Buenos Aires. La presidenta de Argentina, Cristina Fernández, inició el sábado su segundo mandato con un llamado a mejorar la competitividad de una economía resentida por la alta inflación y la promesa de mantener políticas proteccionistas ante la crisis global.

En su mensaje inaugural, Fernández destacó el fuerte crecimiento de la economía local en los últimos años e indicó que su modelo que combina expansión acelerada y fuerte gasto estatal requiere de "sintonía fina", sugiriendo que resistirá presiones para devaluar el peso o tomar deuda en el exterior.

"El gran desafío que vamos a tener en esta etapa que viene, mejorar la competitividad, que no pasa ni por el club de los devaluadores, ni por el club de los endeudadores, que pasa por el club de los que queremos generar mayor valor agregado", expresó Fernández.

La economía argentina ha crecido a altas tasas desde el 2003, excepto en el 2009, pero analistas esperan una brusca desaceleración el próximo año por una caída de la demanda global y menores precios de las materias primas.

Una inflación en torno a un 25% anual, según mediciones privadas, muy por encima del ritmo de depreciación de la moneda local, ha restado competitividad y fomentado la importación de bienes, que el Gobierno trata de contener con políticas de estímulo a la producción local y una contención de las importaciones.

La elevada inflación, que opositores y economistas privados ven como contracara de la veloz expansión económica, golpea, además de la competitividad del sector empresarial, la capacidad de compra de los consumidores.

El avance de los precios también podría profundizar el enfrentamiento de Fernández con los sindicatos, que recientemente mostraron diferencias con la mandataria y prometieron ser duros en las negociaciones por salario que se iniciarán en los próximos meses.

"Con nosotros derecho de huelga, hay, pero no de chantaje ni de extorsión", dijo la presidenta Fernández en su discurso inaugural.

La mandataria contrastó la veloz expansión de la economía argentina tras la aguda crisis de 2001-2002 con la situación que enfrentan los países ricos, especialmente en Europa.

"(Los países desarrollados) gobiernan con metas de crecimiento, pero del sector financiero, y yo quiero ratificarles que nosotros gobernamos con metas de crecimiento del trabajo y del empleo. Estos son los ejes de nuestro gobierno y estos van a seguir siendo", dijo Fernández.

Que Kirchner me lo demande. La mandataria rompió el protocolo en la ceremonia de juramento celebrada en el Congreso, en la prometió desempeñarse "con lealtad y patriotismo", invocando el nombre de su fallecido esposo y antecesor, Néstor Kirchner.

"Si así no lo hiciese, que Dios, la Patria y él (por Kirchner) me lo demanden", dijo Fernández emocionada. Desde que Kirchner falleció hace un año la mandataria se refiere a su esposo como "él" en sus discursos.

Luego recibió la banda presidencial de manos de su hija, Florencia, en vez de del saliente vicepresidente, Julio Cobos, con quien Fernández mantuvo una feroz disputa.

El saliente ministro de Economía, Amado Boudou, asumió como vicepresidente, y en su lugar asumirá en la tarde del sábado Hernán Lorenzino, secretario de Finanzas desde el 2008.

A la ceremonia de juramentación asistieron los presidentes de Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia, además del príncipe heredero de la corona española, entre otros representantes extranjeros.