La Habana. Cuba llevará este viernes a juicio a un estadounidense acusado de atentar contra la Seguridad del Estado, un caso con sabor a Guerra Fría que arruinó un acercamiento entre ambas naciones enemigas.

La fiscalía ha pedido 20 años de cárcel para Alan Gross, detenido en diciembre del 2009 por distribuir en Cuba equipos de comunicación satelital prohibidos como parte de un programa de Estados Unidos para promover cambios políticos en la isla de Gobierno comunista.

El proceso en un tribunal de La Habana serviría a Cuba para ilustrar la hostilidad de Estados Unidos, su viejo enemigo.

"El juicio sirve al gobierno cubano para generar tres efectos: movilizar el sentimiento nacionalista de la población, disuadir de modo ejemplarizante la participación en programas de cambio de régimen y generar un efecto internacional de repulsa a la política norteamericana hacia Cuba", dijo Arturo López-Levy, un experto de la University of Denver.

La detención de Gross abortó un acercamiento ofrecido apenas unos meses antes por Obama y llevó a ambos gobiernos a atrincherarse en sus posiciones históricas.

Estados Unidos niega que el contratista de 61 años sea un espía. Gross, dicen, viajó a Cuba para ayudar a grupos judíos cubanos a conectarse a internet, restringida en la isla.

Y aunque Cuba no ha puesto aún sus pruebas sobre la mesa, pocos días antes del juicio un blog cercano al Gobierno sugirió que Gross pretendía en realidad poner en línea a una "ciberélite" de disidentes.

"Desde la detención de Gross se ha intentado deslizar una cortina de humo sobre los verdaderos motivos de su accionar", escribió Iroel Sánchez, un ex funcionario, en su sitio La Pupila Insomne (http://lapupilainsomne.wordpress.com).

Cuba ha alertado sobre el potencial desestabilizador de las redes sociales como Twitter, cruciales en las revueltas que derrocaron recientemente a los presidentes de Túnez y Egipto.

En un video filtrado unas semanas antes del juicio, un funcionario describe a Gross como un "mercenario" en la ciberguerra que libran Cuba y Estados Unidos.

Pero Washington asegura en que Gross es inocente y debe ser liberado por razones humanitarias.

"Esperamos que reciba un juicio justo y le permitan venir a casa. Lo que hizo no es un crimen", dijo la semana pasada el portavoz del Departamento de Estado, PJ Crowley, a través de su cuenta de Twitter.

La defensa de Gross estará en manos de Nuris Piñero, una abogada que, en un guiño del destino, asesoró a los abogados de cinco agentes cubanos presos en Estados Unidos por espionaje.

"Es muy competente y tiene buena reputación. Supongo que presentará a Gross como víctima de la inteligencia de Estados Unidos, más que como alguien que intentó atentar contra el Estado cubano", dijo Tim Ashby, ex especialista en Cuba del Departamento de Comercio estadounidense.

¿Juicio, condena y liberación? Judy Gross ha implorado al presidente cubano Raúl Castro que libere a su marido, atrapado en una guerra que, dice, no es la suya.

Pese a la dura condena que pende sobre Gross, diplomáticos occidentales en La Habana aún creen que detrás de bastidores Cuba y Estados Unidos podrían haber llegado a un acuerdo.

Al menos eso insinuó una funcionaria del Departamento de Estado que visitó a Gross en enero y expresó "prudente optimismo" de que el contratista sería juzgado y enviado a casa.

"Para el Gobierno cubano, la utilidad de retener a Alan Gross en prisión declina una vez obtenidos los dividendos asociados a la denuncia de la política hostil norteamericana", dijo López-Levy, de la Univeristy of Denver.

Pero aún no está claro qué ganaría Cuba con dejarlo ir.

Un canje por los cinco agentes presos parece fuera de discusión para Estados Unidos. Algunos observadores creen que Washington podría responder quitando a Cuba de su lista negra de países que apoyan el terrorismo o interrumpiendo programas como el que metió a Gross en problemas.