Washington. La gestión de Donald Trump en su primer año como presidente de Estados Unidos dejó claro su estilo de gobernar, su obsesión por temas puntuales que involucran a México, así como virtudes y desatinos en sus decisiones para conducir la principal economía del  planeta, con una gestión política polémica.

Año sin liderazgo ni rumbo definido. Donald Trump vino a revolucionar la tesis de Guy Debord sobre La sociedad del espectáculo. Publicada en 1967, Debord se adelanta a los tiempos de Trump al decir que sería normal ver a un cantante dedicándose a la filosofía o el cómico a la política.

Hoy agregaría el conductor de un reality show a el mandatario de Estados Unidos.

Trump pensó en un deseo y se le cumplió. El costo para EU, México y gran parte del mundo será muy elevado. En un año, el presidente abandonó el sillón del liderazgo global estadounidense a través de su batalla en contra de las instituciones multilaterales.

Desde su llegada a la Casa Blanca, Trump no escondió su deseo de ver a una Unión Europea debilitada. ¿Quién recuerda el mes de junio de 1947, donde Estados Unidos hizo oficial su intención de ayudar a la Europa de la posguerra a través de 13,000 millones de dólares de la época?

Los espacios, tarde o temprano terminan por llenarse. Rusia y China se frotan las manos al ver el perfil empequeñecido de Trump. Odiado más que querido, Trump tuvo que cancelar una visita a Londres, a petición de Theresa May, por el escándalo que le hubiera representado a la británica recibir a un personaje que no es querido.

Sobre China, sus inversiones en América Latina incluyen la instalación de una base espacial en la Patagonia. La próxima década, los activos chinos en la región cambiarán la geopolítica de la zona. Por su parte, Rusia, tomó el control de la crisis siria después de que Estados Unidos diera un paso atrás.

Para Trump, la ONU y la OTAN son empresas que quitan dinero a las arcas del Tesoro. Con esta visión, Trump decidió eliminar fondos que otorgaba su país a la agencia de la ONU para los refugiados palestinos.

Trump tomó la decisión más peligrosa durante su año de gobierno: dinamitar los acercamientos pacíficos entre Israel y Palestina.

Sobre ello, Trump tomó la decisión más peligrosa durante su año de gobierno: dinamitar los acercamientos pacíficos entre Israel y Palestina. Es cierto que se encontraban abandonados; sin embargo, la decisión de reconocer a Jerusalén como capital de Israel, y por lo tanto, trasladar su Embajada el próximo año, proyecta una serie de años complejos.

Sin mediación estadounidense, será difícil que lleguen a un acuerdo. Trump está feliz, al igual que Benjamin Netanyahu.

Trump recibió en su torre neoyorquina a su amigo Nigel Farage, uno de los promotores del Brexit. Vendría una tendencia, comentó Trump en junio del 2016. No se equivocó. Los nacionalismos revivieron a través de las redes sociales. El discurso del peatón era replicado lo mismo por Marie Le Pen que por el propio Trump. Del entorno surge una interrogante: ¿sin la guerra civil siria Trump hubiera ganado las elecciones? Para una nación gobernada por el etnocentrismo resulta difícil responder de manera negativa.

Sin embargo, la campaña de comunicación de Trump fue tropicalizada: México como una especie de refugiados sirios que buscan entrar por Italia o Grecia en búsqueda del sueño. En efecto, para los mexicanos, en búsqueda del sueño americano.

El 16 de junio del 2015, Trump lanzó su candidatura desde lo alto de su torre; en ese evento Trump convirtió a México en Siria.

Punto de inflexión sobre el socavamiento de la diplomacia estadounidense... por parte de Trump. Es sabido que Henry Kissinger, el hombre que acercó a China con su país, se ha reunido con Trump en más de una ocasión. ¿Cuáles fueron los consejos que le obsequió Kissinger?

El 2 de febrero, Malcolm Turnbull, primer ministro de Australia, le llamó a Trump para recordarle que tendría que cumplir el compromiso heredado por Obama: aceptar a 1,250 refugiados provenientes de siete países musulmanes. Trump calificó al acuerdo como “el peor de la historia”.

