Buenos Aires. La presidenta argentina, Cristina Fernández, está apostando su futuro a una agrupación de jóvenes oficialistas fundada por su hijo, en un desafío a aliados tradicionales de su partido peronista cuando está en plena carrera por la reelección.

La mandataria de centro izquierda, que según encuestas podría ganar holgadamente las elecciones del 23 de octubre gracias al pujante crecimiento de la tercera mayor economía latinoamericana, ha condimentado las listas electorales del partido gobernante con ultraleales miembros agrupados en "La Cámpora".

El rápido ascenso de "La Cámpora" ha molestado a algunos de los antiguos aliados peronistas, como sindicalistas y los alcaldes que controlan la aceitada maquinaria electoral peronista en la poblada periferia de Buenos Aires.

Es común escuchar que en Argentina es difícil ganar el poder y aún más difícil mantenerlo sin el respaldo de esos pesos pesados del peronismo, por lo que crear una división con los sindicatos podría ser peligroso, especialmente en momentos en que una alta inflación agudiza las demandas salariales.

El predecesor y esposo de Fernández, Néstor Kirchner, quien murió hace nueve meses, convirtió este apotegma en su mantra político.

Pero, animada por niveles de aprobación de más del 50%, Fernández parece estar determinada a poner su propio sello en la base de poder que heredó de Kirchner, quien gobernó entre el 2003 y el 2007.

"Están construyendo un partido político propio", dijo Ricardo Sidicaro, un sociólogo del estatal centro de investigaciones argentino Conicet.

"No cabe duda de que se ha producido una fractura irreparable...(y) se ha distanciado del peronismo tradicional que era el mayor límite que tuvo Néstor Kirchner", agregó.

Tras el descontento inicial provocado por la conformación de las listas electorales, los sindicalistas, que habían exigido mayor participación en las decisiones políticas, y otros aliados, han disminuido las tensiones.

"Cuando hay 100 pretendientes para diez novias, hay 90 que van a quedar calientes", dijo esta semana a una radio Héctor Recalde, diputado y asesor legal de la mayor central obrera del país, la CGT.

"Nosotros seguimos apoyando la reelección de Cristina", agregó Recalde, cuyo hijo es un líder de La Cámpora y preside la estatal Aerolíneas Argentinas.

El gobierno ha acusado a los principales medios de comunicación de azuzar la controversia por las listas electorales.

Jóvenes y leales. "Siempre hablan de la renovación de la política y en contra de los estamentos y de las estructuras y ahora que hay jóvenes en las listas, esto es un desastre", dijo en un programa de televisión el ministro de Economía, Amado Boudou, candidato oficialista a la vicepresidencia.

Boudou, un economista de 48 años y aficionado a la música rock, no procede de las filas de "La Cámpora". Pero comparte los mismos atributos que a Fernández le gusta promover: lealtad, acercamiento a la juventud y perfil profesional.

Tomando el nombre de Héctor Cámpora, un presidente que gobernó el país por pocos días en 1973, el movimiento "La Cámpora" fue fundado por el hijo del matrimonio Kirchner, Máximo -de 34 años-, durante la presidencia de su padre, y varios miembros han alcanzado cargos estatales altos.

Además de a Recalde en Aerolíneas Argentinas, el gobierno designó a un economista de "La Cámpora" en la junta directiva de la acería Siderar, lo que causó una disputa legal con la empresa este año.

Otros economistas del grupo fueron nombrados en representación del Estado en directorios de grandes empresas, como Iván Heyn, en el gigante del aluminio Aluar.

El movimiento ha ganado atención desde que Kirchner murió de un ataque cardíaco en octubre y miles de jóvenes hicieron fila ante su féretro para rendirle homenaje.

Con la muerte de Kirchner los mercados financieros estaban esperanzados de que se anunciara la llegada de un gobierno que pudiera ser más amigable con los intereses de los inversionistas.

Pero su fallecimiento terminó impulsando la popularidad de Fernández y dio nueva vida a la política intervencionista que defienden esos jóvenes, marcados por la crisis económica de 2001/2002, que llevó a millones de argentinos a la pobreza.

La muerte de Kirchner "subió el grado de participación de todos. Nos hizo subir un escalón más en lo que podríamos dar", dijo Juan Cabandié, principal candidato oficialista a la Legislatura de Buenos Aires y una figura clave de La Cámpora.

"Ella apuesta a esta generación porque es la garantía de que el proyecto perdure por muchas décadas más", agregó.

Si Fernández es reelecta, muchos esperan que más puestos clave sean dados a jóvenes leales y algunos mencionan que el economista Diego Bossio, jefe del fondo estatal de las pensiones ANSES, y quien no pertenece a "La Cámpora", podría ser designado ministro de Economía.