Al final se cumplieron los pronósticos de las encuestas y, superado el tropiezo de no lograr la victoria en primera vuelta, Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT) y protegida del presidente saliente Luiz Inácio Lula da Silva, derrotaba a su contrincante José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSBD), en las elecciones presidenciales brasileñas del 31 de octubre. Con su triunfo, Rousseff, economista graduada en la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, de 62 años, se convierte en la primera mujer que ocupará el cargo presidencial, tras 35 hombres en la historia republicana del país. Un Brasil que en los últimos años ha ganado en reputación por una gestión económica espectacular, apoyada por una política monetaria y fiscal restrictivas, un aumento de la clase media, el refuerzo de los planes sociales y la obtención del investment grade, entre otras cosas.


El camino que llevará a Dilma a ser la próxima inquilina del Palacio de Planalto, a partir del 1 enero de 2011, no ha sido lineal. Muchos han sido los obstáculos que ha tenido que sortear la candidata del carismático Lula, al que la Constitución impide presentarse a la reelección. Entre ellos, Carlos Malamud, investigador principal de América Latina del Real Instituto Elcano, destaca: "es una mujer, no procede del PT, el partido de los trabajadores de Lula. Ella viene de un partido afín (el PDT, también de izquierdas), luego se vincula al PT (a partir de su afiliación en 2001) y al Gobierno (en 2003 como Ministra de Energía). Esto le agrega más mérito y refuerza la capacidad de selección de Lula".

Porque fue Lula, quien comenzó su mandato en 2003 y fue reelegido en 2006, el que decidió que Dilma, natural de Minas Gerais, un Estado al sudeste del país, fuera la candidata de su partido en estas elecciones. Fue en noviembre de 2008, cuando en declaraciones a la prensa le puso nombre a su sucesor "quiero que Brasil, después de mí, sea gobernado por una mujer y ya existe la persona adecuada: es Dilma".

Malamud explica que el aumento del papel de la mujer en el campo laboral e, incluso, en la política del continente –en Argentina y Costa Rica también tienen mujeres presidente- hace que éste fuera el momento indicado para una mujer llegara a la presidencia de Brasil. Sin embargo, él también cree que en la referencia al género de Dilma "también hay un intento de autojustificación de Lula de reafirmar su elección".250

La carrera electoral. La candidatura de Rousseff empezó a tomar fuerza en 2008, aunque ya en 2006, tras la reelección de Lula, algunos medios de comunicación locales la situaban en la carrera a la presidencia. En 2008, las posibilidades de Rouseeff eran escasas, tan solo contaba con un 2% de intención de voto, frente al 38% de Serra. En 2009, se torcía aún más su candidatura cuando le fue detectado un cáncer linfático que superaría a los pocos meses. Por si fuera poco, a pesar de ser una mujer culta y con un pasado fascinante, carecía del carisma de su protector.

Lula volcó toda su popularidad, cercana al 80%, en su protegida acompañándola en prácticamente todas sus apariciones.

Rouseff, hija de comunista búlgaro que emigró a Brasil después de la segunda guerra mundial, ha forjado un carácter fuerte, incluso calificado como un tanto antipático -es conocida como la Dama de Hierro-, tras un pasado agitado como guerrillera dentro de la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares, un grupo comunista opositor al régimen militar (1964-85). Su activismo desde los 16 años de edad la llevó a la cárcel en 1970, donde estuvo tres años y fue torturada.

"Esa falta de carisma se hizo patente a lo largo de la campaña electoral", destaca Marlise Matos, jefe del departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG). Lula, consciente de las limitaciones de Rousseff en esta área, volcó toda su popularidad, cercana al 80%, en su protegida acompañándola en prácticamente todas sus apariciones y haciendo declaraciones en las que no se cansaba de destacar sus virtudes.

Durante la campaña también se intentó suavizar el supuesto carácter poco amable de Rousseff, lo que la llevó, incluso, a asistir a los famosos carnavales y atreverse con algún paso de baile. Además, los estilistas trabajaron en su aspecto y llegó a perder unos 12 kilos de peso de cara a la cita electoral.

