Brasilia. En la recta final de una débil campaña presidencial que parece haber estado minimizada por al menos las últimas seis semanas, el principal candidato de oposición de Brasil, José Serra, ha recurrido a críticas vinculadas a China y teorías de conspiración.

Ha sido una rápida caída de gracia para el ex gobernador del estado de Sao Paulo, quien es uno de los políticos con mayores logros de Brasil.

Sondeos de intención de voto mostraron en febrero que Serra tenía una ventaja de 10 puntos porcentuales, pero eso cambió rápidamente tras el comienzo de la campaña presidencial y ahora es superado por la candidata oficialista, Dilma Rousseff, por casi 20 puntos porcentuales.

Pese a que ha cometido algunos errores estratégicos durante su campaña, Serra también parece haber estado simplemente en el momento inoportuno en la historia, superado por un partido gobernante que goza de la mayor expansión económica de Brasil en décadas.

Serra ha lanzado unos pocos golpes duraderos contra Rousseff o contra su benefactor político, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Desalentado ante el índice de aprobación de 75% de Lula, Serra trató de concentrarse en su propio pasado como ministro de Salud en la década de 1990, cuando sus políticas ayudaron a impedir una epidemia de sida, pero su principal mensaje, "Brasil puede hacerlo mejor", no tuvo el impacto esperado.

La ventaja de Rousseff en los sondeos de opinión ha disminuido en los últimos días debido a un escándalo de corrupción dentro del oficialista Partido de los Trabajadores (PT).

Pero ni siquiera esa baja para la candidata del gobierno ha logrado aumentar el apoyo a Serra, pues los votos que ha perdido Rousseff han ido a la candidata del Partido Verde (PV), Marina Silva, que ocupa un distante tercer lugar en las encuestas.

Los sondeos muestran que Serra perdería por un amplio margen en una segunda vuelta con Rousseff, si es que ella no logra la mayoría de los votos válidamente emitidos en los comicios del domingo que le darían el triunfo en la primera ronda electoral.

Perspectivas desalentadoras. El Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), en el que milita Serra, ha sido tildado de "elitista" durante la campaña, una etiqueta desfavorable en un país donde la pujante clase media baja está dominando la política.

"Tuvimos el mensaje correcto en el momento equivocado, pero también perdimos el contacto con la sociedad, incluso antes de que comenzara la campaña", dijo un veterano parlamentario del PSDB.

"Lo peor es que la oposición saldrá de estas elecciones totalmente vacía", agregó, bajo condición de anonimato.

La promesa de Serra de un gobierno limpio y sobrio atrajo a algunos líderes empresariales, que se inclinan por él por su experiencia y las posturas centristas de su partido.

Pero ante los ecos de elogio por las medidas anticíclicas de Lula durante la crisis financiera del 2008/2009, Serra estaba nadando contra la corriente.

La propaganda electoral de Rousseff por televisión explotó una y otra vez los éxitos de Lula a la hora de sacar de la extrema pobreza a más de 20 millones de brasileños en los últimos ocho años.

Rousseff "tenía un producto más fácil de vender, pero también lo vendió mejor", dijo Fernando Lattman-Weltman, profesor de política de la Fundación Getulio Vargas, en Río de Janeiro.

Sin saber bien cómo criticar a un presidente tan popular, Serra, de 68 años, ha saltado de un mensaje a otro.

En una reciente aparición en un popular programa matinal de la red de televisión Globo TV, usó bastante tiempo para criticar la política económica de Lula con China afirmando que había resultado en la inundación de importaciones baratas.

Luego, la semana pasada, culpó a "intereses electorales" por un apagón en el tren subterráneo de Sao Paulo, lo que podría haber dañado su reputación entre algunos votantes, pues en su propaganda por televisión destacó la expansión de ese sistema de transporte cuando era gobernador.

Disputas de Serra con aliados de la coalición a comienzos de su campaña también crearon una impresión de desorganización.

Su principal aliado, el Partido Democratas (DEM), mudó su opción de candidato a vicepresidente y designó a Indio da Costa, un parlamentario sin experiencia, lo que creó tensión dentro de la coalición de seis partidos.

Con pocos votantes aún no decididos, analistas afirman que Serra tiene poca o ninguna posibilidad de recuperar terreno en los próximos días.

"Será muy difícil para Serra ganar a los que apoyan a Rousseff", opinó Cristiano Noronha, analista político de la consultoría Arko Advice, con sede en Brasilia.

Serra perdió ante Lula en las elecciones presidenciales de 2002 y otra derrota podría marcar el fin de la carrera política del economista de la Universidad de Cornell, que ha estado involucrado en la política brasileña desde su época de estudiante en la década de 1960.

Sin embargo, podría encontrar consuelo en un hecho: Lula perdió tres elecciones presidenciales antes de convertirse finalmente en presidente.