Por milagro de Dios, el pescador Juan Carlos Elvir Carbajal, de 26 años y residente en la comunidad de Playa Grande, está con vida.

Este joven fue embestido por la lancha de la aval de El Salvador que le arrebató la vida a su compañero de labores Luis Antonio Requeno Ramos, de 18 años de edad, el pasado 16 de mayo en aguas hondureñas a inmediaciones de la comunidad de Islitas, entre Playa Negra y Playa Grande.

La piraña salvadoreña impactó muy fuerte contra la lancha identificada como Samaria en la que pescaban los dos hondureños a eso de las 10:30 de la mañana, hora en que ocurrió la tragedia.

EL HERALDO dialogó con Elvir Carbajal y relató cómo ocurrieron los hechos donde lamentablemente perdió la vida su compañero de trabajo. Él se encuentra en cama a causa de una grave lesión en la pelvis, por lo que dentro de un mes será sometido a una intervención quirúrgica.

“Nosotros salimos de manera normal, como lo hacíamos siempre en horas de la mañana. Ese día el primer viaje lo hicimos a las 5:00 AM y regresamos antes de las diez de la mañana”, recordó. Pero mi compañero (Luis Antonio Requeno) dijo que fuéramos de vuelta a la otra marea y salimos como a las 10:10 de la mañana de la playa y llegamos al lugar del hecho a las diez y media de la mañana, prosiguió. “En ese momento llegaron los navales salvadoreños y primero dijeron que nos detuviéramos”. "Nosotros nos detuvimos allí, no nos dijeron nada y solo nos voltearon a ver".

"Entonces me dice el muchacho (Luis Antonio Requeno) vámonos, aquí no nos pueden detener porque estamos en aguas hondureñas. Y en segundo lugar, porque aquí no es un lugar de ellos para detenernos, pero vámonos porque la carnada (producto que pescaron) que llevamos se nos va a arruinar. Nos fuimos y ellos se fueron sobre nosotros pues nos tiraron la piraña en tres veces".

“En el primer intento llegaron cerca de tirarnos la piraña encima y en el segundo intento fue lo mismo, y el tercero fue el definitivo, que se nos tiraron por el centro de la lancha y allí fue donde la partió y agarró al muchacho (compañero pescador) con el motor”, narró Juan Carlos Elvir Carbajal.

Recordó que Luis Antonio Requeno quedó vivo y con heridas de gravedad. Fue en ese momento que le dijo que lo sostuviera porque se podía ahogar. “El brazo ya no lo podía mover ni la pierna y me decía que se lo compusiera, pero ya no lo podía mover porque tenía muchas heridas. En la pierna y en el brazo no se le detenía la sangre y ya no se podía hacer nada por él”, lamentó.

"De inmediato llegaron otros compañeros pescadores que andaban cerca del lugar y nos rescataron. Uno de los compañeros, casi llorando, les dijo lo que le habían hecho. “Te hartaste el muchacho, le dijo. Mirá cómo lo dejaste y hasta dónde lo veniste a agredir, le dijo”.

“Ellos (los miembros de la Naval salvadoreña) solo se quedaron viendo y luego se fueron sin prestar ningún tipo de ayuda hacia nosotros y entonces los muchachos de la aldea Islitas nos ayudaron”, aseguró Elvir Carbajal.

Se le consultó si los miembros de la Fuerza Naval de El Salvador les habían hecho disparos, a lo que respondió: “Yo no puedo asegurar que hubo disparos, pero sí cargaron el arma, porque con el ruido de los motores no se escucha”. El que andaba en la proa sí cargó el arma. Como en la lancha de ellos son dos motores más el de nosotros, no se escuchó si hubo algún disparo o si el arma andaba algún silenciador, no le puedo decir pero sí ellos (los soldados de la Naval salvadoreña) cargaron el arma. Ante lo ocurrido, este pescador artesanal se mostró muy preocupado.

“Al ver que ellos nos tiraron la lancha y se fueron, al no haber compañeros de pesca nosotros nos hubiéramos muerto los dos, porque en medio del mar quién por uno en ese momento, es por eso que tuve mucha preocupación, porque el compañero se estaba desangrando y ni siquiera podía ayudarle ya que si lo agarraba por un lado le salía sangre por el otro lado y era muy difícil detenerle el sangrado”.

“Estaba impotente y sentí tristeza, porque al no poderle ayudar y no poder hacer nada teniéndolo en mis manos era algo terrible. Fueron momentos difíciles”, recordó Juan Carlos Elvir Carbajal con la voz entrecortada y acostado sobre una cama.

