Toluca, México. Pocas personas habían escuchado acerca de la "Mano con Ojos", antes de que la banda criminal dejara en marzo una cabeza cortada en un barrio de clase trabajadora, en las afueras de la Ciudad de México.

Un mensaje encontrado en el lugar del episodio decía: "La Mano con Ojos' toma su tiempo pero nunca olvida. Es la última oportunidad para que se larguen del Valle de México".

Se cree que esa banda, formada apenas el año pasado, es responsable de cientos de muertes, trasladando los violentos crímenes comunes en la región de la frontera con Estados Unidos, hasta los alrededores de la capital del país, que no se había visto afectada por el caos.

Autoridades señalan que es una de varias nuevas bandas, formadas personas por muy violentas que se desprenden de los cárteles grandes, y que buscan ganarse una reputación a fuerza de crueldad y saña.

"Ellos (los cárteles de antes) mataban cuando era muy necesario matar. No como ahora, (que) es un deporte", dijo Alfredo Castillo, un fiscal estatal en la central ciudad de Toluca, situada a una hora de la capital del país.

La Mano con Ojos, uno de varios grupos en que se dividió el debilitado cártel de los Beltrán Leyva, lucha contra su rival, el cártel del Centro, por el control de la venta de drogas en las calles.

Cuando el presidente Felipe Calderón asumió el cargo a finales del 2006, sólo habían unas cuatro agrupaciones criminales grandes: los cárteles de Sinaloa, del Golfo, de Tijuana y de Juárez.

Ahora, a casi cinco años de que el mandatario ordenara una campaña militar frontal para tratar de acabar con estas organizaciones, algunos analistas dicen llegar a contar una docena luchando por sobrevivir.

Más violencia, más delitos. Las bandas buscan intimidar cometiendo actos cada vez más violentos y obtener dinero extra ampliando sus ataques a delitos como extorsión y secuestro, algo posible debido a la amplia corrupción de los cuerpos de policía.

"Parece que cada día escuchamos de un nuevo grupo. Hay más de los que puedo contar", dijo un funcionario de seguridad estadounidense en México.

El cambiante panorama de los cárteles es un gran problema para Calderón, cuando falta menos de un año para las elecciones presidenciales. En un país donde no existe la reelección, su partido batalla para contrarrestar el desgaste que le ha provocado la ola de violencia.

La seguridad representará el gran desafío para el próximo presidente, con más de 42.000 personas muertes a causa de la violencia del narcotráfico desde finales del 2006, y que es poco probable que se detenga tras los comicios.

La semana pasada, autoridades capturaron al líder de la Mano con Ojos, Oscar García, quien se sumó a la lista de más de una veintena de capos que han sido detenidos o abatidos durante el mandato de Calderón.

García, un ex marino, dijo haber matado a unas 300 personas y haber ordenado la ejecución de otras 300.

Calderón y funcionarios estadounidenses que apoyan a México en su lucha contra la violencia del narcotráfico, señalan que se está debilitando sistemáticamente a los cárteles al atacar su estructura de mando.

Pero la estrategia de ir por los cabecillas podría estar resultando contraproducente, dado que otras personas buscan ocupar ese vacío, desatando más enfrentamientos.

"Cuando se remueve el liderazgo de una organización, se crea confusión, y nadie sabe quién está al mando", dijo el funcionario estadounidense, quien pidió el anonimato.

La expansión del tráfico de drogas en México -que se calcula genera unos 40.000 millones de dólares anuales- puede atizar también rivalidades y divisiones.

El Padrino. El cultivo de amapola en México se disparó 500% entre 2003 y 2009, mientras que el cultivo de marihuana se triplicó, según el gobierno de Estados Unidos.

"Cuando una organización crece mucho, los número dos se vuelven ambiciosos y comienzan a pensar que no reciben una tajada justa, así que aparecen grupos disidentes", dijo el analista en seguridad Alberto Islas. "Es como un divorcio".

Muchos especialistas atribuyen a una sola persona el origen del trasiego de drogas organizado en México: Miguel Angel Felix Gallardo, un ex policía apodado "El Padrino", quien estructuró una red nacional de tráfico de cocaína en la década de 1980, al vincularse con narcotraficantes de Colombia.

Tras el arresto de Félix Gallardo en 1989, cuatro organizaciones criminales surgieron de su imperio. Y las divisiones han continuado.

Los hermanos Beltrán Leyva, que trabajaban para el capo Joaquín "El Chapo" Guzmán, jefe del cártel de Sinaloa, se desprendieron para formar su propia banda en el 2008. Sinaloa es el mayor cártel actualmente, según especialistas, debido sobre todo a su redes fuera del país.

Uno de los hermanos cayó muerto durante un operativo de la Marina un año más tarde, generando más divisiones, y dejando al menos tres nuevas bandas, incluyendo la Mano con Ojos.

Los grupos pequeños controlan redes de tráfico transfronterizo como sus grandes rivales, así que a menudo buscan dinero extra recurriendo a secuestros, redes de extorsión, tráfico de personas, robo de autos, piratería y robo de combustible, según analistas.

Una de las bandas más cruentas del país, Los Zetas, un tiempo fue el brazo armado del cátel del Golfo pero ahora lucha contra sus viejos jefes en el estado de Tamaulipas y en ciudades como la norteña Monterrey, lo que ha desatado en baño de sangre en esas zonas.

Entre los nuevos grupos que han aparecido se encuentran Los Caballeros Templarios, un grupo que enarbola creencias pseudo religiosas que se desprendió del cártel de "La Familia" en el occidental estado de Michoacán, tras la muerte de su líder.

Vanda Felbab-Brown, investigadora del Brookings Institution en Washington, dijo que esa escisión no causa gran diferencia para los pobladores.

"Donde la presencia del estado es mínima, no importa si es un grupo grande o un grupo chico, sus vidas aún están dominadas por bandas criminales", dijo.