Latinoamérica vive el periodo más prolongado de regímenes democráticos de su historia, sin embargo hay un problema en la calidad de sus democracias. Así lo señala el director regional para América Latina y el Caribe del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD), Heraldo Muñoz, al referirse al segundo informe sobre la democracia en la región, elaborado por dicha entidad y la Organización de Estados Americanos (OEA).

Muñoz indica que el documento titulado “Nuestra Democracia” es optimista respecto a los logros alcanzados en este aspecto, especialmente desde el punto de vista electoral, pero también plantea críticas y desafíos.

“Yo diría que lo principal es que estamos bien en el índice de democracia electoral, pero por supuesto que no se nos escapa el Golpe en Honduras y el reciente intento de alteración del orden democrático en Ecuador, pero en general las elecciones se han afianzado como el único medio de acceso a los cargos públicos”, indica.

A juicio del representante del PNUD, “nuestra región todavía está en búsqueda de su identidad democrática. Hay un problema de calidad de la democracia porque si bien el acto electoral es insustituible, la forma en que se ejerce el poder y se logra mínimos efectivos de ciudadanía, todavía están pendientes”.

En este sentido advierte que se observa “frustración ciudadana ante la enorme desigualdad de riqueza y de poder; una débil participación popular en los asuntos públicos, especialmente de los jóvenes; corrupción pública y privada; y una creciente inseguridad ciudadana en muchos países de la región”.

"El problema de seguridad es mucho más agudo en Centroamérica, es más inmediato que en otros países de la región, y, en ese sentido, hay una vulnerabilidad mayor de las democracias".

 -¿Cuáles son los riesgos que enfrentan actualmente las democracias en la región?

 -Yo creo que estamos en una encrucijada: o podemos dar un salto cualitativo de mejoras adicionales y de mayor ciudadanía, y ese sería el escenario positivo; o de lo contrario se corre el peligro de que se ahonden los déficits democráticos actuales. Me preocupa en particular el tema de la desigualdad, porque en nuestra región no es sólo la pobreza la que importa, sino que también las desigualdades de ingreso, pero también de género, territoriales y étnicas.

La situación de Centroamérica

-¿Hay lugares donde se observa con más fuerza el fenómeno de la desigualdad o el tema está presente en toda América Latina, pero con matices distintos entre los países?

-Se observa en toda la región, con diferencias de matices, porque no hay ningún país que haya cumplido plenamente con el objetivo de desarrollo del milenio que se refiere a la equidad de género, por ejemplo, y eso es un problema. Y hay problemas con respecto a las minorías. Los países progresan y han progresado en eliminación de pobreza, en reducción de las desigualdades, y en general, en la parte más institucional de la democracia, pero tienen déficits enormes para estas minorías, por ejemplo. Entonces, si no hay un mejoramiento de su condición, sectores crecientes de nuestras sociedades van a concluir que las democracias no les cambian la vida y eso puede significar a la larga una suerte de contra ola de insatisfacción y desapego a la democracia como sistema político, y eso es lo que hay que enfrentar. Y también hay otras cosas que tienen que ver con la inseguridad ciudadana. En Centroamérica, por ejemplo, la seguridad ciudadana se ha transformado en el principal desafío. El Estado tiene que enfrentar eso.

-Centroamérica enfrenta el tema del narcotráfico, de la pobreza, las migraciones ¿Es una zona que está bajo amenaza institucional?

-Centroamérica enfrenta problemas más agudos de calidad de la democracia, pero hay que diferenciar porque no es lo mismo Costa Rica que Guatemala, por ejemplo, pero hay países de la región que están enfrentando un desafío que tiene que ver además con la crisis económica internacional, además las políticas de expulsión de criminales de las cárceles norteamericanas, muchas veces sin saber los gobiernos nacionales que estos individuos llegan. Todo eso está contribuyendo a la criminalidad, que se ve agravada por los cárteles internacionales que están utilizando a los países como rutas de tránsito y países de producción y consumo. De modo que el problema de seguridad es mucho más agudo en Centroamérica, es más inmediato que en otros países de la región, y, en ese sentido, hay una vulnerabilidad mayor de las democracias.

-¿Habría que tomar medidas como región para enfrentar esto?

 -Ya se están haciendo, incluso el PNUD está trabajando con el SICA para colaborar en el fortalecimiento de las políticas públicas en materia de seguridad ciudadana, de apoyo a la policía, de modernización y reforma de los sistemas penales y judiciales.

-¿Cómo se enfrenta el tema del narcotráfico que amenaza a la región y el de las pandillas?

