La Habana. Millones de cubanos estarán pegados el lunes a sus televisores en busca de respuestas cuando el presidente Raúl Castro pronuncie el discurso más importante del año.

Cuatro años después de reemplazar a su hermano Fidel Castro con la promesa de mejorar la deteriorada calidad de vida de su pueblo, la lista de interrogantes es larga y cada vez más cubanos expresan frustración por la lentitud de los cambios.

Un millón de empleados públicos que Castro ha dicho que "sobran" querrán saber, por ejemplo, si van a ser despedidos. Otros se preguntan si el presidente piensa generalizar su experimento de privatizar pequeños negocios como barberías.

"Yo esto lo veo súper lento, lentísimo (...) Es un proceso que no sabemos si es para adelante o si es para atrás", dijo Iván, un albañil en el centro histórico de la Habana Vieja.

Los inversores extranjeros buscarán en la voz ronca del general de 79 años señales de que Cuba liberará millones de dólares congelados en sus bancos por problemas de liquidez y abrirá nuevas áreas de su economía socialista al capital.

Y la oposición querrá saber si la decisión de Castro de comenzar a liberar este mes a 52 presos políticos representa un cambio de mentalidad o es sólo una concesión táctica ante las críticas internacionales sobre derechos humanos.

El mitin en la ciudad de Santa Clara, 270 kilómetros al este de La Habana, estará condimentado además por la posibilidad de que reaparezca Fidel Castro, que la semana pasada rompió cuatro años de aislamiento y apareció en pequeños actos públicos.

El Día de la Rebeldía Nacional recuerda el asalto el 26 de julio de 1953 de un cuartel en Santiago de Cuba, la primera acción militar de los rebeldes de Fidel Castro.

¿Apertura o consignas? Raúl Castro es un hombre de bajo perfil mediático y el mitin del 26 de julio es una de las tres o cuatro ocasiones al año en que se dirige en directo a los cubanos. Por eso, hasta sus críticos estarán atentos.

"¿Se anunciarán medidas de apertura económica y política o sólo se repetirán viejas consignas?", escribió la bloguera Yoani Sánchez en Twitter.

Desde que asumió el poder, Raúl Castro dio independencia a los agricultores, eliminó algunas de las muchas prohibiciones que agobian a los cubanos y emprendió una reorganización del Estado socialista heredado de su hermano Fidel.

Pero ha dicho que la descapitalizada economía de un país dependiente de las importaciones y sometido a un embargo comercial de Estados Unidos no le permite ir más rápido.

"La población no entiende por qué, en medio de una situación tan crítica, ya no hayan sido tomadas las medidas necesarias para revertirla", escribió el académico cubano Esteban Morales.

"Tan confusa situación ha dado lugar a especulaciones de la población, especialmente a aquellas que atribuyen la falta de medidas al hecho de que dentro de la máxima dirección del país existen contradicciones sobre qué hacer", añadió.

Morales fue recientemente separado del Partido Comunista tras publicar en internet un texto alertando sobre la corrupción en el Gobierno.

El discurso de Castro será escuchado con atención también fuera de Cuba. Christopher Sabatini, un analista del Council of the Americas en Washington, cree que podría incluir guiños a Estados Unidos y la Unión Europea.

"Ellos saben que el mundo los está mirando tras la liberación de los 52 presos políticos. Quizás no vayan mucho más lejos, pero tampoco quieren perder la atención", dijo.

Barberos, inquietos. El discurso del 26 de julio podría dar pistas sobre la velocidad y la profundidad de los cambios en la agenda de Castro.

El general parece, por ejemplo, decidido a entregar pequeños negocios a los trabajadores, una concesión importante luego de décadas de control estatal casi absoluto.

Pero sus primeros pasos encontraron obstáculos. Su Gobierno entregó miles de hectáreas de tierras a agricultores que carecen de insumos para cultivarlas.

Y en algunos casos los trabajadores perciben resistencia del sistema a cederles realmente el control.

En una pequeña barbería de la Habana Vieja donde cuelga una fotografía del guerrillero Ernesto "Che" Guevara, el peluquero Michael Martínez teme que después de entregarle el negocio a cambio del pago de impuestos las autoridades cambien las reglas del juego.

"Al principio pensábamos que las cosas eran color de rosa, que tu podías cobrar lo que entendieras que valía tu trabajo", dijo, mientras cortaba el pelo a un cliente.

"Pero ahora parece que nos quieren imponer topes de precios. Y eso no puede ser, porque si haces eso no es negocio para nosotros", añadió.