Medidas ancladas en la tozudez del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, que asumirá oficialmente este viernes, podrían complejizar la tímida relación que comienza a reconstruir con Cuba, pero también los históricos lazos con otros países del resto de Latinoamérica, cree el académico del Instituto de Estudios Avanzados (IDEA) de la Universidad de Santiago y doctor en estudios americanos, Pablo Lacoste.

Algunas gestiones de cierre del actual Presidente Barack Obama, como el fin de la política de "pies secos pies mojados" indican una intención de dejar la casa saneada en capítulos complejos de estas siempre tensas relaciones. A juicio de Lacoste, la agenda internacional de Trump le exigirá una definición clara sobre un new deal con los inmigrantes.

"Hasta ahora las decisiones de Obama han estado en armonía con las negociaciones que se vienen haciendo respecto a Cuba y la necesidad de establecer medidas que pongan fin a las hostilidades históricas ente ambos países", sostiene sobre las opiniones de Trump sobre el asunto y que se han caracterizado por una campaña presidencial muy empapada de la visión anticastrista.

"Es probable que ocurran cambios muy bruscos con respecto a esta quietud amistosa que heredó Obama, pero es algo que tendremos que ver a medida de que se desarrolle el gobierno de Trump", agrega el profesor.

Trump se ha encargado de dejar claro que su política migratoria será algo sumamente duro. El anuncio de la construcción de un muro que separe EE.UU. y México ha concentrado gran parte de su discurso, ha sido su emblema. Sin embargo, creo que Trump está jugando con fuego al insistir en esta materia porque pone a México en una olla presión.

- ¿Ve viable el final del bloqueo económico definitivo a la isla dentro de la administración de Trump?

-El gobierno de Cuba ha reclamado la derogación del bloqueo económico de la isla durante la gestión de Obama y él le dio al gobierno cubano todo lo que pidió dentro de lo que su investidura le ha permitido. Él podía tomar medidas para renovar relaciones diplomáticas, abrir embajadas o reactivar el turismo, sin embargo no pudo levantar el bloqueo porque para ello necesitaba la autorización de un Congreso que le era adverso. 

"Me da la impresión de que Trump tampoco lo va a hacer. Tampoco creo que ocurra. Donald Trump en ningún momento ha manifestado simpatía con este proyecto de apertura con Cuba, al contrario, se ha manifestado reactivo y más tendiente a tomar medidas más duras contra el gobierno castrista", apunta.

- ¿Cómo cree que va a ir evolucionando la postura de Trump con estas políticas de relaciones internacionales a medida que avance su gobierno?

-Trump se ha encargado de dejar claro que su política migratoria será algo sumamente duro. El anuncio de la construcción de un muro que separe EE.UU. y México ha concentrado gran parte de su discurso, ha sido su emblema. Sin embargo, creo que Trump está jugando con fuego al insistir en esta materia porque pone a México en una olla presión.

Todas esas cuantiosas remesas de dólares que los inmigrantes mexicanos y de otras nacionalidades latinoamericanas envían desde EE.UU. a sus familias pobres del sur se verán truncadas mediante dos golpes tremendos a esas economías. El desmantelamiento de las fábricas que hoy operan del otro lado del río Grande, la reducción de las importaciones de las fábricas de autos y los puestos de trabajo será un descalabro evidente", señala.

Y remarca que "ambas medidas significarán una gran crisis para la economía mexicana en el norte en principio, pero también hacia el sur del continente. Si a eso agregas el muro que impedirá cualquier oportunidad de cruzar la frontera, tienes una profunda inestabilidad económica, social y política que se extenderá por toda la región. Hoy en día, todos los países de América Central dependen de esa economía. A la larga, las medidas de Donald Trump son muy peligrosas porque van a perjudicar también la economía de los mismos EE.UU.".