Río de Janeiro. El liderazgo de la candidata oficialista, Dilma Rousseff, en el camino a la presidencia de Brasil ha calmado los temores a una campaña electoral volátil, pero ha generado nuevas preocupaciones respecto a las conflictivas señales de cómo ella ve el rol del Estado en la economía.

A medida que Rousseff ha subido en los sondeos de opinión, el foco de los comicios del 3 de octubre se ha trasladado rápidamente a la carrera por la influencia en su eventual gobierno entre los que favorecen un Estado expansivo y los que quieren que el gobierno recorte el gasto.

Aún no está claro cuál es la postura exacta de la candidata del oficialista Partido de los Trabajadores (PT), una ex militante de izquierda de 62 años que nunca ha ocupado cargos de elección popular, lo que crea una nube de incertidumbre en torno a los comicios.

Se espera que Rousseff designe a varios ministros clave que son ampliamente respetados por los mercados, y ha dicho que no arriesgará la credibilidad fiscal ganada trabajosamente durante los ocho años de gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Pero la ex jefa de Gabinete de Lula está siendo presionada por sectores del PT para inclinar a Brasil hacia la izquierda y recientemente se manifestó enérgicamente en contra de los rumores de que reduciría el gasto gubernamental al comienzo de su eventual mandato para ganarse a los mercados.

"Defender un ajuste fiscal como el que se practicó en Brasil es un crimen", dijo en una entrevista por televisión esta semana.

"Brasil no necesita pasar por esto de nuevo. ¿Sabe por qué? Primero, porque la inflación está bajo control, tenemos US$260.000 millones en reservas y la proporción deuda/PIB está sin duda cayendo", añadió.

Esos comentarios han reforzado las preocupaciones sobre qué tan grande e intrusivo será el Estado bajo un gobierno de Rousseff.

Mientras algunos creen que Rousseff continuará en general con las políticas de centro aplicadas por el popular Lula, otros piensan que impulsará una mayor intervención estatal en áreas clave como energía, minería, infraestructura y en las políticas del Banco Central.

"La preocupación es sobre el rol del Estado en la economía y si éste se reducirá o crecerá tras las elecciones de octubre", dijeron analistas de Goldman Sachs en una nota esta semana, tras conversar con inversores estadounidenses sobre Brasil.

Nick Chamie, director global de investigación de mercados de RBC Capital Markets, dijo que Rousseff sigue siendo "un poco una desconocida" para los mercados financieros.

"Lo poco que sabemos sobre ella es que parece tener una predisposición hacia un gran rol del gobierno en la economía", sostuvo.

Una reestructuración del gasto del gobierno este año en áreas como pagos de previsión social, obras públicas y préstamos de bancos estatales ha convencido a muchos economistas que Brasil necesita apretarse el cinturón para aliviar la creciente presión por elevar su ya alta tasa de interés.

Gabinete. Si Rousseff gana, la elección de sus ministros será la señal más clara respecto a si pretende tomar medidas para contener el gasto.

La semana pasada, la abanderada oficialista desmintió informes de prensa respecto a que planea recortar el gasto y rebajar la meta inflacionaria del gobierno, pero esas medidas aún pueden ser posibles, dijo Tony Volpon, director de investigación de mercados emergentes para las Américas de Nomura Securities, en Nueva York.

Se espera ampliamente que Rousseff integre a su gabinete a Antonio Palocci, un ex ministro de Hacienda de Lula que favorece la reducción del gasto, para un rol clave en su gobierno, en caso de triunfar.

Otro nombre que se maneja para un eventual Gabinete de Rousseff es el del presidente del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), Luciano Coutinho, una respetada figura que quiere que Brasil aumente su baja tasa de ahorro.

La mantención en el cargo del actual ministro de Hacienda, Guido Mantega, sería una potente señal de que la facción intervencionista está ganando y que se permitiría que el gasto siga alto, sostuvo Volpon.

Rousseff pareció distanciarse del lado izquierdista del PT esta semana cuando dijo que José Dirceu, un ex jefe de Gabinete de Lula caído en desgracia pero que juega un rol clave en su campaña presidencial, no tendrá un puesto en su gobierno.

Medios informaron el fin de semana que Dirceu estaba presionando para limitar la influencia de Palocci en el próximo Gobierno.