París. La peor derrota de la socialdemocracia sueca desde 1914 subraya el declive de los partidos socialistas en gran parte de Europa, donde fueron arrasados por el cambio social, la crisis económica y la emergencia de nuevos temas.

La reelección de un gobierno de centroderecha en Suecia, por primera vez en la historia moderna y la entrada de un partido antiinmigración de extrema derecha al Parlamento, muestran cómo han cambiado los tiempos, incluso en el corazón de la socialdemocracia del norte de Europa.

La reacción de la centroizquierda y la posibilidad de recobrar fuerza en un momento en el que las lealtades están virando en todo el espectro político, son ahora los temas que ocupan las discusiones internas de los partidos, sobre todo en Francia y Gran Bretaña.

En Suecia, al igual que Alemania, Francia, Dinamarca y Holanda, el principal partido de centroizquierda ha perdido votos en todas las direcciones: desde la extrema izquierda y los verdes ecologistas hasta la derecha ortodoxa y los conservadores tradicionales.

"La socialdemocracia aparece como una víctima de la crisis, cuando debería aparecer como un refugio o una esperanza después de años de exceso neoliberal", escribió el politólogo francés Laurent Bouvet este año.

El cambio tecnológico y la globalización redujeron el tamaño y poder de la tradicional clase trabajadora industrial, y los sindicatos precarizaron el trabajo y plantearon nuevos temas como el calentamiento global, el envejecimiento de la población, la inmigración, la obesidad y las drogas.

¿Cómplice? En países como Gran Bretaña, Francia y Alemania, donde la centroizquierda ocupó el poder a comienzos de la década del 2000, muchos votantes la consideran una ferviente cómplice de la desregulación financiera y el liberalismo económico.

La creciente desigualdad en los ingresos frustró la proclamada ambición de la izquierda de redistribuir la riqueza.

Ahora que muchos países europeos sufren grandes déficit y están fuertemente endeudados debido a la crisis financiera, los "grandes gobiernos" de izquierda no son vistos como capaces de dar una respuesta creíble a la pregunta de dónde y cómo achicar el Estado.

En muchos países, los empleados públicos representan el mayor bloque de miembros del Partido Socialista y constituyen un freno para las reformas.

El prolongado apoyo de los socialistas a la unidad europea, la tolerancia religiosa y la integración de los inmigrantes los hizo vulnerables a populistas de derecha como los demócratas suecos, el Partido Libertad holandés de Geert Wilder o el Frente Nacional de Francia.