Greymouth. Las esperanzas de hallar vivos a los 29 hombres atrapados en una mina en Nueva Zelanda se desvanecían rápidamente este martes, después de que imágenes de cámaras de vigilancia revelaron la fuerza de la explosión que causó el desastre hace cuatro días.

Los rescatistas no han ingresado aún a la mina, en la ladera de una montaña, desde que una explosión la sacudió el viernes por la tarde, temiendo la presencia de gases explosivos que podrían entrar en combustión en cualquier momento.

"La probabilidad (de rescate) está disminuyendo y tenemos que ser realistas", dijo el comandante de la policía del distrito, Gary Knowles.

La compañía minera divulgó imágenes de cámaras de vigilancia de la entrada de la mina de carbón, que mostraron la fuerza y duración de la explosión, que se extendió por casi un minuto.

"El lapso de tiempo y la violencia que se observan en el video (...) muestran que fue un evento muy significativo realmente", dijo el presidente ejecutivo de Pike River Coal, Peter Whittall.

El progreso de la perforación de un hueco de 15 centímetros de ancho de 162 metros para lograr acceso a la mina se había desacelerado tras tocar roca dura.

Los equipos de rescate tienen la intención de supervisar la calidad del aire del agujero y bajar cámaras y equipos de sonido para comprobar si hay señales de vida.

Whittall dijo que una cámara fue bajada por otro agujero estrecho que brindó aire a una de las áreas seguras designadas fuera del pozo de la mina principal. Algunos daños por la explosión eran evidentes y no se vieron señales de vida.

Un segundo robot arribó a la mina para reemplazar a uno que se había roto antes de este

martes, un revés que provocó la ira y frustración de miembros de las familias de los mineros.

"Esta empeorando. Frustración, ansiedad, ira, todo sale a la superficie (...) está llegando un punto crítico para los sentimientos de la gente", dijo a Reuters Laurie Drew, cuyo hijo Zen, de 21 años, es uno de los atrapados.

El segundo robot estaba siendo preparado para entrar al pozo de la mina, después que el primero se averió al mojarse a unos 550 metros de profundidad del ducto de 2,3 kilómetros.

Equipos de rescate también utilizaron dispositivos sismográficos que podrían detectar si algún sobreviviente trata de hacer llegar alguna señal a la superficie golpeando en las rocas o tuberías, pero nada se ha escuchado hasta ahora.

La espera para descubrir el destino de los hombres mantiene al país en alerta. El primer ministro, John Key, dijo al Parlamento: "Nuestros pensamientos en este momento están con las familias de los mineros y la sensación de desesperanza que deben sentir".

No ha habido señales de vida desde la explosión del viernes en la mina Pike River, en la montañosa costa occidental de la Isla Sur de Nueva Zelanda.

Con edades que van de los 17 a los 62 años, cada uno de los hombres atrapados llevaba un equipo de respiración de emergencia, que puede darles una hora de aire, y sólo la comida y agua que tenían para consumir durante su turno.