Este jueves se cumple un mes de la asunción de José Mujica a la presidencia de la República de Uruguay, 31 primeros días de gestión que el politólogo Adolfo Garcé consideran que han servido para demostrar “cierta desprolijidad en algunas circunstancias”.

“Mujica va a mil kilómetros por hora, a un ritmo de cuando era candidato, y no es lo mismo. A un candidato se le perdona todo, a un presidente no”, agregó Garcé en declaraciones a radio Carve.

Para el analista, cuando un político está en campaña puede resultar “positivo” exponerse mucho, pero cuando se debe cumplir con los roles que exige la presidencia “es más peligroso”.

“Se levantan expectativas que luego no se cumplen y genera imagen de desconcierto. Se le pide a un presidente que mande y que tenga ideas claras. Debe ser sensible y saber escuchar, pero también saber mandar”, agregó.

Garcé recordó el estilo sobrio que mantuvo Tabaré Vázquez (2005-2010) durante su gestión y lo contrapuso con el de Jorge Batlle (2000-2005).

“Vázquez se cuidó mucho, habló poco y se expuso poco (…) Batlle (sin embargo) hacía cosas sorprendentes que caían bien hasta que hizo cosas sorprendentes que cayeron mal”, concluyó.