Elvir Carbajal contó que tiene una fractura en la pelvis. “El doctor que me atendió en el hospital de San Lorenzo me dijo que tengo una fractura y que poquito me faltó para que quedara inválido”. Dentro de un mes me van a hacer una operación, por lo que debo estar en reposo para ver cómo avanza la recuperación y después realizar la cirugía porque no es algo que se logra con reposo sino que se debe realizar una operación en el área afectada. Temor A pesar de que la mayor parte de su vida la ha pasado trabajando en el mar tiene temor de volver a faenar en el Golfo de Fonseca. “Quedamos con algo de miedo porque la verdad que nosotros no tenemos quién nos cuide, aquí aunque estemos en las aguas de nosotros tenemos miedo”, dijo. Cuando uno sale con la esperanza de traer dinero a su casa y en el camino se encuentre con un problema de estos, uno ya queda con miedo de no volver a ir, sabiendo que de allí es donde uno se gana la vida, uno queda con algo de miedo y esperamos que ahora las autoridades tomen más en serio las cosas y salgan a cuidar a los compañeros que salen a trabajar”, lamentó. Al pasar recuerdan la tragedia Por su parte, los hermanos del pescador fallecido, a pesar de la tragedia, siguen faenando en las aguas del Golfo de Fonseca. Brayan Alexander Requeno Ramos, de 20 años, hermano mayor del desaparecido Luis Antonio Requeno, desde que tenía 11 años se dedica a pescar. “A pesar de la muerte de mi hermano hay que seguir trabajando para mantener a la familia porque aquí nadie le ayuda a uno”, dijo en tono de resignación. “Debido a la muerte de mi hermano me siento mal, porque todos los días miro donde ocurrió el hecho y siento que me puede pasar lo mismo cada vez que veo las pirañas de la Naval salvadoreña”, dijo Brayan Alexander. Eso me preocupa pero hay que agarrar fuerzas porque no queda de otra, prosiguió el hermano mayor del pescador fallecido. Al igual que los demás pescadores, sale a faenar en las primeras horas de la madrugada y regresa en horas del mediodía. “Hoy me fui a las siete de la mañana, que es un poco tarde, vine a las doce del mediodía y me fue bien”, aseguró. “Miramos las patrulleras de El Salvador pero no nos han amenazado, todo está tranquilo, pero nos preocupa lo que pueda ocurrir”, manifestó. Ante la muerte de su hermano, Brayan Alexander Requeno pide apoyo de las autoridades gubernamentales para que se esclarezca la muerte de Luis Antonio, porque “esto no se puede quedar así”, enfatizó. Recordó que el jueves anterior “unos ‘mucos’ (nicaragüenses) nos siguieron cerca de diez minutos en el mar, por lo que salimos en veloz hasta llegar a la orilla de la playa. Gracias a Dios escapamos y nos venimos, pero siempre estamos con el temor porque ellos no perdonan y si uno no se corre le tiran la panga encima”, aseguró.

Recuerdos. Otro de los hermanos del pescador hondureño que fue víctima de la Naval salvadoreña es Daniel Antonio Requeno Ramos, de 16 años de edad, es otra de las personas que todos los días se introduce al mar para sacar productos del Golfo de Fonseca. “Es algo difícil porque cuando uno pasa por el lugar donde le quitaron la vida a mi hermano, uno recuerda el hecho y cree que le van a hacer lo mismo a uno”, se quejó. Al igual que su hermano y los demás pescadores, dice: “siento temor porque las pirañas de El Salvador allí se encuentran todos los días”. Las lanchas salvadoreñas todos los días andan patrullando, pasan por enfrente de uno, pero no nos han dicho nada, no nos han amenazado porque están vigilando cerca del barco”, enfatizó. A pesar de la incertidumbre y el dolor que está atravesando junto a su familia, no está dispuesto a dar un paso atrás. “Vamos a seguir pescando porque no hay otro trabajo en esta comunidad, por lo que le pedimos al gobierno que abra fuentes de trabajo”. En las aguas nacionales ubicadas a inmediaciones del sector de Playa Grande y Playa Negra cuando les va bien en el día es cuando sacan entre dos o tres quintales de mariscos, lo que les deja una ganancia entre 400 y 500 lempiras, después de sacar los gastos que representan alrededor de 500 lempiras solo en combustibles. “Hoy andaba pescando con mi tío Pedro Ramos y nos fue bien porque nos “rebuscamos” con unos 400 lempiras cada uno”, dijo con alegría, después de entregar 167 libras de pescado a la persona que a diario les compra lo que logran sacar de las profundas aguas del Océano Pacífico.