De ella también se dijo que carecía de experiencia parlamentaria y que no había ejercido un cargo de elección popular pero, en realidad, Rousseff era la candidata del continuismo. Lula se aseguró de dejarlo claro en numerosas ocasiones y, desde el punto de vista económico, de ella dijo que es una mujer ortodoxa y que bajo su mando "no habrá retrocesos ni aventuras… No vamos a cambiar, como se hizo en el pasado, las reglas del juego a medio partido".

La suma de todos estos factores hicieron que su escueto 2% de respaldo, en 2008, acabara convirtiéndose en un 30% frente al 35% de Serra, en febrero de este año, y en un empate con el 37% en mayo. Al final, Rousseff salió victoriosa con el 56,05% de los votos, imponiéndose a Serra, que obtuvo el 43,95%.

Un perfil técnico. El pasado de ex guerrillera de Rousseff no debería influir en su estilo de liderazgo o las decisiones que tome al frente del gobierno. Eso es lo que piensa Malamud. "Está claro que su paso por una organización guerrillera ha forjado su carácter y las torturas tienen que haber influido en su persona o en su carácter, pero no creo que vaya a ser un hecho decisivo o determinante". Por otro lado, añade que "tampoco es la primera persona en situación de poder en América Latina que viene de una experiencia guerrillera (Daniel Ortega, Nicaragua) o golpista (Hugo Chávez, de Venezuela) o inclusive evangélica (Fernando Lugo, de Paraguay)".

Los expertos señalan que Rousseff tiene un marcado perfil técnico. De ella, destacan su capacidad de gestión y su experiencia en puestos de gobierno. "Es muy eficiente en su trabajo y sistemática", dice Malamud. Esto lo ha demostrado en los años que ha formado parte del gobierno de Lula, primero como titular del Ministerio de Energía, desde 2003 hasta 2005, y después, hasta marzo de 2010, como ministra de la Casa Civil o Jefatura de Gabinete, un cargo estratégico desde el que se controlan los resortes del poder en el país. Pero, donde logró una gran visibilidad de cara al electorado, fue en la coordinación del Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), un ambicioso plan que combina obras de infraestructuras y servicios sociales creado en 2006.

Por eso, Antonio Flavio Testa, politólogo de la Universidad de Brasilia (UnB), cree que el estilo de liderazgo de la presidente electa estará "mucho más enfocado en acciones gerenciales que políticas". Para João Paulo Peixoto, profesor e investigador del Centro de Estudios Avanzados de Gobierno y Administración Pública de la misma universidad, "ella ha demostrado tener un estilo muy diferente al de Lula. El presidente tiene una personalidad única, además de carisma –característica no demostrada por su sustituta". Por eso, él cree que su gran desafío será imponer su propio estilo, "o sea, librarse del fantasma y de la popularidad del presidente Lula".

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La construcción del gabinete. Y es que considerando el índice de aprobación del actual gobierno, la comparación con su predecesor es inevitable, dice Peixoto. "Sustituir a alguien cuya popularidad está a la baja es mucho más fácil que sustituir a un presidente cuya aprobación está al alza, como es el caso de Lula". Por eso, él cree que el primer paso que tendría que dar Rousseff es tratar de librarse de la imagen de dependencia del ex presidente para lograr imponerse políticamente.

A partir de ahora, Rousseff tiene que construir su gabinete, algo que no le resultará sencillo, dados los diferentes intereses y reivindicaciones de la coalición de partidos en torno al PT que ha arropado la candidatura de Dilma. Por ejemplo, en Brasil se da por sentado que el vicepresidente electo Michel Temer, líder del aliado PMDB, buscaría imponer el peso de su partido para ocupar cargos relevantes en el futuro gabinete.

