En las elecciones de Estados Unidos para renovar su presidencia, México se encuentra justo en el centro de atención en la agenda política de los aspirantes a la Casa Blanca, pero desafortunadamente no de la manera correcta. Por ello, si quiere mejorar su imagen en ese país, debe empezar en casa y abordar las mayores preocupaciones de los mexicanos y estadounidenses, como son el combate a la inseguridad, corrupción y la pobreza, planteó Antonio Garza.

En entrevista, el ex embajador de Estados Unidos en territorio mexicano (2002 a 2009) señaló que el hecho de que México esté entrelazado con algunos de los asuntos más sensibles para Estados Unidos, como lo son la migración, seguridad nacional y la economía, generó que fuera blanco fácil de tendencias nacionalistas, aislacionistas y proteccionistas que surgieron esta temporada electoral.

- ¿El proceso electoral en Estados Unidos tiene algún impacto para la relación bilateral con México?

Por supuesto que tendrá un impacto. En Estados Unidos se dice que cada elección trae consecuencias y en estos tiempos esto parece particularmente cierto. Sin embargo, las consecuencias no son necesariamente algo malo. Cada administración toma posesión del cargo con un equipo nuevo, un enfoque diferente y una lista de prioridades.

Sí, habrá un periodo de transición cuando los nuevos funcionarios tengan que conocerse entre ellos y aprender de la relación bilateral.

Pero el rotar a los equipos ayuda a mantener una relación dinámica y dar un respiro de nueva energía al estatus quo. A veces es para mejorar, acercar a nuestros países, y otras veces, no tanto.

Después de haber vivido en México durante las últimas cuatro elecciones de Estados Unidos, tengo que decir que nunca había visto a los mexicanos tan atentos a la dinámica de la política estadounidense o siguiendo de cerca el proceso electoral. Durante años he escuchado a los mexicanos decir que su país debería tener mayor prioridad en la agenda política de Estados Unidos. Bueno, en esta ocasión México se encuentra justo en el centro de atención, pero desafortunadamente no en la manera correcta que todos habríamos esperado.

- ¿Qué opina sobre el golpeteo que ha sufrido México en las precampañas y campañas en EU?

Definitivamente México ha recibido unos cuantos golpes durante las campañas electorales de EU. Aun así, el hecho de que México pueda aparecer bajo una luz negativa para una ganancia política demuestra lo mucho que México no es un tema de política exterior cualquiera para EU.

En cambio, México está entrelazado con algunos de los asuntos más sensibles para Estados Unidos: migración, seguridad nacional y la economía. Así que tiene sentido que, cuando tendencias nacionalistas, aislacionistas y proteccionistas surgieron esta temporada electoral, México fue un blanco fácil. Únicamente se necesitaron políticos que canalizaron muchos de los miedos y frustraciones de los estadounidenses hacia México y entonces se tiene la situación actual, en donde el país se ha convertido en un chivo expiatorio de campaña. Y de ninguna manera quiero decir que es una posición correcta, pero es lo que hemos visto.

- ¿Qué le pareció la decisión de Trump de aceptar la invitación para reunirse con el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y el rechazo de Hillary Clinton?

Siendo honesto, me sorprende más el que se haya extendido esta invitación que a decisión del señor Trump de aceptarla. Para el señor Trump, la visita tuvo un claro sentido político. Permitió al candidato presentarse como un contendiente presidencial serio, actuando a la “Nixon va a China” y dominando la cobertura mediática de Estados Unidos por al menos 24 horas.

Para el presidente Enrique Peña Nieto, la visita fue un completo desastre. Más allá de la feroz respuesta en México —que seguramente ayudó a consolidar la posición del presidente de un hombre de paja por los dos años restantes de su sexenio—, la inusual organización de la visita hirió susceptibilidades a través de su propia administración y tal vez también en Estados Unidos.

