al interior del Gobierno.

El candidato del Partido de la U tiene un amplio apoyo en las zonas rurales y entre los pobres, pero su punto débil está en las ciudades, en la clase media y alta, según analistas.

Por su parte, Mockus impulsó desde la alcaldía de Bogotá campañas de educación para reducir la violencia, aumentar la tolerancia, mejorar el caótico tráfico de vehículos y logró recuperar las finanzas fomentando la cultura de pago.

Sus victorias electorales fueron consideradas un voto de protesta contra la ineficiencia de la clase política tradicional para solucionar los problemas de la capital.

Su discurso de legalidad, honestidad, transparencia y respeto por las leyes ha sido bien recibido entre los electores hastiados de los permanentes escándalos de corrupción de los políticos tradicionales.

El profesor que utiliza como símbolos un girasol, la Constitución y un lápiz que representa la educación como base de la transformación, tiene un sólido apoyo en los jóvenes y en las ciudades, pero su punto débil está en las zonas rurales.

Quien resulte elegido presidente tendrá el reto de intentar recomponer las deterioradas relaciones diplomáticas y comerciales con Venezuela, después de que el presidente Hugo Chávez las congeló en protesta por un acuerdo militar que firmaron Bogotá y Washington y que el mandatario izquierdista considera una amenaza para su revolución socialista.

El próximo presidente también deberá normalizar las relaciones con Ecuador y mantener la cooperación de Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico y los grupos armados ilegales que se viene reduciendo lentamente en medio de los problemas financieros que afronta la mayor economía del mundo.

Casi 30 millones de personas están habilitadas para sufragar en el país donde el voto no es obligatorio y que históricamente registra una abstención de más del 50 por ciento.