Para Diego Avanzini, consultor independiente de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (Cepal), la movilidad social es importante para los grupos humanos por diversas razones. Una de ellas son las naturales necesidades de autosuperación: “la evolución social, psicológica y física del hombre le hace pensar que puede esperar una situación mejor”, explica.

Ahora bien, en lo estrictamente socioeconómico señala que la movilidad favorece la obtención de más bienestar y que, aunque siempre habrá un ordenamiento en el que algunos estarán en una condición desmejorada respecto de otros, los incentivos para que toda la sociedad prospere se cortan si hay quienes creen que nunca podrán avanzar sobre su estado actual. “Al verlo desde ese punto de vista, pienso que debemos asegurarles a los individuos que, en base a su esfuerzo y a sus aportes en interés propio y comunitario, es factible la superación y más bienestar”, complementa el economista.

-¿La movilidad es resorte de las personas o del Estado?

-Primero está la persona, su hogar y su familia. Hay una cuestión evolutiva que tiene que ver con la voluntad de emprender esta misión de superación y que se trasunta, de cierta manera, en la movilidad social. En este contexto, el Estado debe brindar las oportunidades e instrumentos para que esa movilidad se genere.

En la actualidad el segmento de la clase media que más interesa es el más vulnerable según la distribución de ingresos porque, ante cualquier variación, tiende a caer en una posición más indeseable, como podría ser incluso la pobreza. Creo que este grupo necesita herramientas educativas, empleos de calidad, salud, elementos que décadas atrás no estaban en el corazón de la discusión pero que hoy son importantes. No sólo se trata de cantidad, sino de calidad. Son beneficios que, de algún modo, el Estado tiene que asegurar. Se trata de poner incentivos para la movilidad porque, si el sujeto sabe que existen los instrumentos, se va a preocupar de conseguirlos.

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-¿Cuál es su evaluación respecto a la movilidad socioeconómica de las capas medias en América Latina?

-En la década de 1970 y parte de la siguiente hubo países como Argentina, Brasil, Venezuela y México que hicieron algo de esfuerzo por darle espacio a la clase media. Después, en los años 90 hubo un retroceso, con una desigualdad bastante agobiante en términos de ingresos. Hoy aparecen Chile, Colombia, Perú, Uruguay y algunas naciones centroamericanas en las que se observa una nueva clase media, que es el producto inmediato de una recuperación por un crecimiento acelerado.

Este segmento tiene acceso a consumo, a un grado de crédito muy generoso, a recreación, que es importante en el concepto de clase media, y tiene un acercamiento a la cultura, pero no se le ha dado las herramientas fundamentales para que se sostenga en ese nivel. Depende mucho de los ingresos laborales y, en el caso de los emprendedores, de la coyuntura económica. Entonces, cuando hay algún problema se ve más desocupación, menos oportunidades de trabajo y de desarrollo de negocios, volviendo a una condición de peor bienestar.

No hay grandes cambios en las estructuras educativas de esos países, tampoco avances en el comportamiento político (…) ¿Queremos movilidad social? Perfecto, pero el Estado tiene que ayudar a asegurar los instrumentos, a dar las vías para que la gente acceda a mejor educación, salud y seguridad. Puede sonar como un discurso trillado; no obstante, al mirar los indicadores, eso es lo que se ve: en los países que tenían buenas clases medias hace treinta años, por ejemplo Argentina, nunca se apuntalaron totalmente esos elementos y lo que tenemos es un retroceso en los últimos diez a quince años.

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-¿Cómo se da la movilidad en Venezuela, Ecuador y Bolivia, donde el modelo económico es otro?

-Aunque supuestamente se trata de un modelo que va en favor de los más pobres, de la igualación de los distintos estratos, veo que en realidad se ha ido perpetuando la diferencia. La clase media ya no es un estrato tan evidente y, al contrario del lema que están proponiendo, el resultado final ha sido una polarización: por un lado están los ricos, las pequeñas élites que siguen teniendo el poder, y por otro tenemos al resto de la población, que se ha ido homogeneizando hacia peores niveles de bienestar. Es decir, tenemos un segmento más grande de pobres no tan pobres.

-¿Es posible pensar en grupos de interés que se opongan al ascenso de la clase media?

-Los seres humanos somos egoístas y en ese egoísmo está la necesidad de tratar de sacar la mayor utilidad (...) Las personas actúan en función de eso. El tema es si la actuación de un grupo perjudica al resto y creo que sí se da esa situación. No tiene que ver con una conspiración, pero sí hay grupos que alinean sus intereses y dominan el poder, la opinión pública, el mercado y, en base a eso, tienen más beneficios de lo que uno esperaría. Si tenemos una clase media fuerte que va ascendiendo, al mismo tiempo va demandando participación política, igualdad en el acceso a bienes y servicios, así como más beneficios sociales para los que no están en tan buena condición.