En Túnez la“Revolución de los jazmines” acabó con el régimen de Zine el Abidine ben Alí, en Yemen el presidente Ali Abdalá Saleh declinó presentarse a un nuevo mandato y en Argelia Abdelaziz Buteflika anunció ayer que derogará el estado de emergencia que rige en el país desde hace 19 años y que coarta la libertad de expresión y de manifestación.

Buteflika dijo que el estado de emergencia se derogará “en un futuro próximo” , sin precisar si será antes del viernes 11 de febrero, cuando están convocadas marchas para pedir la anulación de esa medida, que para el poder frena el terrorismo y para la oposición, las libertades.

El estado de emergencia fue decretado en 1992 para contener la rebelión del islamista Frente Islámico de Salvación (FIS) por la anulación de la segunda vuelta de las elecciones, cuya primera ronda había ganado por mayoría.

En Jordania, líderes de grupos islámicos han pedido al rey Abdalá II que apruebe reformas políticas que conduzcan a la formación de un “gobierno parlamentario” , informó este viernes un comunicado de los Hermanos Musulmanes.

Hasta ahora, el rey se encarga de nombrar los ministros, que suelen ser elegidos entre personalidades de la vida pública, debido a la ausencia de grandes coaliciones o partidos políticos en el Parlamento, dominado por grupos tribales o pequeñas formaciones.

Al calor de las revueltas populares en Túnez y Egipto, Abdalá II cesó el pasado 1 de febrero al Gobierno encabezado por Samir Rifai y designó como primer ministro a Maruf Bajit. Además, solicitó a Bajit acometer “reformas políticas reales y rápidas”.

En Yemen, el país árabe mas pobre, durante las recientes protestas los participantes corearon eslóganes contra la perpetuación del actual presidente, así como contra la corrupción e instaron a la revolución.

Mientras, la moderada Autoridad Nacional Palestina (ANP) prohibió ayer en Cisjordania cualquier manifestación o protesta relacionada con “asuntos regionales” , en alusión a las demostraciones en solidaridad con el pueblo egipcio.

El portavoz de las fuerzas de seguridad palestinas Adnan Dumeri adujo que esa decisión esta motivada en que la “ANP no interviene en asuntos regionales”.

En las “jornadas de la ira” las poblaciones árabes han expresado a sus dirigentes el mensaje de que sus sueños de futuro no caminan paralelos. Mientras que los primeros sueñan con una justicia distributiva, los segundos lo hacen con perpetuarse en el poder a través de sus constituciones o linajes.

El primer presidente árabe en convertir su país en una república monárquica fue el presidente sirio, Hafez el Asad, quien antes de morir en 1999 dejó como heredero a su hijo, Bachar al Asad.

Bachar, que lleva ya once años al frente del país aún no ha derogado una ley decretada en 1963 que coarta las libertades y que fue dictada dos años antes de que él naciera.

El presidente Mubarak también albergaba el sueño de dejar como heredero a su hijo pequeño, Gamal, algo que ya ha anunciado que no se producirá.

A pesar de que en la Libia del coronel Muamar al Gadafi el régimen desmiente un presunto talante dinástico, en la sombra del dirigente de la “Yamahiria” se vislumbra Seif El Islam, de 40 años, como su heredero.

En Marruecos, donde la llegada al trono en 1999 del rey Mohamed VI, despertó la ilusión de un cambio, jóvenes internautas han convocado para el próximo día 20 una manifestación para animar a la verdadera democratización.

La revolución tunecina de los jazmines y la de la Plaza Tahrir en Egipto han sido una respuesta tardía a la frustración generada entre la población por unos resultados engañosos en las urnas.

Mubarak ganó sus últimas elecciones en 2005 con el 88,5 por ciento. Ben Ali venció en las presidenciales de 2009 para un quinto mandato con el respaldo del 89,28% de los sufragios de los residentes en el país y del 94,85% de los emigrantes tunecinos en el exterior.

Tanto en Egipto como en Túnez, los candidatos de la oposición quedaron relegados y, aunque pusieron en duda esos resultados y los consideraron una ocasión fallida para avanzar en el proceso de democratización, su voz apenas tuvo eco.

La revolución de los jazmines ha despertado los sueños de la población árabe, no solo para ser escuchada en el mundo, sino también para que se respete su anhelo de democracia.