Brasilia. Una militante izquierdista por años llamada "La Dama de Hierro", la candidata oficialista brasileña Dilma Rousseffl, está prometiendo políticas centristas a la vez que intenta moderar su imagen de línea dura en su carrera hacia las elecciones presidenciales de octubre.

Con deseos de capitalizar la elevada popularidad de la que ha gozado el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, Rousseff insiste en que está comprometida con la disciplina fiscal y no presionará a las empresas privadas en una de las principales economías emergentes.

"Nadie puede ser fundamentalista respecto a la economía", dijo la candidata presidencial del oficialista Partido de los Trabajadores (PT) en una entrevista con Reuters la semana pasada.

El esfuerzo apunta a mitigar las preocupaciones de líderes empresariales de Brasil, que a menudo consideran que ella favorece un Gobierno fuerte, y a restar el apoyo de votantes de centro hacia su rival José Serra, un político veterano del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Rousseff es superada por Serra en la mayoría de sondeos de opinión de intención de voto, pero analistas esperan que su popularidad crezca en la medida en que el presidente Lula aumente la participación en su campaña.

Lula, un ex líder sindical que ha combinado exitosamente políticas de mercado con programas contra la pobreza, tiene prohibido por ley presentarse a un tercer mandato consecutivo, de modo que escogió a Rousseff como la candidata de su partido para sucederlo.

El desplazamiento de Rousseff hacia tendencias de centro podría hacerla más competitiva en una votación que no se espera que altere la dirección general de la economía brasileña, pero que afectará temas claves, desde el desarrollo de los enormes campos petroleros costa afuera a la administración del mercado bursátil y cambiario.

"Obviamente ella está tratando de ganar a los líderes empresariales, que están preocupados por el creciente gasto gubernamental", dijo Roberto Piscitelli, profesor de finanzas en la Universidad de Brasilia.

Gobierno fuerte. Pocos inversores esperan que alguno de los candidatos rompa las políticas económicas que han ayudado a impulsar años de fuerte crecimiento y un pujante mercado bursátil que le ha dado a Brasil un lugar prominente en los radares de los inversores.

En las últimas semanas, Rousseff, de 62 años, ha delineado ambiciosas metas de reducción de la deuda y de superávit presupuestario primario, además de descartar la idea de intervenir en los mercados cambiario y de capitales, afirmando que favorecerá un tipo de cambio flotante.

Incluso elogió la reciente alza de la tasa de interés por parte del Banco Central y habló muy bien del ex ministro de Hacienda, Antonio Palocci, cuyas políticas de mercado a comienzos del primer mandato de Lula irritaron a muchos en el PT, incluyendo a la propia Rousseff.

"El Banco Central (...) ha hecho un gran trabajo. No veo por qué deba ser cambiado", declaró Rousseff a Reuters.

La candidata presidencial oficialista también insistió en que la moneda de Brasil, el real, seguirá flotante, pese a una apreciación frente al dólar del 34 por ciento el año pasado, lo cual irritó a los exportadores, preocupados con su competitividad internacional.

"Para resolver el tema cambiario, vamos a tener que reducir la tasa deuda/PIB y converger hacia tasas de interés internacionales", sostuvo.

Pese a su desplazamiento hacia el centro, tanto Lula como Rousseff aún favorecen un fuerte rol del Gobierno en la economía.

Como jefa de Gabinete de Lula, Rousseff defendió consistentemente propuestas para aumentar la presencia del Gobierno en los sectores del petróleo, de la energía y de las telecomunicaciones.

La candidata, una servidora pública de carrera que conspiró contra la dictadura militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985, podría enfrentar un largo trayecto para ganarse a líderes empresariales escépticos en una sociedad con una marcada veta escéptica, que se contrapone con su imagen internacional de playas y jolgorio carnavalesco.

Serra, que abandonó su cargo como gobernador del estado de Sao Paulo para postular por segunda vez a la presidencia, también busca ganar el gran bloque de votantes de centro que quiere libre mercado, así como programas contra la pobreza.