Lima. El presidente peruano, Ollanta Humala, parece arrinconado por una denuncia de tráfico de influencias contra uno de sus vicepresidentes que podría restar puntos a su alta popularidad tras casi tres meses de Gobierno.

Pero la crisis política en potencia podría ser también la oportunidad de Humala para zanjar desde adentro cualquier intento de malas prácticas gubernamentales, en un país que tiene problemas para desprenderse de escándalos de corrupción.

El congreso y la fiscalía iniciaron una investigación al segundo vicepresidente peruano, Omar Chehade, proceso que podría durar hasta 75 días y derivar en su destitución.

Chehade, quien también es legislador, se reunió con tres generales para presuntamente pedir el uso de la policía en una intervención judicial contra una firma azucarera en favor del grupo empresarial Wong, de acuerdo a uno de los involucrados.

El segundo vicepresidente aceptó haber participado en esa reunión en un restaurante de Lima, pero ha negado tajantemente haber intercedido para el desalojo de la azucarera Andahuasi, cuyos administradores tienen un litigio de propiedad con Wong.

Los siguientes son algunos escenarios posibles del caso:

HUMALA DESPIDE VICEPRESIDENTE

Durante las investigaciones, el Congreso y la fiscalía pedirán las declaraciones bajo juramento de los tres generales inmersos en el caso, además del hermano y de un amigo de Chehade que también participaron en la cuestionada reunión.

Si las pesquisas comprueban que el vicepresidente pecó en tráfico de influencias, Humala puede destituir o pedir la renuncia de Chehade, con lo que el mandatario podría verse como un líder comprometido en la lucha contra la corrupción.

La gestión del militar retirado, que tuvo al inicio de su campaña electoral un discurso radical de izquierda, es aprobada por un 62%, principalmente porque la opinión pública considera que está cumpliendo con su promesa de mayor inclusión social.

Humala ha adoptado un estilo reservado de Gobierno, dejando el protagonismo a su primer ministro Salomón Lerner.

Una posición firme contra la corrupción elevaría la figura de Humala y cobraría más presencia en la dirección del país. Pero no sería fácil tomar ese tipo de decisión.

Chehade, un abogado que investigó hace unos años casos de corrupción en el Gobierno del ex presidente Alberto Fujimori, ha sido defensor de Humala en un juicio de violación a los derechos humanos.

Humala, que fue luego apartado del proceso conocido como "Madre Mía", participó como militar en la lucha del Estado contra la guerrilla de Sendero Luminoso en la década de 1990.

VICEPRESIDENTE RENUNCIA

La dimisión de Chehade para evitar un escandalo mayor podría ser una salida "honrosa" para el vicepresidente, que ha rechazado pedir favores en el caso de la firma azucarera.

Chehade ha afirmado que la denuncia en su contra se debe a una "venganza política" por parte de uno de los generales que participó en la reunión y que después fue incluido en una purga sin precedentes en la policía nacional.

La presión por la renuncia de Chehade viene de distintos grupos civiles y de tiendas políticas de oposición.

Incluso la primera dama, Nadine Heredia, considerada la persona con mayor influencia sobre el presidente, escribió en su Twitter: "Tan difícil es caminar derecho??!!", interpretado en la red social como una "bajada de dedo" a Chehade.

Una renuncia rápida ayudaría a consolidar la reputación de Humala como un líder que no tolerará la corrupción.

"Nosotros no blindamos a nadie, nosotros blindamos a la verdad", afirmó el viernes Humala a periodistas, durante una gira por el sur del país sudamericano.

La renuncia de uno de los dos vicepresidentes no afectaría la función del Ejecutivo. Su tarea es reemplazar al jefe de Estado cuando éste se ausenta del país. En este caso lo ha venido haciendo la primera vicepresidenta, Marisol Espinoza.

Ya hay un antecedente. En el 2003, uno de los vicepresidentes del entonces mandatario Alejandro Toledo renunció tras acusaciones de beneficiar con puestos públicos a su novia y firmar una ley a favor de la familia de esta.

HUMALA ESPERA LAS INVESTIGACIONES

Una larga exposición mediática del tema podría poner fin a la luna de miel que disfruta Humala en las encuestas y crearía en la población una sensación de impunidad en casos de corrupción, muy sensibles en este país andino.

"La prudencia presidencial puede ser interpretada como debilidad, inconsistencia, o como una equivocada lealtad hacia quien fuera su abogado durante el proceso conocido como Madre Mía", dijo el columnista Enrique Castillo del diario Gestión.

Perú vivió hace más de una década el mayor escándalo de corrupción de su historia que llevó a la destitución del presidente Alberto Fujimori, quien ahora está preso por cargos de abusos a los derechos humanos y malversación de fondos.

En el gobierno del presidente Alan García -cuya gestión es investigada ahora por el actual Congreso- una denuncia de espionaje telefónico destapó un caso de corrupción de funcionarios que costó el puesto de un primer ministro.

El presunto caso de tráfico de influencias de Chehade puede ser aprovechado por la oposición en el Congreso, donde el partido oficialista necesita de alianzas para tener mayoría.

La oposición, encabezada por el partido de la ex candidata presidencial Keiko Fujimori, ya ha solicitado una acusación constitucional contra Chehade en busca de su destitución.

Analistas dicen que aunque no se demuestre fehacientemente el tráfico de influencias, será bien difícil que Chehade se libre de los costos que trae un gran escándalo político.