Marine Le Pen le cambia la cara a la extrema derecha. Marine Le Pen, candidata de extrema derecha en Francia, ha tenido una tarea difícil desde que reemplazó a su padre paracaidista: convencer a los votantes de que no es una niña mimada y librar al Frente Nacional de la imagen de un "partido desagradable" para convertirse en una alternativa viable.

La mayoría de las encuestas de opinión sugieren que ha logrado ambos objetivos. En el tercer lugar de cara a la primera vuelta del 22 de abril, la ex abogada de 43 años se describe a sí misma como la candidata de la "revuelta popular" a la izquierda del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Pero mientras un lugar en la segunda vuelta del 6 de mayo parecía cerca hace tres meses, la activista anti-inmigración ahora está muy lejos de esa meta y se enfrenta a una lucha por el tercer puesto con el candidato de extrema izquierda Jean-Luc Melenchon, que encarna un tipo muy diferente de "revolución ciudadana".

Le Pen es una alta y llamativa rubia que usa trajes de vestir y tacones altos, exuda autoconfianza y se siente cómoda en su piel política.

Su característica voz áspera da indicios de su pasado como fumadora. En las manifestaciones, oscila entre regocijarse de su pasión por la nación francesa y vilipendiar el fracaso de su elite gobernante.

Su manera cordial y jovial en la televisión llama la atención especialmente entre los apáticos políticamente.

La imagen de Le Pen se ha combinado con un estricto código de conducta en el partido, expulsando a los extremistas y tomando enérgicas medidas contra las expresiones de racismo y antisemitismo. Se apresuró en repudiar los comentarios de su padre Jean-Marie Le Pen de que las cámaras de gas nazis eran sólo un detalles en la historia.

Inicialmente, basó su campaña en un programa económico proteccionista contra el euro, destinado a los trabajadores jóvenes y desilusionados. Pero cuando comenzó a perder impulso, y tras varios asesinatos por parte de un militante islamista francés el mes pasado, volvió a la agenda sobre seguridad e inmigración más tradicional del Frente Nacional.

"Es un animal político, tiene una buena relación con la gente y no se ve artificial", dijo Laurent Brice, que dirige una de sus oficinas de campaña en el norte de Francia.

Insecto político. El temple y el talento para el debate político de Le Pen, una ávida lectora del escritor de suspenso Stephen King, los heredó de su padre.

Le Pen, dos veces divorciada y con tres hijos -una con el nombre del ícono histórico francés Juana de Arco-, se asegura de nunca ser vista en público con su actual compañero, Louis Aliot, el vicepresidente del partido. Su mantra es que la vida privada no debe mezclarse con la profesional.

El divorcio de sus progenitores en 1987 la marcó y la acercó a su padre. Su madre se fue de la casa y luego posó parcialmente desnuda para Playboy, algo que Le Pen dijo que la había impactado.

Apasionada jinete y entusiasta ocasional de las armas, Le Pen creció en los ricos suburbios de París y se graduó en Derecho en una de las universidades más importantes de la capital.

Ejerció durante seis años y, al igual que muchos abogados jóvenes, representó a clientes pobres, incluyendo inmigrantes ilegales, sin costo alguno.

Si no la hubiera picado del bicho de la política, Le Pen dice que le habría gustado convertirse en fotógrafa.

Se unió al partido de su padre a los 18 años en 1986 y abandonó su carrera de abogada en 1998 para proporcionar asesoramiento legal al partido.

Fue elegida por primera vez para un cargo político en 1998 como consejera regional en el norte de Francia y después tuvo el mismo papel en la zona de París, antes de regresar al área industrial del norte en el 2010 donde optó por establecer su sede. También es miembro del Parlamento Europeo desde el 2004.

Le Pen se postuló para el Parlamento en la antigua ciudad minera de Henin-Beaumont en el 2007, pero perdió frente a un socialista en la segunda vuelta a pesar de tener un 42 por ciento. Se espera que sea candidata para el mismo puesto en junio.

