“Faltan 11 meses para las elecciones presidenciales de 2011, pero hoy las encuestas dicen que Cristina gana”, comenta Roberto Bacman, titular del Centro de Estudios de Opinión Pública, en Buenos Aires. Pero reconoce que en Argentina un plazo de esa magnitud es un sucedáneo bastante bueno de la eternidad.

Cristina Kirchner había ido sumando puntos con tenacidad, luego de la derrota en los comicios parlamentarios de junio de 2009. La recuperación rápida de la economía, la celebración exitosa del bicentenario, la renegociación de la deuda externa en default y los efectos de la asignación básica universal para los niños ya habían puesto a su administración de nuevo en pie. Sin embargo, la muerte inesperada del ex presidente Néstor Kirchner terminó de poner patas arriba al tablero político y le dio al oficialismo el control de la iniciativa, pese a ser minoría en el Parlamento.

¿Logrará capitalizar esta situación en 2011? Por ahora lo está haciendo. “Cristina, que medía 54% de aprobación, subió al 65% luego de la muerte del ex presidente Kirchner”, dice Bacman.

“La oposición está en serios problemas”, dice, por su parte, Ricardo Rouvier, de la consultora Rouvier & Asociados. “No logró afirmar ningún liderazgo”. Y está dividida en cuatro grupos principales y ninguno, según Bacman, presenta un proyecto alternativo de gobernabilidad.

“El Peronismo Federal nació como unión de los viejos adversarios internos de Néstor Kirchner”, dice Bacman. “Ahora están en un momento de crisis. No tienen un candidato competitivo”, dice Rouvier.

El radicalismo, en cambio, ostenta dos: Ricardo Alfonsín (hijo del ex presidente Raúl Alfonsín) y Julio Cobos, actual vicepresidente (que rompió con el gobierno), pero carga el estigma de no haber podido terminar normalmente sus dos últimas administraciones. En cuanto a la gran carta liberal, el alcalde de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, su inexperiencia política y su temperamento personalista le han pasado la cuenta, llevando incluso a la división entre sus propias filas.

Cristina Kirchner, de todas formas, no puede dar la carrera por ganada. Si bien es casi imposible que tenga problemas en la administración del gobierno, tarea para la cual está bien dotada, algunos estiman que el desafío se encuentra en otro lugar: dentro del propio peronismo. “Se va a sentir la ausencia de Néstor Kirchner. Él era el que manejaba las relaciones con el complejo PJ”, reconoce Bacman. ¿Sufrirá por ello el “Efecto princesita peronista” que algunos le achacan? 

“Las cosas van a andar mientras cada intendente y gobernador vea que, aliados con ella, es posible ser reelegidos o mantener el poder”, dice Bacman.

Con este panorama, el kirchnerismo corre más riesgos, como en el tenis, de errores no forzados. En esta línea el principal podría provenir de la economía, que se mueve a gran velocidad impulsada por el consumo y la inversión en infraestructura. “El riesgo latente para 2011 es la inflación”, augura la economista Victoria Giarrizo, del centro de estudios CERX. Las condiciones favorables de 2010 tienden a repetirse, agrega. “La duda es cómo operará la inflación en las decisiones de consumo de las personas. En 11 meses lo sabremos. Y, al decir de Bacman, en ese período “Cristina va a sorprender a más de uno”.