Brasilia. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se acercó a sus aliados el jueves para frenar una creciente rebelión dentro de su coalición después de que la renuncia de un cuarto ministro intensificó una crisis dentro del gobierno.

El ministro de Agricultura, Wagner Rossi, renunció este miércoles tras acusaciones de corrupción contra sus asesores, lo que aumentó las tensiones dentro de una coalición poco manejable y elevó la sensación de desorden en el gobierno de ocho meses de Rousseff.

El jueves, el líder del gobierno en el Congreso, el diputado Mendes Ribeiro, fue confirmado como nuevo ministro de Agricultura.

El importante Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), del cual Rossi es un miembro influyente, y otros aliados de la coalición gobernante están enfadados con las medidas de Rousseff para reducir costos y arrancar la corrupción de los ministerios, y han amenazado con bloquear su agenda de reformas económicas en el Congreso.

La renuncia de Rossi incrementó el riesgo de un dañino duelo entre Rousseff y el Congreso, amenazando con desbaratar sus intentos por controlar el gasto y conseguir la aprobación de reformas como una reestructuración del código tributario para ayudar al crecimiento económico.

"Ningún gobierno puede resultar ileso tras la salida de cuatro ministros en ocho meses. El nuevo fantasma que ronda (al palacio presidencial) se llama inestabilidad", publicó el periódico local Folha de Sao Paulo en un editorial.

La crisis en Brasilia llega en un mal momento para la economía brasileña, que muestra claras señales de desaceleración tras un fuerte crecimiento el año pasado.

Rousseff enfrenta la difícil tarea de impulsar el crecimiento y al mismo tiempo conservar una austeridad fiscal que es crucial para mantener la inflación bajo control.

La presidenta, una tecnócrata de centroizquierda cuyo estilo distante ha contribuido a empeorar los lazos de la coalición, se acercará personalmente a sus aliados en un intento por aliviar las tensiones, dijo a Reuters el jueves un estrecho colaborador de Rousseff.

Pérdida de control. El líder del PMDB en la Cámara de Diputados dijo esta semana que los legisladores podrían protestar contra el Gobierno, sin explicar en qué consistiría eso.

El impulso de Rousseff para combatir la corrupción en la administración pública de Brasil la ha colocado en curso de colisión con partidos políticos que son cruciales para que pueda ver avanzar su agenda legislativa.

Jose Dias, un consultor político con sede en Brasilia, afirmó que Rousseff había agitado "una colmena de avispas" con sus medidas anticorrupción y que parece estar perdiendo control.

"Esta barrida contra la corrupción se está saliendo de control, es extremadamente peligrosa. Ella ya ha perdido su agenda legislativa y ahora se arriesga a aumentar la inestabilidad", sostuvo.

Su ministro de Transporte dejó el gobierno bajo una nube de acusaciones de corrupción en julio y el publicitado arresto de un grupo de funcionarios del Ministerio de Turismo este mes por cargos de corrupción ha enfadado a líderes del PMDB.

El ex jefe de Gabinete de Rousseff Antonio Palocci, considerado por los inversores como una mano guía en la política económica, abandonó su cargo en junio tras acusaciones de enriquecimiento ilícito.

La mandataria brasileña también perdió a su ministro de Defensa, Nelson Jobim, después de que éste se quejó durante un evento de que estaba rodeado de "idiotas".