Era mediados de febrero y el presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, salía otra vez al ruedo a hablar sobre uno de esos temas de los que nadie habla. Si primero fue una agresiva campaña comunicacional para que la región legalizara la marihuana, ahora esbozaba una idea más osada: legalizar las plantaciones de amapola en su país, la especie más atractiva para el mercado ilícito, pues de ésta se extrae el opio, a través del cual se producen lucrativas sustancias narcóticas.

Con 70% de aprobación ciudadana, Pérez pareciera navegar con tranquilidad en la arena política, suficiente calma para innovar con un nuevo enfoque que enfrente el no menor problema del narcotráfico en su país. Para nadie es un misterio que desde Guatemala transitan grandes cantidades de droga hacia Estados Unidos y Europa, a lo que se suman los campos de plantaciones ilegales en la frontera con México, especialmente en los departamentos de San Marcos y Huehuetenengo, donde se registra la mayor cantidad de cultivos.

Para entender y contextualizar qué está en juego con esta idea de Pérez, vale considerar los datos recogidos por la Secretaría Ejecutiva contra Adicciones y Tráfico Ilícito de Drogas de Guatemala (Seccatid), los que arrojan que "el valor para el año 2012 de los cultivos de amapola erradicados alcanzó aproximadamente los US$1.062 millones (Q 8.449.272.525) en matas", mientras que el valor en semillas "llegó a US$35.400 (Q281.500), si es que estos fueran destinados para usos legales, como los farmacéuticos y nutricionales".

La propuesta. La iniciativa anunciada por el presidente estuvo motivada por un informe con recomendaciones de la fundación Beckley, organización sin fines de lucro británica, con sede en Oxford, la que considera, según comentó su directora, Amanda Feilding, que "la ilegalidad actual del cultivo de amapola significa que los hijos de los agricultores están siendo educados en un ambiente criminal, con todas las desventajas económicas y sociales que ello implica". De esta forma, la recomendación principal del organismo es que Guatemala logre "convertir el cultivo ilícito de la adormidera o amapola, de la cual depende la subsistencia de muchos agricultores, en un cultivo lícito para la producción de medicamentos opioides".

El cambio que propone la fundación es considerable e implicaría innumerables reformas en la ley, pues según afirma Feilding, esto iría acompañado de "despenalizar la tenencia de drogas y el cultivo de pequeñas cantidades de marihuana para uso personal; así como aclarar la distinción entre delitos menores y mayores de drogas, reduciendo las sentencias por los delitos menores".

Otra alternativa que surge a partir de esta propuesta, y que podría resultarle atractiva al gobierno guatemalteco, es la posibilidad de convertir al país en un lugar de mayor acceso a la producción de medicamentos derivados de las amapolas. Es decir, podría optarse por un camino doble: reducir el costo y facilitar el acceso a ciertos medicamentos para la población local, y a su vez, convertirse en un exportador de medicamentos en la región.

Si bien el jefe de Estado explicó que hacía referencia exclusivamente a permitir el cultivo de amapolas para uso medicinal, lo cierto es que una medida de este tipo contribuiría a fomentar el impulso regional para legislar y replantear la visión de los Estados respecto de ciertas drogas, tal como lo han hecho en el último tiempo Uruguay y algunos estados de EE.UU., lo que ha reavivado la polémica por los efectos nocivos que este tipo de iniciativas pueden generar en la población.

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Los efectos de la amapola.  El psiquiatra y perito forense chileno Rodrigo Paz, explica que "de la amapola se obtiene un jugo blanco y gomoso que luego de ser procesado genera un polvo blanco conocido como opio. El opio puede ser fumado o inyectado endovenosamente, lo cual produce efectos rápidamente euforizantes (una intensa sensación de placer y excitación), seguidos de efectos sedantes y analgésicos que pueden durar varias horas. Con esto, las sustancias derivadas del opio más comunes son la heroína, morfina y codeína".

El alto potencial para efectos narcóticos e ilegales de la amapola contrasta con el farmacéutico y medicinal de la misma. La secretaria ejecutiva de la Seccatid, Luky López, comenta que algunas de las aplicaciones farmacéuticas que se les da a estas plantas son la "acción analgésica de la morfina, el tratamiento de la depresión respiratoria, la codeína, que deprime el centro de la tos, y la papaverina, de acción espasmolítica".

Los beneficios médicos de la amapola parecen ir tomando cada vez más fuerza si se considera, además, que en 2013 los campos incautados ya superaron ampliamente a los de 2012, con la erradicación de terrenos cercanos a las 2.183 hectáreas, avaluadas en cerca de US$2.680 millones. Por eso es que reenfocar el valor de estos campos para fines legales que reporten ingresos formales al país, impulsaría un sector económico, hasta el momento, no desarrollado.

Actualmente, las amapolas son cultivadas legalmente en 18 países del mundo, siendo los más grandes productores: Australia, Francia, Turquía, India y Hungaria. Por ahora, ningún país de la región figura en el ránking, y Guatemala podría ser el primero.

Los riesgos. "La experiencia de verdadero extasis es tan anormalmente intensa que genera rápidamente una compulsión a seguir buscando el estímulo, aún a costa de abandonar la búsqueda de otros placeres naturales", explica Rodrigo Paz. Por eso, agrega que “bajo ningún punto de vista recomiendo legalizar el uso recreacional de ninguna sustancia opioide. La estrategia de legalizar drogas duras, de alto potencial adictivo no me parece políticamente eficaz. Distinto es el caso de drogas menos adictivas, tales como el alcohol, nicotina y marihuana".

Desde la Seccatid, Luky López reconoce el riesgo y problema que podría significar la legalización de la plantación de amapolas, por eso considera que "es importante la fiscalización y medidas de control para minimizar el uso ilícito de las sustancias, de forma similar con los precursores químicos, con la determinación de las variedades especialmente seleccionadas para producir concentraciones mucho más bajas de alcaloides".

La iniciativa ya ha sido planteada y recogida. Ahora se espera un proceso de evaluación exhaustivo de parte de las autoridades, la población civil y los expertos para determinar el futuro de las plantaciones de amapolas. Actualmente, se trata de un multimillonario negocio del mercado negro, con el potencial de producir importantes beneficios en la calidad de vida de los guatemaltecos, pero con el desafío de establecer una institucionalidad que proteja a la población bajo un marco legal seguro, controlado y provechoso para el país.