El segundo error más grave cometido por Trump ocurrió el 16 de agosto. Cuatro días antes, una mujer fue atropellada en su intento de frenar una marcha supremacista. Trump comentó frente a la prensa: “No todos eran neonazis, no todos eran supremacistas blancos”. Y en su intento de justificar el crimen, preguntó: “¿Y qué hay de la izquierda alternativa que cargó contra, como ustedes dicen, la derecha alternativa?

 

Las simpatías de Morales y Trump. ¿Qué pasaría si Trump fuera el presidente de Guatemala? La pregunta no es ociosa. Jimmy Morales, cómico, llegó la Presidencia guatemalteca por asuntos que se entienden mejor sobre la mesa de billar.

La detención de Otto Pérez Molina le abrió el camino a Morales, un personaje que normalmente ocuparía el tercero o cuarto lugar de unas elecciones. Lo anterior viene a cuento por la enorme seguridad que le da a Trump gobernar a una potencia como lo es Estados Unidos, un país donde la independencia de los poderes es esencial para la sobrevivencia de la democracia. En Guatemala, Trump no hubiera podido insultar a Guatemala porque, al hacerlo, hubiera detonado una guerra.

El tercer error de Trump fue abandonar el Acuerdo de París en materia de clima. Su visión hiperetnocéntrica la complementa su falta de compromisos con las generaciones porvenir.

Lo peor para Trump es que el secretario de Estado, Rex Tillerson, está desaparecido. Síntoma de un mal que explica los pleitos infantiles con Kim Jong-un.

El 2018 será complejo para Trump. (Con información de Fausto Pretelin Muñoz de Cote)

Con Trump repuntan crecimiento y empleo. “Estados Unidos va a empezar a ganar de nuevo, ganará como nunca antes”, afirmaba el presidente Donald Trump durante su discurso inaugural el 20 de enero del 2017. Sería precipitado intentar evaluar esta aseveración a un día del aniversario de este discurso; sin embargo, ahora es posible ubicar con más precisión el entorno económico en el que comenzó su administración.

De acuerdo con cifras de la Oficina de Análisis Económico de los Estados Unidos, el PIB, en términos reales, creció 2.7% en los primeros nueve meses del 2017, respecto al mismo periodo del año previo, mostrando un mejor desempeño económico que los gobiernos de George W. Bush y Barack Obama en sus primeros periodos, un crecimiento equiparable con 2.79% del primer periodo de Bill Clinton y significativamente menor a los gobiernos de los presidentes Nixon, Carter, Reagan y George H.W. Bush —quienes gobernaron en un lapso en el que la economía estadounidense se expandió a una tasa promedio anual real de 3 por ciento—.

Lo más relevante de este indicador es que ayuda a describir la fase del ciclo económico en la que una administración asume labores, más que el desempeño del gobierno entrante; no obstante, no se puede descartar el impacto que puede producir un programa de gobierno en combinación con otros factores que alteran las expectativas de los agentes económicos: el índice de confianza de EU, estimado por la OCDE, pasó de 100.81 en noviembre, mes de la elección, a 101.29 en enero.

El ánimo mostrado por los agentes económicos estadounidenses se propagó a diversos sectores; uno de los más dinámicos ha sido el financiero, donde los índices más representativos obtuvieron crecimientos históricos, el Standard & Poor’s 500, que contempla a las 500 principales empresas de los sectores más importantes de la economía estadounidense, creció 23.2% y alcanzó un nivel récord de 2,802.5 puntos días antes del aniversario de la toma de posesión.

Por su parte, el Dow Jones creció 31.2 % en el mismo periodo y rebasó los 26,000 puntos por primera vez en la historia y subió 1,000 puntos en la primera quincena de enero.

En materia de política monetaria, Trump nominó a Jerome Powell para sustituir a la actual presidenta de la Fed, Janet Yellen, quien dejará el cargo el 1 de febrero de este año.

