Felippe Silva Ramos, profesor de sociología de la Universidad Federal de Bahía y de Relaciones Internacionales de Unijorge, en entrevista con AméricaEconomía, comentó cuáles serán los grandes desafíos que deberá enfrentar el nuevo presidente brasileño y reveló las grandes carencias del gobierno de Lula, frente a la cuestión social, como los déficit en seguridad y salud.

¿Cuáles son los principales desafíos de la política económica que tendrá que enfrentar el nuevo presidente?

En Brasil, los principales desafíos relacionados a la política económica, tienen relación con respecto a la distribución de rentas y mejoras en la calidad de vida. El país tiene pésimos indicadores sociales y alta desigualdad social. La fuerte economía esconde e invisibiliza diversos estratos sociales que permanecen al margen de los frutos de crecimiento. Por otro lado, hay problemas económicos ligados a la cuestión de infraestructura del país (energía, transporte, telecomunicaciones) y la calidad de enseñanza.

El crecimiento económico demanda mayor cantidad de energía para sustentar el aumento de la producción. La mayor parte de la energía generada en Brasil, es de origen eléctrico, lo que demanda más plantas generadoras que impactan en el medio ambiente. 

Diversos conflictos sociales con grupos nativos e indígenas, como también de los ambientalistas, son el resultado de escoger esa matriz energética. En el caso de los transportes, Brasil escogió el peor modelo de integración nacional para un país con sus dimensiones: el modelo rodoviario. 

En cuanto a las telecomunicaciones, el acceso a la telefonía celular y el acceso a la banda ancha es estricto y caro, lo que retarda la velocidad de la circulación de información. Además, la expansión de la red es muy lenta y limita la comunicación a ciertas regiones del país, como la Amazonía.

En relación a la enseñanza, el desafío es conciliar la expansión de enseñanza superior de calidad, invirtiendo en investigación y desarrollo de nuevas tecnologías. Es necesario planear la gestión de los recursos involucrando a la macroeconomía y las políticas públicas y sociales, nada más distante de lo que practicaron los mandatos de Fernando Henrique Cardoso y Lula, en los cuales el ministerio de Hacienda y el Banco Central funcionaron como defensores de los cortes a los gastos públicos.

En el caso de que Dilma Rousseff gane las elecciones, ¿qué tan influyente podrá ser Lula en su gobierno?

Es difícil hablar sobre el futuro. Pero es posible hablar sobre el presente. Lula fue una figura fundamental en la campaña de Dilma, prestándole su carisma, su forma de hablar, hasta con sus metáforas sobre el fútbol. El liderazgo de Lula fue fundamental inclusive en la composición de las alianzas, en la elección del vicepresidente. Lula llegó a decir que en el caso de que Dilma hiciera algo que él consideraba errado, él la llamaría a donde fuese para decirle que no debe ser así. 

Se entiende que Lula, entonces, va a tener una fuerte influencia después del término de su mandato. Pero en la política no se puede tener certeza. Una vez electa, Dilma puede construir su autonomía o mantener su alta dependencia a la sombra de Lula.

En el caso de que Rousseff sea considerada la nueva presidenta, ¿puede conseguir un gobierno de coalición entre el PSDB y el PT?

Difícil. El PSDB es el único partido significativo de la oposición y sus líderes sabes que su existencia depende de la distancia que mantienen. Pero además, el método de gestión de los partidos son muy distintos y los intereses que defienden, también se diferencian parcialmente. El primero, PSDB, se liga más al capital internacional y los sectores más competitivos de la industria brasileña. El segundo, PT, se liga más al capital nacional y su necesidad de intervención de estado en la fase de incubación y maduración de las inversiones.

¿Cuál va a ser camino seguido por el país en relación a la capitalización de empresas estatales?

Depende del sector. En el caso del petróleo es fácil. El capital internacional, directamente interesado en la exploración de los pozos de petróleo descubiertos, se llama presal.

¿Cuáles son los principales problemas más graves que tendrá que enfrentar el próximo gobierno para la Copa del mundo e las limpiadas?

La violencia es el punto más crítico. Recientemente, en Río de Janeiro, decenas de traficantes entraron en un hotel de lujo e mantuvieron a los huéspedes y funcionarios como rehenes. Si algo similar ocurre en un evento internacional como esos, podría haber una desmoralización de la ciudad, como también un escape de los turistas o de los inversionistas. Pero hay también un problema que ya mencioné, la infraestructura, principalmente en la construcción de complejos deportivos, transporte, oferta de hoteles y servicios.

¿Cuáles son las demandas sociales que el gobierno de Lula no consiguió resolver y que el nuevo presidente tendrá que enfrentar?

Muchas. Los propios gobernadores declaran que el gobierno de Lula fue un éxito en el área económica, pero aún falta por hacer en la cuestión social, luego, donde se pensaba que sería el foco de las acciones de un gobierno popular. Salud y seguridad son los déficits principales. Pero también hay problemas graves en la educación.

¿Cómo cree que el nuevo gobierno debería llevar la política de Itamarati para la región?

En este punto, las divergencias entre los dos son más claras. En el periodo de campaña, Serra llegó a decir que el gobierno de Bolivia estaba ligado al narcotráfico. También criticó a Paraguay. La orientación de la política externa del PSDB es la alianza hemisférica con Estados Unidos con el fin de promover una mayor entrada de capitales internacionales como impulso al crecimiento económico. La orientación de la política externa de Lula y Dilma, priorizan la internacionalización del capital nacional brasileño, invertido en la expansión de las empresas brasileñas, estatales y privadas. También defienden una integración sudamericana, pues la región depende de los capitales brasileños (como las inversiones brasileñas en las obras de IRSA) y de la capacidad de actuación de las empresas. La defensa de la integración es altamente estratégica en la política externa Brasileña. Es lo que podríamos llamar de generosidad estratégica e interesada.

¿Cree que Brasil, con el nuevo mandatario, va a ser integrado finalmente como un actor del consejo de seguridad de Naciones Unidas?

El conjuro geopolítico es siempre adverso a cambios en el sistema internacional, pues las potencias obviamente tienden a resistir la abertura de la agenda en el sentido de la reforma de Naciones Unidas. El gobierno brasileño sabe que la defensa del asiento en el consejo es una bandera historica y de largo plazo. 

En el corto plazo, defender el asiento brasileño sirve cmo una forma de dar el recado al sistema internacional de que Brasil se considera el actor importante en el sistema del mundo y tiene las bases económicas, sociales, políticas (Como actor impulsor a la integración sudamericana) y hasta la misma moral (Discurso sobre la necesidad de la representación del Sur Global en Naciones Unidas).