Quito. Ecuador seguía conmocionado este lunes por la virulenta rebelión policial que estremeció al país la semana pasada, mientras los ciudadanos debaten sobre si fue un mero reclamo laboral por recorte de beneficios o un plan orquestado para asesinar al presidente Rafael Correa.

La controvertida ley de austeridad que amotinó este jueves a los uniformados podría entrar en vigencia esta semana, aunque el gobierno prometió una revisión para "aclarar" ciertos aspectos que asegura fueron malinterpretados por los policías.

Los medios publicaron detallados reportajes reconstruyendo la dramática jornada, desde que el mandatario fue atacado por policías en un cuartel hasta sus angustiosas horas de asedio por los amotinados en un hospital, del que fue rescatado en la noche a sangre y fuego en una espectacular operación comando.

Al menos ocho personas murieron y casi 300 resultaron heridas en todo el país durante las protestas, incluyendo un agente que custodiaba el vehículo en el que Correa escapó de la clínica entre una lluvia de balas cruzadas y bombas de humo.

La revuelta era el principal tema de conversación este lunes en calles, oficinas y bares de la pequeña nación andina, donde los confusos incidentes han generado una oleada de rumores, especulaciones y no pocas teorías.

"Fue un intento de golpe. Hubo mucho movimiento político ya que no sólo se levantó un grupo de policías en Quito, sino en el resto de las provincias", opinó Andrés Salazar, estudiante de ingeniería de 21 años, respaldando la tesis del magnicidio de Correa por parte de sus enemigos políticos.

Pero otros culpan precisamente al gobernante de ser el detonante de la protesta cuando, desafiante y fuera de sí, se arrancó la camisa para poner el pecho ante los sublevados al grito de "mátenme si tienen valor", una imagen que ya ha pasado a formar parte del imaginario colectivo ecuatoriano.

"Correa fue muy brusco. El mismo se puso en peligro cuando dijo "mátenme". Fue puro circo político", consideró Carlos Arce, diseñador de 24 años en Guayaquil.

En lo que todos parecen coincidir es que los incidentes fueron un recordatorio para los ecuatorianos y la comunidad internacional de la volatilidad del país andino, en el que los tres predecesores de Correa fueron derrocados en medio de protestas populares y la inacción del ejército.

Correa, un economista de 47 años formado en Europa y Estados Unidos, mantiene una elevada popularidad por sus programas sociales para los pobres, aunque su frontal estilo de gobierno le ha granjeado muchos enemigos e incluso le está distanciando de algunos aliados.

Preguntas y más preguntas. Soldados fuertemente armados en vehículos blindados patrullaban todavía las calles mientras sigue vigente el estado de excepción y el gobierno asegura tener todo bajo control.

"No sé nada de esto (protestas), parece que todo está normalizado", dijo Richard Ramírez, portavoz de Policía Nacional.

Aunque la tensión se diluyó durante un tranquilo fin de semana, todavía quedan muchas preguntas en el aire sobre la jornada más complicada para Correa desde que llegó al poder en 2007 poniendo fin a años de inestabilidad política.

"No se nota la organización de un golpe con todas las características que esto supone, es decir movimientos sociales en diferentes partes, toma estratégica de sitios claves de la economía, de defensa, medios de comunicación", cuestionó Marco Villarruel, catedrático de la Universidad Central del Ecuador.

Sin embargo, para el gobierno no hay duda posible y considera absurda la versión de que fue un simple reclamo laboral.

"Nadie dispara al presidente para que le den una condecoración, nadie le dispara al presidente para que le suban el sueldo. Evidentemente había otros objetivos e intenciones", dijo el ministro del Interior, Gustavo Jalkh, el domingo.

Los líderes sudamericanos comparten esa opinión y rechazaron la intentona golpista en una cumbre de emergencia.

Otra de las preguntas que más polémica ha causado fue por qué el Ejército se demoró en intervenir y por qué grupos militares tomaron los aeropuertos cuando se desató protesta.

Los dos principales periódicos locales ecuatorianos publicaron este domingo sendos artículos en los que afirmaban, sin citar fuentes, que las Fuerzas Armadas aprovecharon los momentos de crisis para exigir reclamos salariales atrasados, algo que no ha sido confirmado por las autoridades.

Mientras, los inversores miran con cautela los próximos pasos del gobierno tras la insurrección, que minó la imagen de Ecuador tras casi cinco años de relativa estabilidad.

Por el momento, el mandatario congeló un controvertido plan para disolver el Congreso y legislar por decreto con el que pretendía acelerar la aprobación de un polémico paquete de leyes económicas y políticas que considera imprescindibles para impulsar las debilitadas finanzas del país socio de la OPEP.

Sin embargo, esa opción llamada "muerte cruzada", que conlleva la convocatoria de elecciones generales, sigue estando abierta para el presidente, dijeron algunos ministros.

"Ahora el panorama es distinto, la respuesta que debería esperarse es más bien una reacción madura de todas las fuerzas políticas para fortalecer la democracia. Pero la muerte cruzada es una opción", dijo la ministra de Coordinación Política, Doris Soliz, en una entrevista con Reuters.