Sao Paulo. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, informó a sus aliados que no forzará la salida de ningún otro funcionario del gobierno, en lo que parece ser un intento por poner fin a una crisis política, informó el miércoles un periódico local.

El gobierno de Rousseff ha sido remecido por una serie de informes de prensa detallando actos de corrupción y otros comportamientos poco éticos que han llevado a cuatro ministros a renunciar a sus carteras desde junio.

En un comienzo, la mandataria reaccionó expulsando a varios funcionarios de alto y mediano nivel en lo que llamó una "limpieza" del sector público.

Sin embargo Rousseff, que asumió el poder el 1 de enero, ahora prometió aliviar la presión después que las acusaciones amenazaron con salirse de control e involucrar a nuevos ministros, afirmó el diario Folha de Sao Paulo.

El reporte de Folha no mencionó fuentes. Un portavoz presidencial no respondió inmediatamente a una solicitud para comentar el informe de prensa.

Rousseff parece estar buscando mitigar una creciente revuelta entre miembros de su coalición de varios partidos, enfadados por la salida de sus aliados.

Algunos tomaron represalias contra Rousseff mediante la filtración de nuevos informes a los medios brasileños de supuestos actos de corrupción que involucran a miembros de su círculo interno, que escalaron la crisis.

Sin embargo, la popularidad de Rousseff podría sufrir si continúan las acusaciones de corrupción y el público brasileño la ve como si protegiera a funcionarios corruptos.