Comunicación es poder, dijeron muchos y hoy en ese eje de análisis nos encontramos con una publicación reciente del sociólogo español Manuel Castells. Allí se adentra en el tema de internet y los territorios de la política y el poder. Sostiene, el poder transformador de las redes que son la base de internet, ponen en jaque los paradigmas sobre los cuales la humanidad se ha desenvuelto desde la Revolución Industrial.

Estamos frente a un cambio de época que Castells la ha definido como el surgimiento de la sociedad informacional. Una sociedad cuya estructura social obedece a una tipología de red, donde lo nuevo está en el procesamiento de la información y donde la generación de conocimiento es el principal motor de la producción. En la estructura previa la clave ha estado en un ente que emite y una ciudadanía receptora, pasiva. El papel escrito, la radio por la vía oral o la televisión mucho más poderosa por las imágenes, han ejercido así su poder, frente a un ciudadano receptor impedido de interactuar con aquel que envía la comunicación, salvo por las tradicionales “cartas al director”.

Ahora en cambio, ocurre que el conocimiento mismo se puede hacer colectivamente. Ahí esta el ejemplo de Wikipedia, una enciclopedia en múltiples lenguas construida colectivamente por voluntarios y que en una década pasó a ocupar el lugar detentado por más de 200 años por la Enciclopedia Británica. Cuando hace poco se hizo un análisis de errores, se descubrió que la cota de Wikipedia era la misma de la detectada en aquella clásica enciclopedia. Internet trajo un cambio esencial en esa acumulación de conocimiento.

La envergadura del cambio hace que los mapas que teníamos para ver nuestras sociedades se encuentren obsoletos y hay nueva cartografía a la par que se van descubriendo nuevos territorios. ¿Cómo se va a relacionar en el futuro la ciudadanía con los representantes que elige? ¿Cómo llegaremos a hacer un gobierno más directo y donde los partidos políticos tengan un rol diferente al de hoy? Imaginar una sociedad donde el gobernante pueda consultar sus decisiones con los gobernados a través de internet es algo que en un tiempo breve podrá ser realidad en la mayoría de nuestros países. Pero más importante, podrán los ciudadanos directamente entrar a definir cuáles serán los temas de la agenda política, que a ellos les interesan.

Algunas cifras ayudan a contextualizar lo que decimos. En América Latina existen casi 180 millones de usuarios de internet y hay 58 millones en cuentas de Facebook, la red social más extendida. Se puede afirmar que más del 10% de la población de América Latina está en Facebook y cuando esas cuentas las vemos por país, y por tramo etario, surgen datos notables. El 62% de los usuarios mexicanos tienen entre 18 y 34 años; el 60% de los brasileños; el 59% en Chile y 58% en Argentina. Cuando pienso que el 59% de los chilenos entre 18 y 34 años está en Facebook, mucho más que el modesto 38% de personas inscritas entre 18 y 29 años en los registros electorales, sólo puedo concluir que los registros electorales en el Chile de hoy están muy atrasados. Son muchos más los que participan activamente en una red social en internet de aquellos dispuestos a ejercer el derecho a sufragio.

Es cierto que allí suben diversos temas, pero muchas personas hacen política desde su experiencia ciudadana cotidiana, armando conversaciones, generando movilizaciones entre sus pares por las causas que ellas consideran que les permitirán construir un mundo mejor. ¿Qué tipo de democracia se va a construir en esta plataforma?  ¿Cuál es la relación entre la clase política y la ciudadanía? ¿Cuáles van a ser a futuro las competencias digitales que el nuevo ciudadano debe poseer y cuál debe ser el rol del Estado en la generación de las condiciones de nivelación para aquellos que el mercado no entrega una solución? Para ello en mi primer mensaje presidencial, hace diez años, coloqué un acento especial en el papel que internet venía a jugar en las sociedades del siglo XXI, y por ende, la necesidad de tomar medidas para erradicar la brecha digital.

Aquí estamos en presencia de un nuevo mundo que será el que caracterizará al siglo XXI.  Y la forma como perfeccionemos nuestros sistemas democráticos va a depender en gran medida de cómo seamos capaces de incorporar este concepto de redes. Redes de ciudadanos que se organizan entre sí, que a lo mejor ahora van a configurar un verdadero quinto poder frente al cuarto poder de los medios tradicionales de información.

Estoy convencido que todas estas experiencias traerán más fortaleza a nuestras sociedades con un tejido social más denso, con mayores niveles de equidad y con una capacidad creativa multiplicada y puesta al servicio de las personas. Hemos visto el poder de las redes invitando a una concentración con motivo de los ataques en la estación Atocha en Madrid. También en Chile por el terremoto, para saber de los seres queridos y luego llamando a la solidaridad a través de distintas campañas de apoyo. En estos casos, por cierto hay una autoridad, hay un gobierno que orienta, pero también hay una ciudadanía que se organiza por su propia cuenta.

Asumámoslo. Cada día surgen más comunidades virtuales y éstas serán el camino del futuro. ¿Cómo nos aseguramos que, a partir de estas nuevas tecnologías, todos tengan acceso y suprimamos la brecha digital? La emergencia de este “quinto poder” no va por la vía de suponer la desaparición de los medios tradicionales de comunicación. Más bien dinamiza a éstos y los obliga a reaccionar. Muchos ya están en línea, las columnas se comentan en los blogs y muchas informaciones quedan abiertas al comentario de los lectores. Estamos en los inicios de una nueva etapa donde se reconfigura el escenario entre comunicación, poder y politica, y en la cual el ciudadano digital llegará a estar en el centro con sus derechos y deberes.

Esta columna fue publicada originalmente en ElQuintoPoder.cl.