Bogotá. Decenas de miles de personas vestidas de blanco salieron este martes a las calles de Colombia para protestar contra la guerrilla de las FARC, exigiéndole la liberación de los secuestrados y el fin de la violencia.

Durante la protesta fluyó la rabia y la indignación que desató diez días antes el asesinato a sangre fría de tres policías y un militar que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) tenían cautivos desde hace más de diez años.

"¡No más FARC!", "¡No más FARC!", "¡Libertad!", "¡Libertad!", "¡Vivos los llevaron, vivos los esperamos!", se escuchó entre los manifestantes que marcharon con banderas blancas y de Colombia mientras hacían sonar silbatos.

"Colombia entera se está pronunciando, diciéndole a los violentos no más violencia, no más secuestros, diciéndoles que queremos nosotros la paz, que no es solamente el gobierno, es todo Colombia", dijo el presidente Juan Manuel Santos.

"Es un mensaje contundente de una población que está hastiada de violencia", agregó el mandatario quien exigió la liberación de los rehenes secuestrados por las FARC.

En poder del grupo rebelde activo más antiguo de América Latina continúan once efectivos de las Fuerzas Armadas y por lo menos 300 civiles, de acuerdo con estadísticas oficiales.

"Nosotros representamos a toda Colombia. Yo no tengo un familiar secuestrado pero estoy aquí para decir que ya hemos tenido suficiente tolerancia con la guerrilla, no más", dijo Rubén Castaño, un ingeniero de 44 años, en Bogotá.

La manifestación -que se extendió a ciudades de Estados Unidos, Canadá y Europa- fue vista por los organizadores y el gobierno como exitosa, en un país de 46 millones de habitantes donde han sido escasas las protestas contra la violencia derivada del conflicto interno de casi cinco décadas.

Esta expresión de protesta fue convocada a través de redes sociales como Facebook y Twitter. Las más recientes manifestaciones previas se produjeron en el 2008 y en las mismas participaron millones de personas.

Las FARC, con unos 8.000 combatientes -bastante menos que los 17.000 que llegaron a tener-, son capaces de perpetrar ataques de gran impacto en ciudades y en las zonas montañosas donde se refugian, pero están amenazadas por una intensa ofensiva militar que ha acabado con varios de sus líderes.

Ante la negativa a avanzar a una negociación de paz pese a que el gobierno ha dicho estar abierta a ella, aunque con condiciones, el grupo rebelde visto como terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea se arriesga a convertirse en una facción criminal dedicada al narcotráfico y al secuestro.

Muertes ptovocaron protesta. La muerte de los rehenes, el golpe más fuerte de las FARC desde el deceso a comienzos de noviembre de su máximo líder Alfonso Cano, se produjo en medio de un combate con el Ejército mientras realizaba una operación de búsqueda en la selva y fue calificada por el gobierno como un asesinato.

Un quinto rehén se salvó de ser ejecutado por los rebeldes porque corrió y se escondió en la jungla durante el combate.

Cano murió en una región montañosa del suroeste del país en un combate con el Ejército y en su reemplazo fue nombrado Rodrigo Londoño, alias Timoleón Jiménez o "Timochenko".

Las FARC, que dicen luchar por imponer un sistema socialista en un país con profundas diferencias entre ricos y pobres, descartó la posibilidad de entregar las armas y desmovilizarse como la ha pedido el Gobierno, aunque no cerró del todo la posibilidad de iniciar una negociación de paz.

Pese a que el gobierno impulsa en el Congreso un proyecto de ley que establece las bases para una eventual negociación de paz y que contempla penas cortas para los responsables de delitos de lesa humanidad que abandonen la lucha armada, por ahora las condiciones no parecen estar dadas para el diálogo.

"Es inoportuna la discusión de ese marco jurídico para la paz. No hay buen ambiente entre la opinión pública en este momento. El asesinato de los rehenes agudizó ese mal ambiente", aseguró el analista político Rafael Nieto.

Santos dijo que si la guerrilla libera a los rehenes, sería un paso y una demostración de su intención de dialogar. La última negociación de paz fue entre 1998 y el 2002 durante el gobierno del ex presidente Andrés Pastrana, pero fracasó.

Las FARC llegaron a tener más de 60 rehenes con los que buscaban acuerdos para intercambiarlos por cientos de guerrilleros presos. Unos fueron rescatados por las Fuerzas Armadas o liberados como un gesto de paz, mientras que otros se escaparon o murieron asesinados o enfermos.

Entre los secuestrados figuraban la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y tres estadounidenses, rescatados por el Ejército en julio del 2008.