Simplemente no hay una buena razón para invitar a cualquier candidato presidencial de Estados Unidos a tan sólo 60 a días de las votaciones de noviembre. Los funcionarios mexicanos podrían haber persuadido hacia muchos acercamientos diferentes y posiblemente más efectivos, como invitar al presidente electo a México en diciembre o enviar al presidente Peña Nieto o a la secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, a reunirse con ambos candidatos al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

- ¿Qué considera que debería hacer el gobierno mexicano para mejorar la imagen del país en el exterior y evitar ser objeto de ataques por parte, especialmente, del candidato republicano Donald Trump?

En primer lugar, no recomendaría que México se involucre en un una generalizada campaña de imagen durante una cargada temporada electoral en Estados Unidos. Esto es especialmente cierto dado lo que dije antes, que muchos de los ataques de campaña hacia México tienen su raíz en preocupaciones y miedos nacionales de EU. En cambio, en este momento, México debería delinear sus propios intereses, aquellos que ve amenazados por las propuestas de política del señor Trump. Una vez que han sido identificados, México puede utilizar diferentes estrategias para tratar de impedir cualquier resultado particularmente dañino o para mitigar las consecuencias. Esto será mucho más efectivo que tratar de evitar que el señor Trump diga algo desfavorable —algo que sus propios asesores aún no han encontrado la forma de hacer-.

Considerando una visión a largo plazo, México puede mejorar su imagen en Estados Unidos al empezar en casa y abordar las mayores preocupaciones de los mexicanos y estadounidenses (tales como la inseguridad, corrupción y niveles de pobreza).

Hablando claramente, no puedes vender una imagen sin contenido.

Pero al mismo tiempo, el gobierno también debería buscar vías para que ambos pueblos se conozcan entre sí, ya sea por medio de eventos culturales, intercambios educativos o lazos económicos transfronterizos. Si los estadounidenses comprendieran mejor a México, entonces los ataques de los políticos de EU no ganarían tanto terreno.

- ¿Cómo considera que se puede lograr que el próximo presidente o presidenta de EU vea a México como un aliado y no como un enemigo de ese país?

Esto dependerá completamente de cuál candidato se convierta en presidente. Respecto de México, la señora Clinton ha presentado un enfoque más claro y en gran medida sería una continuación de las políticas del presidente Obama.

Imaginaría que en una presidencia de Clinton, la relación bilateral México - EU se vería un poco parecida al statu quo presente, con algunos ajustes o expansión de programas actuales.
Es más difícil saber cómo se vería una presidencia de Trump para México, dado el ir y venir de su tono y contenido. Todos sabemos que ha propuesto construir un muro a lo largo de la frontera, exigiendo que México pague por él y amenazado con bloquear el flujo de remesas para conseguirlo, dos propuestas que me parecen absurdas. En pocas palabras, ha delineado una dramática fractura de las normas de relación establecidas.

Ciertamente, espero que en calidad de presidente, el señor Trump no continúe con esta estrategia. Pero si así lo hiciera, entonces México necesitaría renovar su propio acercamiento en respuesta a Estados Unidos.

- ¿Cree que alguno de los candidatos puede representar un riesgo para México y la relación que tiene con Estados Unidos?

Creo que la posición antiacuerdos comerciales de ambos candidatos representa un riesgo potencial para la relación bilateral México- Estados Unidos. Sí, existen obstáculos comerciales que se podrían resolver o normativas que podrían ser actualizadas. Pero abandonar cualquier apoyo al TLCAN o el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) es una reacción política exagerada que podría traer consecuencias negativas a la cercana integración económica de ambos países.

Sobre la relación en general, la política del señor Trump hacia México es claramente un mayor riesgo. Su tono hacia México ha sido menos que amable y, si continúa con sus propuestas de política, podríamos ver un profundo enfriamiento de la relación bilateral. Esto sería extraordinariamente desafortunado, destruir décadas de buena voluntad y dañar la economía tanto de México como de Estados Unidos. Lo que me parece que el señor Trump no considera es que millones de empleos en Estados Unidos dependen del comercio con México y cambios a las políticas económicas bilaterales seriamente arriesgarían este sustento de los estadounidenses.