Durante la administración de Trump, la Fed elevó el rango objetivo de la tasa de interés de los fondos federales en tres ocasiones, en enero del 2017 el rango era de 0.50-0.75% y después del último incremento de diciembre pasó a 1.25-1.5 por ciento.

El balance de la Reserva Federal registró ligeros descensos desde el 2014, aunque se mantiene en 4 billones 443,718 millones de dólares, más de cuatro veces el monto previo a la crisis.

La tasa de empleo se sitúo en el mínimo desde diciembre del 2000, pasando de 4.8 a 4.1 entre enero y diciembre del 2017, mientras que el salario promedio por hora de la economía pasó de 26.02 a 26.63 en el mismo periodo, creciendo 2.34%, y los precios crecieron en promedio sólo 2% a tasa anual durante el primer semestre del 2017.

Incluso la productividad registró una mejora, pues el índice de producción por persona, ajustado por inflación, ascendió de 107.6 en el primer trimestre a 108.86 en el tercero.

Por otra parte, algunos indicadores fueron víctimas de la incertidumbre económica instigada por la actual administración, aunque también respondieron al crecimiento económico y a las variables financieras.

El índice del dólar para grandes divisas, que refleja el precio de la divisa estadounidense en relación con las principales divisas del mundo —euro, dólar canadiense, franco suizo, yen y libra—, se ubicaba en 93.12 en el primer mes del 2017 y descendió a 86.6 en lo que va del mes de enero.

Por su parte, el índice del dólar ponderado por los principales socios comerciales de EU se redujo en 10 puntos desde enero del 2017 hasta la fecha.

La balanza comercial mantiene un profundo déficit, pues ésta tiene un carácter estructural y responde a la forma en la que la economía de EU se relaciona con la economía mundial. El mes de enero, el déficit comercial ascendía a US$48.775 millones, mientras que en noviembre —el último dato disponible— se ubicó en 50.497 millones.

El socio comercial que más abona al déficit es China y alcanzaría un nuevo récord al cierre del año. Cabe recordar que desde los primeros meses del año el gobierno se enfrascó en la compleja renegociación del TLCAN.

Las expectativas de los agentes domésticos parecen saludables, en parte incentivadas por la reciente victoria republicana en la reforma fiscal, la cual se ha catalogado como regresiva, puesto que contempla una importante reducción de la tasa del impuesto a los ingresos de las corporaciones y ajustes en los impuestos personales que favorecerían a los deciles de ingresos más elevados y pondría en entredicho la operación del Obamacare al eliminar uno de sus pilares: la multa económica asociada con el mandato individual para contratar un seguro de salud.

 

Protección a productos, el lenguaje de Trump. En materia comercial, el primer año de gobierno de Donald Trump ha tenido una constante: el impulso del proteccionismo.

Así lo ha demostrado con el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) —que fue, de hecho, uno de sus primeros actos de gobierno—, con la apertura de la renegociación del TLCAN y con las represalias comerciales que ha aplicado a Canadá en sectores como el maderero o aeroespacial.

Mención aparte merece la confrontación abierta con la Organización Mundial del Comercio, en cuya última reunión ministerial, en Buenos Aires, Robert Lighthizer, representante comercial de EU, criticó que el organismo “se centre en litigios y esté perdiendo su enfoque en la negociación”.

Por otro lado, Ottawa y Washington concluyeron el 2017 con una de sus peores crisis comerciales, cuyas querellas han llegado a los tribunales del TLCAN y de la OMC.

En los primeros días del año la administración Trump anunció la imposición de tarifas preliminares de 9.93% a la importación de papel minado utilizado en impresión de periódicos.

Además de rechazar las “injustificables y preocupantes” tarifas arancelarias contra los productos canadienses, Ottawa aseguró que seguirá defendiendo sus industrias y llevando estos asuntos a los tribunales comerciales internacionales.

Antes, el Departamento de Comercio de EU confirmó un arancel de casi 300% a las importaciones de aviones CSeries de Bombardier.

Otra pieza del proteccionismo de Trump se observó con las amenazas que infligió a empresas automotrices como Ford y Toyota para que evitaran seguir exportando a EU.