Singapur. Kim Jong-un recibió un eufórico apretón de manos de parte del ministro de Exteriores de Singapur, Vivian Balankrishnan, cuando el norcoreano llegó al aeropuerto de Singapur este domingo por la tarde. El dictador de 34 años lucía un traje oscuro, gafas y su característico peinado hipster. Sobre todo, Kim mostró una gran sonrisa.

Ya solo el hecho de que la cumbre con el presidente estadounidense se vuelva realidad, es un gran éxito para Kim. Su abuelo Kim Il-sung ya había soñado con negociar en igualdad de condiciones con Washington.

Trump también aterrizó en Singapur de buen humor. "Es genial estar en Singapur. El entusiasmo se nota en el aire" escribió en un tuit desde el aeropuerto. A la pregunta de un periodista sobre como se sentía, Trump respondió: "muy bien". Según la agencia de noticias surcoreana, "las expectativas de un resultado exitoso están creciendo".

"La reunión del siglo". El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in parece pensar de manera similar. Según él, la cumbre de Singapur es la "reunión del siglo". "Espero que sea un hito histórico en el camino hacia la paz", dijo.

El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in parece pensar de manera similar. Según él, la cumbre de Singapur es la "reunión del siglo". "Espero que sea un hito histórico en el camino hacia la paz", dijo.

Además, Moon espera que se llegue a un acuerdo sobre la desnuclearización de Corea del Norte como sobre la terminación oficial de la Guerra de Corea.

La debacle del G7 no aumentó necesariamente la credibilidad del presidente estadounidense. Además, Trump abandonó hace pocas semanas innecesariamente el acuerdo nuclear con Irán.

Según Larry Kudlow, asesor económico de Trump, el presidente retiró su apoyo a la declaración final del G7 para no mostrar debilidad en el periodo previo a la cumbre con Corea del Norte.

¿Se entienden o no se entienden? A pesar de toda la animosidad anterior al encuentro, casi parece que el presidente estadounidense está castigando a sus viejos aliados mientras que a la vez se siente mucho más a gusto con Kim Jong-un.

El veterano corresponsal en Seúl Sebastian Faletti, que recientemente publicó un libro sobre Kim, observa paralelos biográficos entre éste y Donald Trump: ambos son segundos hijos de sus padres, ambos no estaban originalmente destinados a ser los herederos de sus padres y ambos tuvieron que luchar y sobrevivir en ambientes difíciles: Trump en el sector inmobiliario de Nueva York y Kim en las filas del partido en Pyongyang.

Un acuerdo histórico con Corea del Norte sería sin duda un tremendo regalo para el ego sobredimensionado de Donald Trump. Kim, por su parte, también tiene un gran interés en un éxito. En otro caso, Washington volvería sin duda a la retorica bélica del año pasado.

Kim ya mostró ser diferente de sus predecesores. Por un lado es extremamente brutal. Ordenó la ejecución de su tío Jang Seong Thaek y la de su hermanastro Kim Jong-nam.

Por otro lado, sin embargo, inició una cierta apertura económica de su país. Se dice que en su régimen el numero de presos políticos se ha reducido a la mitad, quedando unos 100.000.

¿Más que una sesión de fotos? El dictador sabe presentarse ante las cámaras de su mejor lado. En la primera cumbre intercoreana con el presidente Moon Jae-in, el 27 de abril, cambió la percepción del régimen al instante con su actitud llena de humor.

Sin embargo, uno de los conflictos más peligrosos a nivel mundial no debe ser reducido a un show de meros gestos simbólicos. Muchos críticos ya opinan que la cumbre de Singapur no es más que una sesión de fotos. Según la agencia de noticias Reuters, el avión de Kim Jong-un tiene previsto partir hacia Pyongyang solo cinco horas después del apretón de manos con Trump.