La presidenta de Argentina, Cristina Fernández, tiene una gran ventaja en las encuestas cuando faltan seis meses para las elecciones generales en las que está previsto que se presente para competir por su reelección.

Ningún dirigente ha surgido como un fuerte contendiente y los esfuerzos de la oposición se están intensificando para forzar alianzas que permitan derrotar a Fernández el 23 de octubre.

Las candidaturas suelen anunciarse a último momento en Argentina, pero bajo la nueva ley electoral que fija primarias para agosto, los políticos deben registrarse antes del 25 de junio para poder competir.

A continuación, posibles escenarios para los próximos meses de la carrera electoral en la tercera mayor economía de América Latina:

Fernández anuncia su candidatura. Si las encuestas continúan mostrando que Fernández aumenta su liderazgo en la carrera presidencial, eso podría llevarla a anunciar su candidatura para la reelección antes de la fecha límite de junio.

La mayor parte de los analistas políticos consideran que se postulará, reflejando un compromiso para continuar las políticas introducidas desde el 2003 por su fallecido marido y predecesor, Néstor Kirchner.

Encuestas recientes la ubican con una fuerte ventaja sobre su rival más cercano, el diputado Ricardo Alfonsín, de la socialdemócrata Unión Cívica Radical (UCR), sugiriendo que ganaría con facilidad la elección en primera vuelta y evitaría un balotaje.

Bajo la ley argentina, los candidatos pueden ganar en primera vuelta si consiguen por lo menos el 40 por ciento de los votos con una diferencia del 10 por ciento respecto del segundo.

Una victoria en primera vuelta está garantizada con el 45% de los votos, algo que puede ser posible si ella evita controversias antes de las elecciones y si la oposición falla en forjar alianzas firmes.

Con el fuerte crecimiento económico y la oposición dispersa, el principal riesgo para la tasa de aprobación de Fernández es una decisión política poco popular o un estallido repentino de malestar laboral.

Sin embargo, ella probablemente retrasará cualquier tipo de reforma controversial, como recortar los subsidios a los servicios públicos, hasta después de la votación.

Su elección de compañero de fórmula también podría resultar crucial, especialmente porque líderes sindicales como Hugo Moyano insisten en que elija a un sindicalista como vicepresidente. Aliados de la izquierda probablemente se resistan a cualquier estrategia que incremente el poder de Moyano.

Fernández decide no postularse. A seis meses de las elecciones, este parece el escenario menos probable. Sin embargo, Fernández continúa el duelo por la muerte en octubre pasado de su influyente marido y medios críticos sugirieron que presiones familiares y problemas de salud podrían llevarla a bajarse y nombrar a un sucesor.

Fernández sufre de baja presión y ha cancelado varios compromisos recientes.

En los días después de la muerte de Kirchner, Fernández prometió continuar con su legado político y hasta ahora se ha mantenido fiel a la mezcla de discurso combativo e intervención económica estatal de la poco ortodoxa pareja.

Analistas económicos sin embargo indican varios problemas crecientes en Argentina, por ejemplo la inflación de dos dígitos que amenaza con anular el beneficio del robusto crecimiento económico para muchos consumidores y exportadores argentinos.

El temor a que el apoyo a su Gobierno pueda decaer en un segundo mandato podría disuadirla de buscar la reelección.

Sus opciones para un potencial sucesor parecen ser limitadas. Aún menos candidatos podrían ganar la aprobación de toda su base electoral. La opción más obvia sería el moderado gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, un aliado leal que es popular y predica una política de Gobierno más amigable con el empresariado.

Scioli no aglutina a los electores kirchneristas de izquierda, pero está posicionado continuamente como uno de los políticos más populares del país y tendría una buena posibilidad de ser electo.

Alfonsín lidera alianza opositora. El diputado Ricardo Alfonsín es el candidato opositor más claro de Fernández desde la centroizquierda y probablemente liderará una alianza lo suficientemente fuerte para erosionar la ventaja de la presidenta en las encuestas.

Ya dijo que no formará alianzas con políticos de centroderecha como el alcalde de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, otro candidato presidencial que suele ubicarse en tercer lugar detrás de Alfonsín.

Una alianza con el ex presidente Eduardo Duhalde, un disidente peronista de centro, podría ser más aceptable para Alfonsín, pero podría ser resistida por pequeños partidos de izquierda incluyendo a los socialistas.

Esas agrupaciones han expresado dudas respecto de aliarse con el popular diputado Francisco de Narváez, un peronista disidente que planea postularse como gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Si Alfonsín elige un acuerdo con figuras del peronismo, los izquierdistas podrían buscar un pacto con Proyecto Sur, un partido dirigido por el director de cine izquierdista y diputado Pino Solanas.

Por otro lado, Alfonsín podría aumentar su medición en las encuestas si confirma a un conocido y respetado político como su compañero de fórmula.

El socialista Hermes Binner, gobernador de la rica provincia de Santa Fe, fue mencionado como una opción posible, aunque podría tener sus propias ambiciones presidenciales.


Macri lidera la alianza opositora. Macri, un millonario que fue presidente del popular club Boca Juniors, es considerado hace mucho como la gran esperanza de opositores de centroderecha y podría todavía ser un jugador central en un pacto que ayude a derrotar a Fernández en octubre.

Sin embargo, una lucha de poder dentro de su partido PRO amenaza con dañar sus posibilidades para mantener el control sobre el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires en las elecciones de julio, aumentando la posibilidad de que se retire de la elección presidencial para concentrarse en la alcaldía.

Macri participó de una victoriosa alianza con peronistas disidentes en las elecciones legislativas de junio del 2009, que propinó una dura derrota para Kirchner en la provincia de Buenos Aires, y podría hacer un pacto similar ahora.

Si Macri fuese a bajarse de la elección presidencial, podría estar dispuesto a ceder su candidatura a uno de los peronistas disidentes, aunque Duhalde sería una elección riesgosa dado el alto rechazo que genera entre muchos votantes.

Otro posible compañero podría ser el ex gobernador Felipe Solá, otro peronista de centro, pero un acuerdo Macri-Solá no sería una gran amenaza para Fernández.