Por otro lado, se especula que existe una pugna entre Antonio Palocci y José Dirceu, dos hombres fuertes del primer gobierno de Lula, pero que fueron alejados de la carrera presidencial por escándalos de corrupción, por un cargo en la futura administración. Palocci, que fue ministro de Hacienda y ejerció de coordinador de campaña de Dilma, se perfila como ministro de la Casa Civil. Dirceu también apoyó a la presidenta electa durante la campaña y fue Jefe de la Casa Civil entre 2003 y 2005.

Ante las complicadas piezas que se verá obligada a encajar la presidenta electa en este juego de poderes, Testa cree que a Dilma le conviene mantener la vinculación con la capacidad de negociación política de Lula. Aunque advierte que "esa capacidad de negociación perderá peso a partir de las próximas elecciones, o sea, a partir de 2012".

En boca de todos está el papel que desempeñará Lula en la política nacional a partir de ahora. Matos cree que "él debe estar exhausto y sin ningún interés en participar en el gobierno. Además, debería estar tranquilo pues su gobierno será importante para la historia del país". Por otro lado, añade, "Dilma no tiene la personalidad de alguien que se deja tutelar, ella es una líder fuerte".

Sin embargo, Malamud llama a reflexionar sobre cómo expresará Rousseff su lealtad hacia Lula. "Si esa lealtad es con el cargo (de presidente), las tensiones con el mentor aumentarán. Si es con el mentor, su capacidad para ejercer el cargo será directamente proporcional. O se debe al cargo o se debe al mentor con todo lo que eso supone".

El investigador del Real Instituto Elcano avanza que "en la selección de su gabinete vamos a poder ver los primeros signos de qué quiere hacer, hacia dónde quiere ir y cuál es la relación con Lula. ¿Habrá una renovación total del gabinete o habrá una especie de gobierno de transición con los mismos ministros de aquí a 6 meses o un año?".

El desafío de ser mujer. Pero éste no será su único reto, Dilma también tendrá que responder ante la historia. En opinión de Peixoto, el hecho de que sea la primera mujer en ganar una elección presidencial en Brasil es una gran responsabilidad, y lo compara con el caso de Obama, primer presidente de color de EEUU, y el de Lula, primer obrero en asumir la gestión del país.

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En esto coincide Matos, quien destaca además que Brasil es un país profundamente conservador en temas de igualdad de género,"ella siempre estará expuesta y habrá alguien que señale que algo no salió bien por su condición de mujer”. Esto, "a pesar de que se ha avanzado mucho en los gobiernos anteriores, no sólo en el de Lula, también en el de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), con la consolidación, por parte de ambos, de políticas dirigidas a mujeres en temas relevantes para el avance y desarrollo", señala.

En su opinión, la llegada de Dilma se traducirá en un mayor acceso de la mujer al mercado de trabajo sin el nivel actual de discriminación. "Con certeza recogerá una agenda de desarrollo que tome en consideración elementos que no fueron considerados por hombres, como la violencia contra la mujer (tema endémico en el país) ya que no hay desarrollo que se sostenga con mujeres en esta situación".

Testa también cree que, como la primera presidente electa, ella dará prioridad a las mujeres en los cargos públicos, "como forma de mantener una base de sustentación, además de favorecer el desarrollo de políticas públicas que favorezcan las mujeres para disminuir las desigualdades de géneros aún muy latentes en el país".

En cuanto al papel que jugará Dilma en política exterior, Malamud señala el caso de las relaciones exteriores de Brasil es muy complicado. "El ministerio de Exteriores tiene un peso importante, no sólo con Lula también lo tuvo con Cardoso. Hay una especie de presidencialismo de la política exterior. Veremos en el caso de Rousseff si esto continúa siendo así o, por el contrario, el ministerio de exteriores recupera parte del poder de decisión que tenía. Esto se verá cuando se nombre al ministro de exteriores".

En lo que hay consenso entre los expertos es en los temas prioritarios de su gobierno: infraestructuras, debido a la necesidad de cumplir con los compromisos de la organización de la Copa del Mundo de Futbol en 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016; en educación, ya que "no es posible imaginar crecimiento y desarrollo sin mejores índices en la educación", concluye Matos; y salud.