Cuatro nuevas cárceles fueron anunciadas este jueves por el presidente de Chile, Sebastián Piñera, como parte del plan para modernizar y mejorar el sistema carcelario en el país.

De las cuatro nuevas cárceles anunciadas, dos serán para presos de baja peligrosidad, con especial énfasis en la rehabilitación, ya que sus instalaciones ofrecerán la posibilidad que el 100% de ellos trabaje, contando además con mismo estándar de seguridad y control externo que los demás recintos penitenciarios.

En una ceremonia efectuada en el palacio de La Moneda, Sebastián Piñera, junto a los ministros de Justicia, Felipe Bulnes, y Obras Públicas, Hernán de Solminihac, presentó el Plan de Cárceles, que contempla una inversión de US$410 millones.

El mandatario recalcó que este es un nuevo paso en la lucha contra la delincuencia, en la que “no basta con voluntad y actitud, también se requiere innovación e inteligencia”, señaló.

El jefe de Estado también realizó un diagnóstico sobre la situación carcelaria actual, asegurando que “tenemos un sistema en que el hacinamiento es absolutamente inaceptable, con una sobrepoblación penal que hoy día alcanza a 19 mil personas”.

“En estas condiciones de hacinamiento es muy difícil que las cárceles cumplan el rol de no solamente recluir para proteger a los ciudadanos, sino que también de intentar rehabilitar a los reclusos”, agregó.

En esta misma línea, anunció que el nuevo plan agrega 11 mil nuevas plazas al sistema carcelario, reduciendo sustancialmente la situación de hacinamiento.

Otro de los de los puntos fundamentales del proyecto, explicó el mandatario, es el “segregar y separar a los presos de alta peligrosidad, que están permanentemente planificando cómo agredir a los gendarmes, cómo cometer delito dentro de la cárcel y cómo, apenas salir, seguir cometiendo delito, de aquellos que son presos por primera vez, de baja peligrosidad y que tienen que tener una oportunidad de rehabilitación”.

Como tercer gran objetivo del plan, remarcó el mejoramiento de las condiciones de vida de los reclusos, señalando que muchas veces “no son compatibles con la dignidad ni con el respeto a los derechos humanos que una sociedad como la chilena quiere tener”.

Una tercera cárcel será de máxima seguridad, para presos de alto compromiso delictual. Estará destinada a reclusos que representan un riesgo para los gendarmes y los demás internos, y que buscan persistentemente seguir delinquiendo desde la cárcel.

La cuarta obra que se construirá será un Centro de Clasificación y Derivación de internos, que recibirá a todo nuevo condenado durante un período cercano a los 30 días, para estudiar su perfil criminógeno, su comportamiento bajo condiciones de encierro, patrón de conducta individual y colectiva y disposición a la rehabilitación. Así, se determinará la correcta clasificación del condenado y el tipo de recinto definitivo donde debe cumplir su pena.