Todos sabíamos del resentimiento con los medio del recién asumido presidente de EE.UU., Donald Trump. Pero a pesar de toda la ira acumulada por Mr. "You're Fired" durante la ardua campaña en la que terminó por derrotar a Hillary Clinton, nadie esperaba una declaracion de guerra a los medios de comunicación el primer primer dia de su periodo presidencial. Quizás sí una semana después de que se hubiera asentado en la Casa Blanca, pero jamás el primer día. Y menos aún, que esa declaracion fuera anunciada como un contenido oficial de la primera conferencia que dio su secretario de Prensa, Sean Spicer.

El motivo de la furia de Trump contra la prensa no justificaba una declaracion de guerra. Otro jefe de Estado habría evitado atizar la pólémica, pero Trump tiene un ego Zepellín.

Aunque quizás, sí debimos temer lo peor. Trump tiene un prontuario. Durante su primera conferencia como presidente electo eligió al enviado de CNN, Jim Acosta, como blanco de su ira, justificada según el blondo presidente porque CNN una y otra vez da "noticias falsas". 

"Usted me está acusando; déjeme preguntar, por favor”, rogó Acosta, en la incómoda conferencia, pero Trump soltó un latigazó seco y escueto: "Falso periodista", y luego del cruel epíteto su staff se las arregló para advertirle a Acosta de que tenía dos caminos: callarse y no insistir o retirse del salón.

Todo puede ocurrir si te metes con una de las grandes obsesiones del dinosaurio amarillo: los récord. Ojalá nivel Guinness. Esa necesidad imperiosa de dejar huella. Y si el tema en cuestión es una comparación entre él y la Historia, mejor no contradecirlo. ¡¿Quién mandó a los medios a negar que la ceremonia de investidura de la presidencia de Trump fue la con más asistencia en toda la historia de los EE.UU.?! ¡¿Quién estimuló a Jeff Mason, presidente de la Asociación de Corresponsales que cubren la Casa Blanca, a decir en CNN que la declaración del gobierno de Trump era sorprendente y chocante?! Pero los medios son medios: ¿qué otra cosa podían hacer frente a una mentira flagrante?

Kellyanne Conway, una de las más importantes asesoras y voceras de Trump, dijo a Chuck Todd, en una entrevista en el programa Meet de Press, en NBC, que la prensa no era capaz de entender que lo que el gobierno planteaba en términos de la gran asistencia a la ceremonia de toma de mando de Trump, era la verdad y no "alternative facts", como suelen proceder los medios.

Pero el New York Times tampoco dejó pasar la afirmación e hizo un análisis comparando las fotografías de la toma de posesión de Barack Obama, en 2009, con la de la de Trump, llegando a la conclusión de que la cantidad de asistentes a esta ultima había sido significativamente menor. Incluso, un experto independiente, contratado por el NY Times, consignó que los concurrentes a la ceremonia del primer afroamericano en llegar a la Casa Blanca fueron tres veces más que los que llegaron a ver a Donald Trump.

En paralelo, los televidentes que vieron la trasmisión televisiva de la toma de posesión de Trump fueron 30,8 millones; en cambio, a Obama, en 2009, lo vieron 38,0 millones de personas, según datos de Nielsen Media Research.

No cabe ninguna duda de que la administración Trump miente respecto de este hecho que para cualquier gobierno moderado resultaría sin importancia. Pero se trata de Donald Trump, el mismo que un día antes de su investidura y durante una comida con sus seguidores, cena efectuada en el Hotel Internacional Trump, se ufanó de otro de sus récords, una fantasía más de su ego Zepellín: "Tenemos con mucho el coeficiente intelectual más alto de cualquier gabinete que se haya formado".