"Ella quiere poder. Esa es la diferencia con su padre", dijo el alcalde de Henin-Beaumont Eugene Binaisse, que lidera una coalición de izquierda.

Jean-Luc Melenchon, el ruido y la rabia en las elecciones. Los carteles de la campaña electoral de Jean-Luc Melenchon invitan a los votantes franceses a "¡Tomar el poder!".

Llamándose a sí mismo "el ruido y la furia", por la novela de William Faulkner, el político de extrema izquierda ha sacudido una mediocre carrera presidencial con una encendida oratoria y una revolucionaria convocatoria a las armas.

Con una plataforma que tiene como característica aumentar el salario mínimo, reducir la edad de jubilación, limitar los ingresos de más de 350.000 euros al año y prohibir los despidos por parte de las empresas rentables, ha atraído a decenas de miles de izquierdistas y comunistas a manifestaciones en todo el país.

Ahora, el ex profesor de 60 años, está tratando de extender la influencia de su movimiento en un futuro gobierno de izquierda si, como sugieren las encuestas, el candidato socialista Francois Hollande vence al presidente conservador Nicolas Sarkozy el 6 de mayo en la segunda vuelta.

Hijo de la revuelta estudiantil y obrera de 1968, Melenchon no se disculpa por su discurso directo y su espíritu independiente. Fue expulsado por los trotskistas y renunció a los socialistas antes de formar su propio movimiento radical, el Partido de Izquierda.

"Tengo un temperamento fuerte. ¿Qué esperan? No querrían un petardo mojado para enfrentar este tipo de desafío", dijo en una reciente entrevista televisiva.

Su temperamento y su irritable carácter le han dado una reputación de irascible, particularmente con periodistas. Él mismo fue reportero a principios de su carrera política.

El candidato radical causó un revuelo en los medios al llamar a un periodista de la BBC un "idiota". Un video que circula en Internet lo muestra faltándole el respeto a otro joven reportero que preguntó acerca de la prostitución, llamándolo hipócrita y "cabeza de chorlito".

El ingenio de Melenchon y su llamado a la revolución ciudadana contra la tiranía de las finanzas han tocado las fibras más profundas de los votantes, impulsándolo en las encuestas de opinión, pasando de ser un extraño a un espantapájaros para la derecha.

"Tienen miedo del color rojo", dijo a sus seguidores en un mitin al aire libre en la región sureste de Bearn, donde se hacen corridas de toros. "Dejémosle ese miedo a las bestias con cuernos", añadió.

Oratoria. Una encuesta del instituto CSA publicada la semana pasada, lo posicionó en el tercer lugar para la primera vuelta del 22 de abril con un 17% de los votos, por delante de su archirrival de extrema derecha Marine Le Pen. Pero la mayoría lo muestra detrás de ella con un 14 por ciento.

Parte de la atracción de Melenchon reside en su dominio de la oratoria pública, un discurso templado con referencias literarias e históricas y de agudo ingenio.

También está su apasionado llamado por una sociedad más justa y por una cruzada contra el esnobismo intelectual de la izquierda, todo lo cual ha encontrado apoyo en un electorado cínico, alienado por los escándalos y desilusionado por cuatro años de crisis económica.

Melenchon nació el 19 de agosto de 1951 en Tánger, Marruecos, de padres franceses "pied noir", ambos de ascendencia española.

Se mudó a Francia en 1962 y tuvo su primer roce con la política a una edad temprana, liderando a sus compañeros de la escuela secundaria de las montañas de Jura en la revuelta estudiantil de 1968.

Mientras estudiaba filosofía en la universidad se unió a la Organización Comunista Internacionalista, un grupo trotskista, adoptando el seudónimo de Sancerre. Fue expulsado en 1976 y pasó a integrar el Partido Socialista en 1977, para más tarde formar sus propias facciones radicales dentro del partido, la Nueva Escuela Socialista y la Izquierda Socialista.

