Buenos Aires. En medio de un clima de inusual tranquilidad ad portas de unos comicios presidenciales, la mandataria y candidata a la reelección Cristina Fernández dedicó sus últimas horas antes de las elecciones a visitar el mausoleo donde descansan los restos de su esposo el ex presidente Nelson Kirchner.

Cristina Fernández arribó el jueves a Río Gallego donde ha guardado hermetismo tal como lo señala la ley Argentina que prohíbe hacer propaganda horas antes las votaciones.

Se prevé que a las 11:00 horas la postulante concurra a emitir su voto y regrese de inmediato a Buenos Aires. A las 18 horas ya se encontraría en su comando en el Hotel Intercontinental para esperar las 21 horas cuando se conocerían los resultados de los sufragios que a la luz de las encuestas da una comoda ventaja a la mandataria.

Todos los sondeos indican que la actual mandataria seguirá al frente de la Casa Rosada, sin necesidad de disputar una segunda vuelta y por una mayoría abrumadora, sumando un mandato que la ubicaría en el gobierno hasta 2015.

Pocos meses después de iniciar su presidencia en 2007, cuando sucedió a su marido Néstor Kirchner -quien falleció en octubre del 2010-, un feroz enfrentamiento con el poderoso sector rural desplomó la imagen positiva de Fernández hasta niveles cercanos a 20%.

Eso llevó a muchos a asegurar que la abogada de 58 años no se recuperaría y el llamado "kirchnerismo" tendría sus días contados en el poder. Los candidatos de la mandataria perdieron las elecciones de medio término en 2009 y con ellas el control del Congreso.

Incluso, tras la muerte de su esposo, quien era el principal consejero político de Fernández y para muchos era quien estaba detrás de las grandes decisiones, surgieron versiones de que la presidenta abandonaría la política.

Pero la viudez fortaleció a Fernández, quien logró desde los masivos funerales de Kirchner una gran mejora en su imagen, y en agosto ganó abrumadoramente las elecciones primarias para ratificar candidaturas con más de 50% de los votos.

"Estoy acostumbrada a situaciones de extrema presión y a no perder la calma. Tengo muy alto el umbral de la presión psíquica", dijo en una entrevista que concedió para el libro "La Presidenta", de la periodista oficialista Sandra Russo.

"Desde que él murió, es como si yo hubiera profundizado esa tolerancia a la presión. Están esperando que me salga de la vaina, pero no me salgo fácilmente. Ahora ya no tengo el contrabalanceo con Néstor porque siempre cuando uno se sacaba, el otro contenía. Ahora tengo que hacerlo yo sola", agregó.

Según los sondeos, Fernández superará el 50% de los votos, secundada por el socialista Hermes Binner, gobernador saliente de la central provincia de Santa Fe, quien lograría entre un 12% y un 16% de los sufragios.

Analistas atribuyen el contundente apoyo de la población al robusto crecimiento económico y a la ineficacia de la fragmentada oposición para construir una fuerza alternativa consistente.

Además, el conflicto con el sector agropecuario se diluyó y muchos ruralistas hoy apoyan su candidatura.

"Le decía ayer a dirigentes sectoriales agropecuarios cuando hablaba con ellos que tenemos que entender cuando somos Gobierno los reclamos de los sectores, porque obviamente para eso están las dirigencias sectoriales", dijo el martes en un discurso en Entre Ríos, una provincia agropecuaria.

"Pero los dirigentes sectoriales deben entender que un presidente debe gobernar para los 40 millones de argentinos y debe articular en forma eficaz y eficiente esos intereses", agregó.

"Yo nunca quise ser candidata. Nunca. Ni para presidenta ni para senadora ni para diputada provincial. Me tuvieron que convencer siempre", dijo Fernández, citada en "La Presidenta".

La mandataria comenzó a ser conocida a nivel nacional aún antes que su esposo, cuando representaba a la patagónica provincia de Santa Cruz en el Senado, donde se hizo popular por su estilo combativo que la llevó a enfrentarse con líderes de su propio partido, el peronismo.

Sus colaboradores, los pocos que hablan sobre ella, la describen como obsesiva, exigente y poco tolerante con los errores propios y ajenos.

Con su viudez, crecieron las expectativas de que Fernández cambie su por momentos dura forma de gobernar, que muchos atribuían a la influencia de su esposo, y que incluyó medidas traumáticas como una repentina estatización de los fondos privados de pensión y una batalla legal con el principal conglomerado de medios del país, el Grupo Clarín.

Tras la muerte de Kirchner, la mandataria viste de riguroso luto y cada tanto rompe en llanto en sus discursos, cuyo tono ha suavizado. Pese a ello, su tirante relación con los medios de comunicación críticos de su administración no ha cambiado.

Sus detractores la critican por el hermetismo que caracteriza su relación con la prensa, pero desde el Gobierno explican que prefiere comunicarse "directamente" con los argentinos a través de sus discursos en actos prácticamente diarios por todo el país.