Brasilia. Cuando faltan este jueves sólo diez días para la segunda vuelta electoral en Brasil, se agudiza la polarización entre el continuismo de "ideas nuevas" que ofrece la presidenta-candidata Dilma Rousseff y el "cambio" que promete el opositor Aécio Neves.

La mandataria y el abanderado socialdemócrata, los más votados el pasado 5 de octubre, se enfrentarán en una segunda vuelta el próximo día 26 y las encuestas indican que existe una casi absoluta paridad, aunque con una inclinación ligera a favor de Neves.

Dos sondeos divulgados este jueves por los institutos Datafolha e Ibope resultaron en una absoluta coincidencia.

En los dos casos, se le atribuyó a Neves el 51% de los votos válidos frente al 49% de Rousseff, pero ambas encuestas tienen un margen de error de dos puntos porcentuales, con lo que, según los expertos, están en una situación de "empate técnico".

Los resultados fueron casi un calco de los obtenidos en otros sondeos que las mismas empresas realizaron la semana pasada, tras la primera vuelta en que Rousseff se impuso con 41,59% de los votos válidos y Neves quedó en segundo lugar con 33,55%.

En los últimos días, Neves ha obtenido numerosos apoyos entre los otros nueve candidatos que no pasaron el cribo de la primera vuelta y ha comenzado a articular el gran arco opositor que el 5 de octubre sumó en las urnas casi el 60% de los votos.

Ese variopinto espectro político agrupa sobre todo a partidos de la derecha y el centro cuya mayor coincidencia es el rechazo al Partido de los Trabajadores (PT), de Rousseff, que lleva ya doce años en el poder.

Sin embargo, también se han sumado a Neves pequeños sectores de izquierda desilusionados con lo que califican de "socialismo light" del PT y los escándalos de corrupción acumulados en la última década y que continúan ahora con presuntas irregularidades en la petrolera estatal Petrobras.

Entre esos apoyos recibidos por Neves, el más importante ha sido el ofrecido por la ecologista Marina Silva, excandidata del Partido Socialista Brasileño (PSB) y quien quedó en tercer lugar el pasado día 5 con 21,2% de los votos.

Aunque declaró su respaldo a Neves, Silva no se ha comprometido a participar junto a él en lo que resta de campaña y desde el pasado domingo, cuando se pronunció sobre la segunda vuelta, no ha vuelto a aparecer en público.

Su decisión dividió tanto al PSB como a la Red Sustentabilidad, su propio grupo político, en los que algunos sectores se rebelaron y se inclinaron públicamente por Rousseff.

Sin embargo, las encuestas parecen indicar que la mayoría de los votos de Silva migraron hacia el "cambio" que propone Neves, quien ofrece darle un acento más liberal a la economía y mantener al mismo tiempo los programas sociales aplicados por el PT desde 2003, primero con Luiz Inácio Lula da Silva y luego con Rousseff.

Aún así, los sondeos de Datafolha e Ibope también detectaron otro factor que ha contenido el optimismo de los partidarios de Neves.

Según ambas encuestas, el índice de rechazo a Rousseff bajó del 43% al 42% en los últimos díez días, al tiempo que el atribuido a Neves subió cuatro puntos porcentuales, para llegar al 38%.

Tal como ocurrió en la primera vuelta, los sondeos indicaron que la clase media que emergió con los programas sociales del PT ahora parece darle la espalda a un gobierno que no acompañó ese ascenso social con servicios públicos acordes a sus nuevas exigencias.

Si bien Rousseff lidera ampliamente entre los capas más pobres, con ingresos de hasta dos salarios mínimos, Neves ha encontrado su nicho en la mayoritaria clase media, que agrupa al 56 % de los 142,8 millones de votantes.

En esa franja de la población, Datafolha le atribuyó a Neves un respaldo del 56%, frente al 44% que declara apoyo a Rousseff.