 -Creo que las pandillas están integradas al tema del narcotráfico, son los soldados del narcotráfico. La única manera de enfrentarlo es desde el punto de vista de la comunidad internacional y de la cooperación internacional, y eso implica no sólo a los países de América Latina y el Caribe, sino también a EE.UU. Finalmente EE.UU. ha hecho un reconocimiento de que ellos tienen una responsabilidad como país consumidor, y ese es un asunto que hay que enfrentar, porque al final es la demanda en EE.UU. la que crea su propia oferta, y si no se aborda por parte de EE.UU. y el resto de los países de la región este tema de manera integral, y no sólo con penas más fuertes y mano dura, sino que más bien con una mano inteligente, francamente esta situación se va a ir agravando y ya los cárteles de la droga están penetrando la policía, el sistema político, el sistema judicial, y eso es extremadamente peligroso.

-¿Los latinoamericanos están convencidos sobre la democracia o hay riesgos de autoritarismos?

-Los latinoamericanos están convencidos de la bondad de la democracia, pero al mismo tiempo están conscientes de sus déficits. No creo que estemos ante una situación de retroceso a los tiempos de los Golpes Militares típicos de la Guerra Fría, pero sí los riesgos que hay es que estos déficits de la democracia vayan continuando y profundizándose y eso entonces es lo que debemos evitar. Estamos ante un desafío de mejorar la calidad, de mejorar la transparencia, de mejorar el servicio de los gobiernos a los ciudadanos. La gente cree en la democracia, pero al mismo tiempo está todavía insatisfecha de lo que estamos haciendo.

 -¿Hay consciencia de los gobiernos al respecto?

-Creo que los gobiernos están conscientes de los déficits y quisiéramos ayudarlos a explorar mucho más, y eso significa buscar consensos políticos que vayan más allá de los ciclos políticos electorales, porque ese es uno de los problemas. Por ejemplo, para abordar los pactos fiscales, porque en América Latina los impuestos en la mayor parte de la región son mayoritariamente indirectos y al consumo, por lo tan regresivos, en vez de ser directos y a la propiedad. En América Latina las tasas de tributación son muy inferiores a otras regiones, y además la evasión tributaria es enorme, hay países de América Latina que superan el 50% de evasión. Para tener políticas sociales que vayan mejorando el acceso al poder y la riqueza, se requiere invertir y se requiere tributar más y mejor, y si eso no se hace a través de consensos, evidentemente resulta que van a producir divisiones, situaciones de polarización. Uno de los factores que hay que promover son los consensos políticos que eviten que los gobiernos respondan simplemente al ciclo político de los años en que los gobiernos están en el poder. Es una tarea pendiente que tiene América Latina: tenemos que gobernar para el largo plazo.

 “Reforzar los principales pilares de la democracia”

-Dentro de este análisis de la democracia ¿Cómo se entiende lo que pasó en Ecuador?

-No quisiera referirme en particular a la situación de Ecuador, pero evidentemente es una situación extremadamente preocupante y hay que apoyar al presidente Correa y así lo ha hecho tanto la OEA de inmediato como Naciones Unidas. Esto revela que tenemos dificultades y que no podemos simplemente dejar de lado que hay retos a la democracia y eso significa que hay que apoyar a los estados democráticos y en definitiva a la sujeción de las FF.AA. y la policía al poder legítimamente constituido, esa es una de las lecciones. No importan cuáles pueden ser las quejas, pero la democracia tiene conductos para resolver las diferencias y más aún para los que están sujetos a las autoridades del poder civil, como son las FF.AA. y la policía.

-¿Qué puntos debe tener la cuarta ola de democratización de la que habla el informe?

 -Hay que reforzar los principales pilares de la democracia: las libertades básicas, la seguridad ciudadana, y el acceso al poder, y evitar de destatización y la privatización de lo público en lo político, social y económico.

-¿Qué sucede con la corrupción que merma la confianza de los ciudadanos en sus instituciones?

-Por cierto, y es uno de los temas que hay que enfrentar, y es la corrupción pública y la privada porque en muchos casos cuando hay corrupción lo que está detrás son sectores privados que están buscando distorsionar la voluntad popular, y eso significa que hay que tener más transparencia, más control de la sociedad civil, de los medios de comunicación sobre los actos públicos, a través de normas de transparencia y en el ámbito de los partidos políticos a través del financiamiento público para no corromper el sistema político a través del poder del dinero. Este es un trabajo que se está realizando, hay muchas deficiencias en este ámbito, y eso puede crear desapego, una actitud de frustración en la ciudadanía si es que ven que hay actos públicos y privados de corrupción que no se castigan o que no se previenen.