Melenchon se desempeñó como ministro de Formación Vocacional bajo el período del primer ministro socialista Lionel Jospin desde el 2000 al 2002.

Dejó el partido en el 2008, acusándolo de moverse hacia el centro y creó el Partido de Izquierda, que se unió con el Partido Comunista y otros radicales para formar el Frente de Izquierda.

Francois Bayrou es su propio maestro en la elección francesa. El tres veces candidato a la presidencia de Francia Francois Bayrou se ha convertido en el hombre del momento y es una figura que podría terminar definiendo las elecciones del 2012, aunque su porcentaje de votos ha disminuido.

El único centrista en la campaña tiene pocas posibilidades de llegar a la segunda vuelta del 6 de mayo entre los dos principales contendientes, dado que el 10% que los encuestados espera que gane, pero sus votantes indecisos podrían darle un impulso vital al presidente Nicolas Sarkozy para lograr la victoria.

Bayrou, de 60 años, ha rechazado hasta ahora todos los intentos de ambos lados para atraerlo, y dice que los votantes necesitan liberarse de los confines de la "SarkoHollandización" para crear un nuevo centro estable. Sin embargo, no ha descartado la posibilidad de convertirse en primer ministro.

En la búsqueda para superar la arraigada izquierda y derecha de Francia, el centrista se inspira en Enrique IV, el rey que unió a los católicos y protestantes en la guerra en Francia a fines del siglo XVII después de amargos conflictos religiosos.

"Estamos aquí una vez más para tomar el destino de Francia", proclamó el ex ministro de Educación y biógrafo de Enrique IV en su primer mitin de campaña en enero.

Bayrou se desempeñó en el Gobierno en el período 1993-1997 durante las presidencias de Francois Mitterrand y Jacques Chirac y ahora es líder del Partido del Movimiento Democrático (MoDem), que fundó en el 2007.

Pese a su evocación a los reyes y al destino nacional, Bayrou es un candidato de bajo perfil sin la intensidad ni el impulso del conservador Sarkozy, que está peleando para alcanzar al socialista Francois Hollande en la crucial segunda vuelta.

Bayrou tiene un aire tranquilizador y paternal y los caricaturistas políticos se burlan de sus grandes orejas. Es metódico, contemplativo y puede ser un orador público de largo aliento.

El ex profesor también es visto políticamente como un charlatán en un país con una fuerte y tradicional división de izquierda y derecha. Proeuropeo, ha hecho campaña durante años para equilibrar los presupuestos, su tema principal en esta elección.

Hombre de campo. Los encuestadores dicen que Bayrou, que está quinto en la carrera, podría influir en el resultado si apoya a uno de los candidatos en la segunda vuelta, como se ha comprometido a hacer, y si sus seguidores siguen su ejemplo, que es menos seguro. Las encuestas indican que están divididos casi por igual entre Sarkozy y Hollande en este momento.

Cuando no está en campaña electoral, Bayrou - padre de seis hijos y practicante del catolicismo que se casó con su esposa Elisabeth a los 20 años - cria caballos de carrera en su casa en Borderes en el suroeste de Francia.

Nacido el 25 de mayo de 1951 en la ciudad donde su padre cultivaba y se desempeñó como alcalde, creció leyendo libros alrededor de la mesa con su familia.

Bayrou fue bautizado como "el orador" en la escuela por su don con las palabras pero desarrolló un tartamudeo a los siete u ocho años. Dijo que esa discapacidad, que finalmente dominó, lo hizo más decidido a tener éxito y más sensible a los demás.

Estudió literatura clásica y trabajó como profesor antes de entrar en la política. En su carrera de 30 años, ha sido diputado por el departamento de Pirineos Atlánticos en el sur de Francia casi constantemente desde 1986. Se postuló a su primera elección presidencial en el 2002.

En la carrera del 2007, Bayrou fue conocido como "el tercer hombre" en una lucha entre Sarkozy y la socialista Ségolène Royal, capturando un 19% de los votos en la primera vuelta.