Asunción. La Itaipú Binacional desembolsó 80 millones de guaraníes (US$14.000) para el Instituto Agroecológico Latinoamericano (IALA), habilitado en una comunidad del distrito de Curuguaty, Canindeyú, mediante un convenio firmado entre nuestro país y Venezuela. En el lugar donde supuestamente estudian 80 jóvenes socialistas apenas se observaban, hasta hace poco, precarios tablones de verdura.

El desembolso de sumas millonarias a favor de terceros o instituciones de dudosa efectividad como el IALA, ubicado en Santa Catalina, Curuguaty, es una constante en la Itaipú.

La entidad, en respuesta a un pedido realizado por la Mesa Coordinadora de Organizaciones Campesinas (MCNOC), desembolsó el pasado 16 de junio, un total de G. 80 millones (US$14.000), en concepto de “apoyo institucional para la formación de Jóvenes Rurales en Sistema de Producción Agroecológica”.

En la nota de pedido, la MCNOC señala que el dinero es para alimentación, pasaje y honorarios técnicos que rondaría aproximadamente 100.000.000, durante 60 días de actividad.

Según los antecedentes, el IALA fue habilitado en abril pasado y está administrado por una Coordinadora Política Pedagógica (CPP) para la enseñanza de Ingeniería Agroecológica. Incorporó a 80 jóvenes, hijos de labriegos e indígenas provenientes de organizaciones campesinas de los departamentos de San Pedro, Itapúa, Paraguarí y Canindeyú. También un chileno, tres bolivianos, tres brasileños y un ecuatoriano.

Los jóvenes integran una antigua estructura de una chanchería, que abarca un lote de 10 hectáreas, cedida por el Movimiento Campesino Paraguayo (MCP), otra de las organizaciones que respalda el emprendimiento. Supuestamente en los primeros cuatro meses, los estudiantes tenían previsto estudiar Historia de la agricultura, Agricultura campesina I, Química, Genética, Biología, Historia general y Matemática.

Los alumnos estarán durante un periodo de 5 años (10 semestres) en carácter de internados, sin pagar nada por sus estudios, según los directivos. Se alimentan mediante la provisión de productos agropecuarios de miembros de las seis organizaciones campesinas.

Lo llamativo es que los estudiantes de ingeniería no cuentan con parcelas o cultivos, y apenas tienen una precaria huerta con tres tablones donde supuestamente hay hortalizas orgánicas.

El corresponsal de nuestro diario en el lugar Pablo Medina, en una primera oportunidad ni siquiera pudo ingresar al local. Y en una segunda ocasión permitieron el acceso, pero después de una prolongada espera.